El niño interior y la técnica de la fotografía

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
20 junio, 2019
Nuestro yo actual es en parte fruto de lo que ocurrió en nuestra infancia. Todos tenemos un niño interior con alguna que otra carencia: sanarlo es fundamental para caminar seguros en nuestro presente.

Dicen que dentro de cada uno de nosotros existe un niño. Todo ser humano que hoy es adulto, evidentemente antes ha sido un niño. Como cualquier otro niño, nació con una dotación genética determinada a la cual se le sumó un ambiente. Este ambiente es importante debido a que influye de una manera sustancial en el niño, que comenzará a aprender del entorno que le rodea. Así, la técnica de la fotografía nos puede ayudar cuando este aprendizaje no ha sido el mejor: de ella hablaremos más adelante.

El apego es una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre entre dos o más individuos, por medio de sus interacciones recíprocas, y cuyo objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección. Así, la mayoría de niños establecen un estilo de apego seguro. 

Sin embargo, algunos niños no lo consiguen. Pensemos que el niño necesita que le den seguridad, confianza y evidentemente, los recursos necesarios para sobrevivir -alimentación, higiene o refugio-. Si el niño no recibe esto, es posible que desarrolle algunas carencias que trasciendan la infancia y se proyecten a la vida adulta.

Estos vacíos, se graban en la parte más honda del niño: su inconsciente. De adultos, desarrollan patrones de comportamiento con otras personas o sienten ciertas emociones de forma recurrente sin un motivo que puedan identificar. Por lo tanto, conocer cómo fue nuestra infancia y qué necesidades no fueron cubiertas de forma adecuada es imprescindible para conocernos y saber qué podemos trabajar.

Mujer mirando foto

La técnica de la fotografía para sanar al niño interior

La técnica de la fotografía para sanar a nuestro niño interior tiene el objetivo de aprender a proveernos de afecto a nosotros mismos. Es una estrategia sumamente emocional que despierta dentro del paciente recuerdos, sentimientos y sensaciones que estaban muy reprimidas.

Con la técnica de la fotografía, el terapeuta instiga al paciente a que hable con su niño interior. La fotografía sirve entonces para que al paciente le sea más fácil poder desarrollar esa comunicación de carácter simbólico.

La técnica de la fotografía puede desarrollarse de múltiples formas. Cada terapeuta debe poner en juego su propia creatividad a la vez que se adapta al paciente que tiene delante. De hecho, habrá algunos pacientes con características más racionales o antiemocionales con los que será difícil realizar la técnica.

Una vez que el paciente tiene la fotografía de cuando era niño entre sus manos, el terapeuta le pedirá que la observe durante un par de minutos sin realizar ningún tipo de juicio, solo intentando conectar con esa parte infantil que aun vive dentro de él.

Cuando el paciente alcanza esta conexión, el terapeuta le ayuda a realizar una comunicación sincera y afectiva con ese niño. Le puede preguntar: «¿Qué siente ese niño cuando sus padres no están disponibles para él?, ¿Qué necesita ese niño?».

Al principio, se realizan preguntas enfocadas a clarificar los sentimientos del niño, que en gran medida, reflejan las emociones que en el presente experimenta el adulto. El paciente podría por tanto responder: «El niño se siente solo y vacío«, «Se está sintiendo inseguro y nervioso, espera a que su madre llegue y le abrace«.

Cuando ya se han realizado este tipo de preguntas, la idea es que el paciente ayude a su niño. Es decir, que se ayude a sí mismo. Para ello, el terapeuta puede preguntar al paciente «¿Qué le vas a dar a ese niño a partir de ahora?, ¿Crees que se merece que persistas en esa relación de pareja que lo minusvalora cada día?, ¿Cómo puedes ayudarle a salir de ahí y conseguir la seguridad?».

Así, el paciente se va dando cuenta de que el niño, ya siendo adulto, seguía reclamando una seguridad al exterior. Intentaba rellenar sus carencias y vacíos infantiles ya sea con alcohol, parejas que no le convenían o siendo adicto al trabajo.

El paciente tiene que comprender que la seguridad no está afuera como cuando era un niño, sino que esa ansiada seguridad reside en su propio afecto. Si el paciente comienza a calmar al niño, a darle amor incondicional, entonces comenzará la sanación del niño interior.

Padre e hija agarrados de la mano

¿Qué ocurre tras sanar al niño interior?

La técnica de la fotografía no es más que otra estrategia psicológica más, de tipo emocional o experiencial, que empleamos en terapia. Es un medio para llegar a un fin pero no es el fin en sí mismo.

Para conseguir llegar a la sanación del niño, es necesario que en su día a día el paciente mantenga todo el amor, afecto y atención que ha prometido darle a ese niño. Para ello, puede anotarlo en forma de frases justo detrás de la fotografía. Por ejemplo, puede apuntar: «No dejaré que vuelvan a tratarte así, te cuidaré».

Estas frases, no deben quedarse ahí, si no que tienen que aflorar en forma de conductas y compromiso. Para ello, las técnicas conductuales son herramientas valiosas. Una vez que el paciente sana a su niño interior, comienza a vivir una vida más libre y plena. Deja de buscar seguridad en el entorno para asentar los pilares en su interior. Empieza a abrazarse a sí mismo, a quererse de forma incondicional.

 

  • Cadarso, V. Abraza a tu niño interior. Editorial Palmyra