La importancia de la familia en la socialización de los hijos

Este artículo ha sido escrito y verificado por la trabajadora social Elena García
La familia es el primer agente socializador de los hijos. Pero, ¿sabes cómo ejerce su influencia?
 

Con la llegada de un bebé a casa, la familia pasa a ser un factor indispensable y esencial para su desarrollo. Ese recién nacido es un ser indefenso y vulnerable que se convertirá en el centro de atención, así como en la diana de aprendizajes, inquietudes, protección y apoyo. La familia adquiere un papel principal en la socialización de los hijos.

No debemos olvidar que, aunque a lo largo de la vida ese niño encontrará en su camino muchos otros agentes socializadores y educadores, la familia es el eje principal a través del cual se desarrollará en el mundo y se formará y construirá su persona.

Bebé mirando a su madre

La familia en la socialización de los hijos

La familia es el agente socializador primario de los niños. Es el primer agente que muestra a los infantes cómo será y como deberá comportarse en la sociedad. Es en este primer grupo social donde se asientan las bases en su formación como individuos capaces de llevar una vida en sociedad.

La socialización primaria, como dice Matestre (2009), consiste en inculcar en los menores, entre otras, aptitudes tales como:

 
  • Hablar.
  • Autociudado.
  • Obedecer a los mayores.
  • Proteger a los más pequeños.
  • Compartir alimentos.
  • Iniciarse en el lenguaje oral.
  • Participar en juegos colectivos respetando reglamentos.
  • Distinguir de manera elemental entre lo que está bien y lo que está mal.

Todo este proceso de aprendizaje no será, obviamente, igual en todas las partes del mundo. Por lo tanto, la influencia de la cultura, de la sociedad, de las iniciativas individuales… condicionan todo este proceso.

Además, aunque podamos pensar que la familia nuclear, formada por los padres y hermanos, es la que más influencia ejerce sobre los hijos, no debemos olvidarnos de la familia extensa. Dentro de la familia extensa, las personas que más suelen marcar en la niñez son los abuelos.

Por lo tanto, desde la familia debemos formar a nuestros hijos para que sean sujetos capaces de vivir formando parte de la ciudadanía. Incluyéndoles desde pequeños y poco a poco en la actividad social. Como dice Zuluaga (2004) la inclusión tiene límites y debe ser progresiva:

  • Por un lado, se incluye a los niños y niñas como sujetos de ciudadanía social (sujetos de derechos).
  • Por otro lado, se excluyen de la ciudadanía legal (igualdad ante la ley, libertad) y de la ciudadanía política (no intervención en las decisiones políticas del Estado).
 

«Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo».

-Benjamín Franklin-

Abuelos que cuidan de sus nietos

Escuela y familia: el equilibrio

Tradicionalmente, a la familia y a la escuela se les ha asignado la función de ser transmisoras de los conocimientos que los jóvenes necesitan para la vida futura, así como de la socialización en las normas y valores (Torío, 2004).

Los datos más recientes nos dicen que la escuela se ha ido desmarcando de esa transmisión de educación ligada a las normas de comportamiento, valores y saber estar.

Esto no quiere decir que el objetivo de la familia y la escuela no sea el mismo. Mas es cierto que, aunque el proyecto en común exista, cada uno de estos agentes tiene unos objetivos específicos distintos.Si bien es cierto, en ocasiones el trabajo puede ser común, pero deben establecerse límites para evitar posibles desencuentros.

Tanto la escuela como la familia son elementos clave en la socialización de los hijos. Como bien dice Maestre (2009), escuela y familia tienen influencias superpuestas y responsabilidades compartidas, por lo que ambas instituciones deben cooperar en la educación. Padres y profesores tienen que redefinir sus relaciones y sustituir el conflicto por la colaboración.

 

La labor pedagógica de la escuela debe verse apoyada por la familia. Los padres tienen que implicarse para que todos los objetivos, comunes o no, puedan alcanzarse de una manera satisfactoria. Esta implicación puede darse en algunos de estos casos (Maestre, 2009):

  • Entrevistas con el profesorado.
  • Apoyo en casa con las tareas escolares.
  • Acompañamiento en salidas.
  • Participación en reuniones del consejo escolar, así como en las actividades del A.M.P.A.

En definitiva, la escuela necesita a la familia, pero también la familia necesita a la escuela. Esto implica corresponsabilidad para logro de las metas educativas. Al final, los mayores benefactores de este buen entendimiento serán nuestros niños, que llegarán a ser individuos formados tanto en el ámbito familiar, como en el escolar y el social.

 

 

Bolívar, A. (2006). Familia y escuela: dos mundos llamados a trabajar en común. Revista de educación339(1), 119-146. Maestre, A. B. (2009). Familia y escuela los pilares de la educación. Revista Innovación y experiencias educativas. Torío, S. (2004). Familia, escuela y sociedad. Aula Abierta, 83. Zuluaga, J. B. (2004). La familia como escenario para la construcción de ciudadanía: una perspectiva desde la socialización en la niñez. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud2(1), 127-148.