Teoría de los roles, ¿cuál es nuestro papel en la sociedad?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Adriana Díez
27 marzo, 2018

Los roles sociales son definidos como el papel que ejercemos dentro de la sociedad, es decir, detallan y representan qué actividades o conductas son las esperadas en un entorno social determinado. ¿Quiénes son los que definen qué tareas nos corresponden? ¿Se asigna el papel ya hecho o lo construimos nosotros mismos? Resolvemos estas dudas en este artículo. Enrique Pichón (1985), define el rol como «un modelo organizado de conductas, relativo a una cierta posición del individuo en una red de interacción, ligado a expectativas propias y de los otros».

Los roles son desempeñados dentro de cualquier grupo. Podemos ver el rol dentro de un equipo, por ejemplo, el defensa o el de delantero; el de base, alero o pivot. Otro rol dentro de una familia, rol de madre, de padre, de hermano; o dentro del trabajo, el rol de director, de secretario, becario o ayudante. Una misma persona, dependiendo del contexto en el que se encuentre, puede desempeñar varios roles. El de becario en el trabajo, el de hijo en la familia o el de gracioso dentro del grupo de amigos.

El rol se construye y lo adapta cada uno a sí mismo, puede que en un principio esté definido por lo que los demás contribuyentes del grupo esperen de mi conducta, pero será en líneas generales, ya que cada uno posteriormente deberá adaptar esas expectativas y exigencias a sus características personales.

Piezas de ajedrez formando un círculo para explicar la formación de los grupos

Factores de estrés asociados al rol

Los problemas asociados al rol pueden venir por diversas fuentes:

  • Ambigüedad de rol: en este caso, tenemos que adaptarnos a un rol en el que no sabemos realmente qué tenemos que hacer. No está claro nuestro papel y tampoco sabemos lo que los demás esperan de nuestras conductas o de nuestra aportación al grupo.
  • Conflicto de roles: en este apartado tendremos dos puntos. Por un lado, conflicto dentro del mismo rol, es decir, cuando el rol no va con mi persona, no puedo adaptarme a lo que piden. Del mismo modo, también ocurre porque excede mis capacidades, o porque no va con mi ideología no me siento cómodo realizando esas conductas. El otro tipo será el conflicto entre roles, por ejemplo, me asignan dentro de un grupo dos roles distintos, por ejemplo, ser becario y seguir estudiando. O ser padres y trabajadores al mismo tiempo, lo que podría generar estrés por no poder cumplir con ambos.
  • Roles adjudicados: son los problemas derivados de tener que adaptarnos a un rol ya delimitado y contar con poco margen para construirlo nosotros. Un buen ejemplo de este tipo de estrés asociado al rol podría ser los roles de género, conductas ya esperadas por el grupo por el simple hecho de ser hombre o mujer.
  • Sobrecarga de rol: las conductas que se esperan al asumir un papel exigen mucho de uno mismo. Esto puede superar la capacidad de adaptación del sujeto y generarle estrés.
  • Roles pobres: este problema sucede al contrario que en el punto anterior, cuando el sujete cree que puede dar mucho más de sí mismo pero su rol no se lo permite.
Grupo de personas

Construir el rol

Nuestro papel en la sociedad o en el grupo es dinámico y evoluciona. En muchos casos en esta transformación somos nosotros, como actores principales, los que tenemos una mayor responsabilidad en su rumbo. En este sentido, los problemas suelen aparecer cuando nos comportamos como un barco a la deriva. Cuando intentamos adoptar un rol que sobrepasa los límites de nuestra flexibilidad o cuando queremos introducir cambios demasiado rápidos y radicales en nuestras funciones podemos llegar a sentir un gran malestar.

En el fondo, el rol de cada uno debería ser único e intransferible. Puede que existan “puestos” a los que adaptarnos cuando accedemos a un grupo nuevo, pero partiendo de unas líneas y conductas generales es el rol el que debe acomodarse a nosotros y no a la inversa, como sucede en tantos casos. En muchas ocasiones, acabos confundiendo ciertos roles con nosotros mismos. Por ejemplo, cuando decimos «soy el alcalde» estamos creyéndonos el rol. Quizá sería más correcto decir, «estoy ejerciendo de alcalde».

Cuando nos creemos nuestro rol

Aunque parezca un matiz sin importancia, cuando nos creemos según que roles, estamos errando en nuestra identificación. Del mismo modo que hoy puedo ser director de un colegio, mañana puedo no serlo. Así pues, hay roles que suelen ser más temporales que otros. De ahí, en muchas ocasiones, vienen los conflictos políticos, cuando los que forman un partido se niegan a soltar sus cargos: «soy presidente», «soy concejal», «soy ministro». Cuando en realidad, sólo están ejerciendo como tal.

Construir el rol requiere tiempo y sobre todo, inteligencia. Por ello es importante saber elaborar un rol y saber llevarlo. Cada rol exige cierta dedicación y de cada uno de ellos podemos sacarle provecho. Cuando se nos acaba nuestro papel en determinado momento, lo mejor es asumirlo. Si sabemos jugar nuestras cartas, podemos hacer de ello una gran oportunidad de aprendizaje. Al fin y al cabo, el rol es la oportunidad de mostrar al mundo lo que somos capaces de aportar.