El príncipe de las mareas: cuando los silencios no permiten avanzar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 24 febrero, 2019
Sonia Budner · 24 febrero, 2019
El príncipe de las mareas nos muestra uno de los horrores añadidos a la agresión sexual contra los niños. Los silencios de quienes deben protegerlos producen más daño aún que la propia violación.

Hoy hemos querido traer El príncipe de las mareas, una película que ya tiene un tiempo, pero que lamentablemente contempla un asunto que sigue siendo preocupante. Los abusos y las agresiones sexuales son eventos tremendamente traumáticos para quienes los sufren. Y aunque existe diferencias en cuanto a la forma en cómo afectan dependiendo del género, las diferencias más grandes las «producen» las edades de las víctimas.

Cuando son los menores de edad los que sufren una agresión o un abuso sexual, el problema se ve agravado. Primero porque a esa edad no se han desarrollado aún herramientas que les permitan gestionar esa situación. Y segundo, y casi peor, es que no son dueños de sus vidas. No dependen de ellos las decisiones que se toman ante un hecho de esta índole.

Lamentablemente, los adultos responsables de su protección y su bienestar no saben, en muchos casos, afrontar esto desde la perspectiva de su responsabilidad con los menores.

Muchas decisiones se toman en base a las prioridades, valores, creencias, miedos o circunstancias que afectan a quienes deben tomar la decisión y no sobre las que afectan al niño. En un elevado porcentaje de casos, la decisión es ignorar, tapar, ocultar el hecho a la vista ajena y a la propia.

Ni siquiera es una decisión. Es un mecanismo de defensa muy dañino para quien toma este camino y fatal, casi siempre, para la víctima. El príncipe de las mareas nos habla de esto. De los horribles silencios con los que se intenta ocultar un crimen de este calibre; una estrategia de afrontamiento que termina dañando más a los niños que la misma agresión.

El príncipe de las mareas: la historia

Esta magistral película fue producida y dirigida por Barbra Streisand en 1991, dando vida también a uno de los personajes principales. Basada en el libro del mismo título, su autora, Pat Conroy, hizo entrega del libro a Mrs. Streisand para que fuera ella quien lo pusiera en escena.

Barbra Streisand ha sido siempre una mujer muy comprometida con las causas sociales y las situaciones de injusticia, y definitivamente hizo un trabajo magnífico con El príncipe de las mareas.

La película nos cuenta la vida de Tom Wingo, de quien Nick Nolte hace una fantástica representación. Tom y sus hermanos sufren una horrible agresión sexual cuando eran todavía unos niños. La situación familiar era ya compleja. Los niños crecieron en un entorno muy disfuncional con un elevado grado de violencia doméstica. La situación se termina de enturbiar con el ataque de unos desconocidos que asaltan la casa y violan a los niños.

Su madre decide afrontar la agresión sexual de sus hijos manteniéndola en secreto y forzando a los niños a actuar como si no hubiese ocurrido. Los tres niños crecen llevando ese secreto con ellos y cada uno ha intentado vivir con ello de la mejor manera que supieron hacerlo. Pero el silencio sobre aquello ha generado profundos traumas y ha complicado sus vidas de una manera muy cruel.

Hombre pensando

Las consecuencias

Ya de adultos, Tom debe añadir a la situación inestable de su propio matrimonio que hace aguas, los repetidos intentos de suicidio de su hermana gemela.

Viaja a Nueva York para ayudar a la psiquiatra (Barbra Streisand) que atiende a su hermana tras el último intento de suicidio y hacer un esfuerzo por esclarecer los oscuros motivos de Savannah para atentar contra su vida una y otra vez, ya que no recuerda su infancia.

Esto devuelve a Tom a su niñez y a la revisión de su propia violación siendo un niño muy pequeño. Inicia sesiones de psicoanálisis con la terapeuta (que también tiene sus propios conflictos familiares) para así poder convertirse en la memoria de su hermana.

Hombre y mujer mirándose

Los silencios que no permiten avanzar

El príncipe de las mareas nos muestra una reacción de la madre de los niños que, aunque cueste creerlo, está bastante normalizada en nuestra sociedad. Probablemente no hace más que seguir una línea de ocultamiento ya presente en su propia vida, llena de agresiones y violencia por parte de su marido. El problema es que, en este caso, ha extendido el silencio a la brutal agresión sexual que sufren sus hijos.

Las agresiones sexuales en niños suponen una muy dura realidad en su edad adulta. Estudios realizados a este respecto nos dan una idea de la dimensión que alcanzan estas agresiones con la edad.

Si, además, añadimos el silencio de quienes deben protegerlos, la situación se complica mucho más. Ocultar las agresiones sexuales no es la forma de hacer frente al problema. Es absolutamente imprescindible que empecemos a aceptar como sociedad que este tipo de traumas no los curan ni el tiempo ni la ignorancia. La persona que ha sufrido una agresión de este tipo necesita elaborar lo que le ha pasado.

Afortunadamente, en los últimos años se han organizado programas e iniciativas que intentar concienciar, combatir y aportar soluciones al indignante tema de los abusos sexuales infantiles. Pero es como individuos que debemos empezar a ser conscientes de ello y no volver la cabeza hacia otro lado. Los silencios en este asunto son la peor barrera que se puede poner a un niño para que pueda avanzar con su vida. Y eso debería importarnos a todos.