El papel de los padres en la prevención de los TCA de sus hijos

27 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son uno de los talones de una sociedad que mitifica la delgadez, castigando a los adolescentes con patrones de belleza imposibles de cumplir. Así, bajo este foco de influencias perversas, los padres juegan un papel esencial.

El origen de ciertos trastornos es desconocido. En otros, se tienen pinceladas de los factores que los precipitan. En el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) parece una realidad clara y dura: están motivados por un contexto cultural.

Ello implica que los TCA, tanto anorexias, como bulimias y obesidades, responden a unos valores y estilos de vida que predominan en el entorno. Cabe plantearnos, de esta manera, la influencia de la sociedad, del impacto de esta en el grupo de iguales y en el papel de los padres en la prevención de los TCA de sus hijos.

En muchos trastornos psicológicos, la edad juega un papel fundamental. En algunos, como en los trastornos de personalidad, los cambios específicos comienzan a manifestarse en la primera etapa de la edad adulta.

Otros pueden afectar sistemáticamente a una parte de la población, como los problemas de ansiedad y depresión a las mujeres (aunque acerca de este asunto podríamos hablar del sobrediagnóstico y el escaso favorecimiento de la conducta de ayuda del hombre).

Los TCA presentan unos datos alarmantes: en 2019, prevalecieron 300.000 casos de TCA en una población española muy concreta: los adolescentes.

Además, el 90 % de estos adolescentes eran mujeres. Estos datos no son sorprendentes. Desde pequeñas, las mujeres son las que más sufren la asfixia de una sociedad que cree en un tipo de belleza y restringe, como en la anorexia, todo lo demás.

Los investigadores Piñedos, Molano y López de Mesa (2010) encontraron que una de las principales razones por las que el nivel socieconómico no era relevante en la aparición de un TCA es que los estereotipos de belleza y delgadez ya estaban llegado a contextos menos susceptibles de verse inmersos: los áreas rurales.

Según la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil (AEPNYA), la edad media de inicio de un TCA se sitúa entre los 16-17 años. La mayoría de los casos aparecen antes de que la adolescente haya cumplido los 20 años.

La edad de riesgo se sitúa entre los 13 y 24 años para las mujeres. Estas edades coinciden con la estancia de la hija en el hogar. Por ello, pareciendo el papel de los padres en la prevención de los TCA de sus hijas tan relevante podemos preguntarnos, ¿hay algo que ellos puedan hacer para que este no aparezca?

Pies de una persona pesándose

El papel de los padres en la aparición de un TCA

Antes de exponer el papel de los padres en la prevención de los TCA, y por ende aquello que ha podido facilitar su aparición, cabe aclarar que un trastorno de la conducta alimentaria se relaciona con muchos factores. Que existan ciertas características en la familia que puedan relacionarse con este no equivale a que el TCA desarrollado sea culpa de la familia.

Martínez y Martínez (2017) estudiando la relación entre TCA, familia y género en Bogotá, encontraron que existían patrones en las familias de aquellos afectados. De esta manera, concluyeron que la disfunción en el funcionamiento de la familia era proporcional a la aparición de un TCA, con dos elementos nucleares: la falta de cohesión y la baja tolerancia a la frustración de estos jóvenes.

De igual manera, ambas investigadoras hablaban de la aparición de padres demasiado controladores con sus hijas adolescentes, sobreprotectores, autoritarios, y que no favorecían la toma de independencia de la hija. Esto puede llevarla a pensar que carece de control sobre su entorno, en una edad donde ya debería de haber ido adquiriendo responsabilidades y poder sobre su vida.

¿Es el estilo parental permisivo la solución?

El papel de los padres en la prevención de los TCA de sus hijas no pasa por ser permisivo ni llegar a la negligencia. En este mismo estudio, observaron que la falta de afecto y supervisión están relacionados con una baja autoestima. La falta de autoestima es una de las principales características de todos los TCA.

De hecho, se ha discutido acerca de la existencia de un único tipo de familia, donde es más probable que aparezca un TCA. No habiendo consenso, parece interesante señalar aquello que Espina, Pumar, García y Ayerbe (1995) encuentran en su metaanálisis acerca de los TCA y la interacción familiar:

  • La bulimia tiende a desarrollarse en familias más conflictivas y patológicas. En ellas hay hostilidad, déficits nutricionales, desligamiento, impulsividad y falta de apoyo parental. No suele aparecer conflicto conyugal.
  • En muchos casos, la anorexia restrictiva parece desarrollarse en familias con padres que, aunque positivos, suelen estar involucrados en grandes problemas conyugales y de convivencia.
  • Las familias de las adolescentes con anorexia purgativa suelen presentar también conflicto conyugal. La hostilidad y la falta de apoyo parental suelen estar más mitigados.

¿Qué pueden hacer los padres contra el TCA?

Conociendo el enorme impacto que un padre u otro completamente diferente puede tener en la aparición y desarrollo de un TCA, no cabe si no preguntarnos qué es lo que ellos pueden hacer.

Martínez, Navarro, Perote y Sánchez (2010) nos presentan algunas herramientas útiles en su manual: Educar y crecer en salud: el papel de padres y educadores en la prevención de los trastornos alimentarios.

Los hilarantes comentarios acerca del físico de tu hija

El cuerpo de la adolescente cambia y ella no es la única en notarlo; también su entorno habla de su figura. Algunos de estos comentarios pueden influir mucho en el camino a una autoestima conveniente.

Muchos adultos que han sufrido un TCA recuerdan comentarios como: “no comas tanto que te vas a poner redonda”, “cara paella”, “pareces idiota cuando llevas el pelo así”, “mira que cuerpo tiene tu prima”.

Herramientas para una adolescencia incierta

La adolescencia es un reto que para algunas adolescentes pueden llegar antes de que estén preparadas. Algunas creen reducir su malestar con una falsa solución, el TCA, que le concede control sobre su cuerpo (ya de por sí fuente de malestar constante) y sobre la comida.

Es de vital importancia educar, dar herramientas, avocar a la frustración y que sepan manejarla; que no vivan la adolescencia como una etapa confusa por falta de información por parte de los padres.

Hablar de los TCA, de las señales de alerta, de los pensamientos que pueden relacionarse con ellos y de la existencia de diversas bellezas, aunque los mensajes que reciba por otros canales sean totalmente diferentes, es muy recomendable.

Es probable que ese papel no lo jueguen sus amigos ni una sociedad que en buena parte vive de la existencia del problema, tendrás que ser tú el que le diga a tu hija que la delgadez no es sinónimo de belleza. Si no, estará expuesta a una adolescencia llena de cambios físicos con la idea de que la delgadez extrema, a veces inalcanzable, es a lo que ella debería aspirar.

Chica adolescente mirándose al espejo

Los límites, tan necesarios como complicados de gestionar

La permisividad en líneas generales de las últimas décadas ha dado lugar a padres que, aunque quisieran poner normas, no saben cómo hacerlo. Por ello, la imposición de límites, desde el cariño y la aceptación y diferenciando entre aquello que querríamos para nuestra hija y lo que esta quiere, es un factor de protección contra cualquier TCA.

Parte del papel de los padres en la prevención de los TCA pasa por la imposición de límites. Es quizás uno de los trabajo más ingratos a corto plazo, pero con mejores efectos a medio y largo.

La idea es que, si de pequeños no aprenden a convivir de manera saludable con los límites, cuando sean adolescentes los desdeñarán, aunque los necesiten, como en el caso de los TCA. De hecho, los expertos aseguran que solo se necesitan dos ingredientes para mantener alejado al TCA: afecto y control.

  • Martínez, J., Navarro, S., Perote, A. y Sánchez, M. (2010). Educar y crecer en salud. El papel de padres y educadores en la prevención de los trastornos de alimentación. Ed: Instituto Tomás Pascual Sanza para la nutrición y la salud. Madrid, España.
  • Piñeros, S., Molano, J. y López de Mesa, C. (2010). Factores de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria en jóvenes escolarizados en Cundinamarca (Colombia). Revista Colombiana de Psiquiatría, 39(2), 313-328.
  • AEPNYA. Trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Procolocos 2.008.
  • Ochoa de Alda, I., Espina, A. y Ortego, M. (2006) Un estudio sobre personalidad, ansiedad y depresión en padres de pacientes con un trastorno alimentario. Clínica y Salud, 17(2), 1-20.
  • Martínez, D. y Martínez, S. (2017). Relación entre tratornos de la conducta alimentaria y género y familia en adolescentes escolarizados, Suba (Bogotá). Carta Comunitaria, 25(143), 29-33.