El mito de Ares, dios de la ira y de la guerra

Edith Sánchez·
05 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
05 Julio, 2020
El mito de Ares señala que este personaje era odiado por todos. Zeus llegó a decir que lo no destruía porque era hijo suyo, pues de lo contrario no tendría compasión. Ares era la violencia que arrasaba, pero que, de algún modo, no lograba imponerse.
 

El mito de Ares nos habla de un personaje complejo, con muchos matices en su carácter. Aunque destaca su rol de dios de la guerra, también amó y sufrió. No era invulnerable en su tarea, pues son varios los episodios/relatos en los que sale derrotado.

Hay que anotar que el mito de Ares fue mucho más importante en Roma que en la propia Grecia. Los romanos, un pueblo guerrero y expansionista, veían a esta deidad como uno de sus grandes orientadores. Ellos le dieron el nombre de Marte y en su honor se hizo el “Campo de Marte” y se bautizó como “Marzo” al tercer mes del año.

Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mí es la soledad infinita”.

-Albert Camus-

Ares con lanza y escudo

El origen del mito de Ares

La versión tradicional dice que Ares era hijo de Zeus y de su esposa Hera. Por lo tanto, también era dios e inmortal. Otra versión señala que enojada por las múltiples infidelidades de su marido, Hera fue a buscar consuelo en el templo de Cloris, la diosa de las flores.

 

Cloris vio afligida a Hera y le pidió que tomara una hermosa flor. La esposa de Zeus quedó fascinada por la enorme belleza de la planta. Luego la puso en su regazo y así nació Ares. Como quiera que haya sido, lo cierto es que el mito de Ares señala que este personaje era rechazado por todos los dioses, incluyendo a su padre y a su madre.

Marte era el dios de la guerra, pero también de la ira y de la destrucción. Por donde quiera que iba dejaba calamidades a su paso. Tenía sed de sangre y por eso desataba conflictos cada vez que podía. También se le asocia con las enfermedades y las epidemias.

Las facetas de Ares

El mito de Ares no es el único que habla de una deidad asociada a la guerra. La medio hermana de este dios, Atenea, también regía esos terrenos. Sin embargo, ella dirigía las guerras estratégicas. Ares, en cambio, tenía que ver con lo más fiero de las batallas. El horror, la violencia sin límite y la brutalidad en batalla eran su elemento.

Pese a todo, al dios Ares también se le asocia con el coraje, la fuerza, el dinamismo y la vitalidad. Era el protector del Olimpo de los dioses y de todos los ejércitos. Protegía, así mismo, a los líderes rebeldes y a los hombres justos. También era el dios de la virilidad masculina; sus más de 30 amantes dan fe de ello.

 

Su gran amor fue Afrodita, diosa de la belleza y del amor. Ella fue su amante, pero también su compañera de batallas. Así mismo, la madre de los dos hijos que siempre acompañaban al dios Ares en sus faenas: Deimos, espíritu del terror, y Fobos, personificación del miedo.

Ares y los gigantes

Cuenta el mito de Ares que este dios, desde muy joven, se sintió atraído por la violencia y la guerra. A veces agitaba las batallas solo por divertirse y esto lo hacía odioso ante todos. Entre los que lo detestaban estaban dos gigantes llamados Otus y Efialtes, también conocidos como los Aloadae.

Ares había desatado una batalla que destruyó las cosechas de los gigantes. Por eso decidieron perseguirlo y conspiraron para capturarlo. Tras hacerlo, lo encerraron en un frasco de bronce, durante un año lunar, es decir, por 13 meses.

A los demás dioses no les interesó mucho el asunto, pero los gigantes, animados por su triunfo, amenazaron con atacar al Olimpo. Querían por esposas a Artemisa para Otus y Hera para Efialtes. Las diosas urdieron un plan. Artemisa dijo que iba a yacer con Otus, lo cual despertó la envidia de su hermano y causó una pelea.

 

Aprovechando la situación, Artemisa se transformó en cierva y escapó. Los hermanos le lanzaron flechas para herirla, pero ella se retiró y los gigantes terminaron matándose entre sí. Mientras tanto, Hermes, hermano de Ares, lo sacó del cofre de bronce.

Escultura de Ares

Un guerrero sensible

Pese a su gusto por la violencia, el mito de Ares también tiene episodios en los que este dios muestra su lado más frágil. De hecho, en diferentes ocasiones era derrotado y humillado públicamente. Con su hermana, Atenea, vivió varias derrotas, así como con Hércules, o Heracles.

Durante la Guerra de Troya, precisamente, se enfrentó con Atenea y esta lo hirió, lanzándole una piedra a la cabeza. Se dice que Ares lanzó un grito de dolor tan profundo que todos escucharon a pesar del fragor de la batalla.

 

Así mismo, cuando Zeus le comunicó que su hijo Ascálafo había muerto, el dios de la guerra se entregó a un llanto profundo. También se enfrentó a todo y a todos por defender a su hija Alcipe. Así era este dios, agresivo y a la vez inocente. Su belicosidad nacía más de un afán pendenciero y competitivo que del odio o el deseo de muerte.

 
Muñoz, J. A. P. (2015). El acontecer de Ares: un mito entre el amor y la guerra/The event of Ares: a myth between love and war. Geograficidade, 5(1), 30-49.