El impacto de la violencia doméstica en los niños

Los niños que presencian violencia doméstica corren el riesgo de presentar una serie de problemas psicosociales. Veamos cuáles son y cómo ayudarlos.
El impacto de la violencia doméstica en los niños
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Última actualización: 22 abril, 2022

Los niños que son testigos de violencia doméstica en sus hogares sufren secuelas importantes. Da igual que se trate de abuso verbal, emocional o físico; cuando entre los padres se produce cualquier manifestación de maltrato, el impacto en los hijos es devastador.

Incluso cuando ellos no son propiamente el objeto de la agresión, corren el riesgo de sufrir una serie de problemas psicosociales que suele perdurar hasta la adolescencia y vida adulta. Dicho esto, veamos cuál es el impacto de la violencia doméstica en los niños y qué podemos hacer en estas circunstancias.

Efectos de la violencia doméstica en los hijos

Cuando pensamos en violencia de género, abuso doméstico o términos similares, solemos pensar primero (y a veces solamente) en la víctima directa, aquella a la que el agresor o agresora ataca. Pero lo cierto es que los menores que viven esas situaciones también sufren consecuencias importantes.

Cada vez hay más evidencia de que los niños que presencian violencia doméstica corren el riesgo de presentar una serie de problemas psicológicos, emocionales, conductuales, sociales y académicos. De hecho, los efectos detectados en estos infantes, son muy similares a los que manifiestan aquellos pequeños que son víctimas directas de maltrato físico.

Pues, presenciar la violencia domestica puede aterrorizarlos y alterar significativamente a la socialización infantil. Incluso, algunos expertos han considerado esta situación como una forma de maltrato psicológico al menor.

Ahora bien, el impacto de la violencia doméstica en los niños puede ser muy variado y depende, en gran medida, de la etapa del desarrollo en la que se encuentre en pequeño. Veámoslo en detalle.

Efectos a corto plazo

Los efectos más inmediatos de la violencia doméstica en los niños son el temor y la ansiedad ante éstas situaciones. Por tanto, es probable que siempre estén en guardia, preguntándose cuando ocurrirá el próximo evento. Según la edad, esto puede generar reacciones diferentes, a saber:

  • Niños en edad preescolar: en este caso, los pequeños empiezan a hacer cosas que solían hacer cuando era más pequeños, como por ejemplo: mojar la cama, chuparse el dedo, llorar con más frecuencia y gimotear. Asimismo, suelen mostrar signos de terror, como tartamudear u ocultarse; tener problemas para dormir; y presentar una severa ansiedad de separación con sus figuras de cuidado.
  • Niños en edad escolar: por su parte, los niños mayores suelen sentirse culpables por el abuso. Además, es común que dejen de participar en actividades escolares; tengan un desempeño académico deficiente; se metan en problemas con mayor frecuencia; tengan pocos amigos o ninguno; y desarrollen una baja autoestima. También pueden sufrir dolores de cabeza y de estómago de forma constante.
  • Adolescentes: tienden a actuar de forma negativa o “rebelde”, como meterse en problemas con mayor facilidad o faltar a la escuela. También es muy probable que se involucren en actividades de riesgo, como autolesionarse, mantener relaciones sexuales sin protección, o ingerir sustancias tóxicas (como drogas o alcohol). Asimismo, suelen ser violentos, acosar a sus contemporáneos y tener una baja autoestima. También suelen excluirse y sufrir de depresión, especialmente las chicas.

Además, los niños mayores y adolescentes, pueden caer en manos de personas equivocadas que se presentan como “salvadores”, pero son todo lo contrario. En estos casos, son presas fáciles para cualquiera que quiera aprovecharse de ellos, de manera que se convierten en víctimas de todo tipo de abuso.

Efectos a a largo plazo

Como dijimos al inicio, el impacto de la violencia doméstica en los niños suele perdurar hasta la adultez. Especialmente cuando no reciben la asistencia profesional que necesitan y que les ayude a superar los traumas.

En estos casos, los niños tienen un mayor riesgo de:

  • Repetir el ciclo de violencia cuando sean adultos, de manera que se involucran en relaciones donde son abusados o abusivos.
  • Asimismo, se ha comprobado que los niños que son testigos de violencia tienen un mayor riesgo de padecer problemas de salud mental, como depresión, baja autoestima y trastornos de ansiedad. Así como también sufrir de afecciones físicas como diabetes, obesidad y cardiopatías.
Niño triste por un conflicto de lealtad

¿Los niños pueden superar estas experiencias?

Los niños y adolescentes que presencian violencia domestica en sus hogares sí pueden superar su traumas y sanar sus heridas emocionales. Para ello, lo más recomendable es que asistan con un psicoterapeuta que le ayude a combatir las secuelas.

Es importante tener en cuenta que cada niño responde de diferente manera al abuso y al trauma. Además, el éxito que tenga al momento de recuperarse dependerá de diversos factores, entre los cuales destacan:

  • Un sistema de apoyo estable o buenas relaciones con adultos de confianza.
  • Una autoestima fortalecida (la cual suele abordarse en psicoterapia).
  • Exclusión del ambiente violento
  • Amistades saludables.

Es probable que los niños nunca olviden lo que vivieron durante el abuso. Sin embargo, pueden aprender maneras saludables para lidiar con sus emociones y recuerdos cuando maduren; lo cual suele lograrse en psicoterapia. Además, mientras más temprano el niño reciba la ayuda, mayores serán las probabilidades de que se convierta en un adulto sano.

¿Qué hacer si mi hijo es testigo de violencia doméstica?

Los padres y familiares pueden ayudar a los niños a atravesar esta situación. En este caso, lo más importante es que los niños dejen de presenciar las agresiones; por tanto, es esencial que las relaciones abusivas terminen por completo.

De esta forma, se invita a que los padres y/o familiares reciban la asistencia legal y psicológica necesaria para que puedan ofrecerle al niño un ambiente seguro en el cual vivir. Además de ello, se aconseja:

  • Hablar con ellos sobre sus miedos y hacerles saber que lo que sucede no es su culpa.
  • Ayudarlos a sentirse seguros. Para ello es vital acabar con la relación abusiva.
  • Conversar sobre las relaciones saludables. Debemos ayudarlos a aprender de la experiencia abusiva distinguiendo cuáles son las relaciones saludables y cuáles no. Así, evitaremos que caigan en dinámicas relacionales violentas.
  • Enseñarle limites. Decirle que nadie tiene derecho a tocarlo o incomodarlo, aun si se trata de algún miembro de la familia o persona de confianza. Además, comunicarle que no tiene derecho a tocar el cuerpo de otras personas sin su consentimiento; por tanto, si alguien le dice que se detenga, debe hacerlo.
  • Ayúdales a encontrar un sistema de apoyo confiable. Es importante que el niño se rodee de personas de confianza que le ofrezcan un ambiente contendedor, como un maestro, un consejero, un terapeuta e, incluso, amigos contemporáneos.
  • Conseguirle ayuda profesional. La terapia psicológica siempre será la mejor opción para que los niños puedan superar experiencia de abuso o de violencia. De hecho, sin ella, es muy probable que el niño no sane del todo sus heridas emocionales.
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