El mito de Artemisa, la diosa de la naturaleza

Edith Sánchez·
09 Abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
09 Abril, 2020
El mito de Artemisa está referido a una diosa diferente a las demás, que no se involucraba en los amoríos de nadie, ni permitió que humanos o dioses se le acercaran. Lo suyo era andar libremente por los bosques, en compañía de los animales.
 

El mito de Artemisa es uno de los más antiguos de Grecia. Hablamos de una de las diosas más veneradas en la antigüedad y que representa una forma indócil y activa de la figura femenina. Por lo mismo, el culto a esta diosa era, sobre todo, propio de las mujeres. De hecho, se castigaba a los hombres que quisieran participar en sus celebraciones.

En el mito de Artemisa aparecen dos facetas de la diosa. Una es la de la mujer que no tolera ningún contacto con hombres y evita su presencia. Otra es la diosa de la caza, que viste un traje holgado para andar por los campos y siempre está rodeada de animales. Es curioso, de todos modos, que sea amiga de los animales y a la vez promueva la caza.

Son varias las historias de la mitología en donde esta diosa interviene, casi siempre para hacer respetar sus dominios. La única figura masculina que tiene alguna relevancia en el mito de Artemisa es Orión. Mientras que algunas veces se dice que lo amaba, otras veces solo se le ve como un compañero de caza y de aventura.

¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros”.

-Epicuro de Samos-

Grecia
 

El mito de Artemisa: el origen

Como ocurre con otros personajes, hay varias versiones del mito de Artemisa. De cualquier modo, en todas ellas se dice que era hija de Zeus y Leto. Esta última era hija de dos titanes y Zeus se prendó de ella. Sin embargo, antes había intentado violar a su hermana, quien para escaparse del dios se convirtió en gorrión.

Hera, la esposa de Zeus, descubrió el romance entre su marido y Leto. También supo que ella estaba embarazada. Por eso decidió perseguirla sin tregua, haciendo que nadie le ayudara. De este modo logró que llegara a una isla desierta para dar a luz. Además, prohibió a su hija Ilitía, diosa de los partos, que asistiera a Leto en este momento.

Por lo tanto, Leto sufrió grandes dolores y el parto se retrasó nueve días. Al cabo de estos, los dioses se conmovieron de su sufrimiento y permitieron que naciera Artemisa y que ella misma, recién nacida, asistiera a su madre en el alumbramiento de su hermano mellizo, Apolo.

Los deseos de Artemisa

Dice el mito de Artemisa que cuando la diosa tenía apenas 3 años, le pidió a su padre, Zeus, que le concediera nueve deseos. Estos eran: permanecer siempre virgen; tener muchos nombres; ser la “Dadora de Luz”; tener un arco y flechas, y una túnica hasta las rodillas; contar con sesenta hijas de Océano, todas de 9 años, para que fueran su coro; y 20 ninfas como doncellas para cuidar de ella; gobernar sobre las montañas, y ayudar a las mujeres en los dolores del parto.

 

Todos los deseos le fueron concedidos y Artemisa pasó su niñez aprendiendo el arte de la cacería y preparándose para vivir en los bosques. Se volvió muy celosa de sus dominios e implacable con quienes entraban en su terreno, o pretendían disputarle sus virtudes.

Una de las historias más conocidas es la de Acteón. Este era un tebano que, sin proponérselo, vio desnuda a la diosa en un río, mientras él iba de caza. Aunque las ninfas se apresuraron a cubrirla, no lo lograron a tiempo. Artemisa, muy enojada por esa intromisión en su pudor, convirtió a Acteón en ciervo y azuzó a sus propios perros para que lo devoraran.

Rostro de Artemisa

La diosa sin amor

Se cuenta que Orión se convirtió en su compañero de caza y que durante mucho tiempo acompañó a Artemisa en sus excursiones al bosque. Apolo, temiendo que Orión le quitara la virginidad a su hermana, tramó un ardid para deshacerse de él. Le dijo a Gea, la diosa tierra, que este era un cazador vanidoso y soberbio. Esta envió un escorpión para que lo matara.

Tratando de huir del escorpión, Orión comenzó a nadar rumbo a una isla. Mientras tanto, Apolo le dijo a Artemisa que quien huía a lo lejos era un desconocido que había intentado violar a una de sus ninfas. Después la incitó a que le disparara una de sus flechas… y la diosa lo hizo. Cuando se dio cuenta de que había matado a Orión, pidió a su padre que lo convirtiera en una constelación.

 

Fueron muchos los hombres y dioses que quisieron tener a Artemisa como mujer, pero ella no le concedió este deseo a ninguno. A varios tuvo que atacarlos personalmente con sus flechas o con la ayuda de los animales. A Sipretes, que quiso violarla, lo convirtió en mujer.

Bolen, J. S. (2015). Artemisa: el espíritu indómito de cada mujer. Editorial Kairós.