La importancia del juego simbólico

20 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
La función simbólica refleja la capacidad de evocar objetos, comportamientos o situaciones no visibles (ocultas, fuera de la vista, previamente vividas), mediante símbolos o signos. El juego simbólico es una manifestación de la función simbólica, al mismo tiempo que un lugar imprescindible para que se desarrolle esta función.

El juego simbólico comienza a desarrollarse en el niño entre los 12 meses y los 3 años. También se llama juego de imitación, de «simulación», de «ficción», de «actuar como si». Este tipo de juego ayuda al niño pequeño a entender la vida que le rodea.

De ahí la importancia de que los niños no pasen demasiado tiempo libre frente a las pantallas de televisión y ordenadores, para que puedan socializar mejor, desarrollar su creatividad y mejorar sus habilidades sociales.

El juego simbólico ocurre cuando el niño comienza a fingir que realiza una acción de su vida fuera de contexto real (parece dormir, comer, etc.). La imitación retrasada le permite evocar un modelo ausente (acción, madre, padre, personaje, animal …).

En estos juegos, el niño atribuye diferentes significados a los objetos que lo rodean. También inventa eventos imaginarios, adoptando diferentes roles en ellos.

Niño jugando con un barco de cartón

El juego simbólico: la manifestación de la adquisición de la función simbólica

Los primeros juegos simbólicos practicados entre 18 meses y 2 años indican que el niño es capaz de manejar imágenes mentales. Estas se formaron a partir de su experiencia y le permiten acceder a la función simbólica.

La función simbólica refleja la capacidad de evocar objetos, comportamientos o situaciones no visibles (ocultas, fuera de la vista, previamente vividas), mediante símbolos o signos. Así, el juego simbólico es una manifestación de la función simbólica.

La función simbólica habilita al niño para diferenciar un significado incluso ausente (objeto, acción …) de un significante (la palabra, el símbolo). El niño debe haber adquirido «permanencia del objeto» para poder evocar lo que ya no está en su campo de visión.

A través de esta adquisición, el niño puede acceder al pensamiento representativo. Entra en el mundo de los símbolos, primero personales y luego culturales. Además, tiene la posibilidad de codificar sus experiencias en diferentes sistemas de representación.

¿Cuál es el propósito de la función simbólica?

Ser capaz de usar símbolos y luego signos para evocar cosas ausentes permite que el niño ya no viva en la inmediatez, lo real se transforma mediante símbolos, imágenes, lenguaje, etc. El niño puede:

  • Imaginar qué sucederá (mamá llegará).
  • Predecir que algo pueda pasar (si pego, me castigan).
  • Anticipar sus acciones (si presiona demasiado el botón, puede hundirse).
  • Planificar sus acciones (mirar la forma de la pieza del rompecabezas antes de colocarla en el lugar correcto)
  • Imagina la continuación de una historia controla su frustración (se ha ido, pero cuando salga de esa habitación siempre vuelve).

Como se presenta el juego simbólico en el desarrollo

Piaget distingue 3 tipos de juegos durante el desarrollo: el juego de ejercicios (nivel preverbal, esencialmente sensoriomotor, placer de trabajar), el juego simbólico (pensamiento verbal, inteligencia representativa) y el juego de las reglas (inteligencia operativa).

El juego simbólico implica que el niño tiene acceso a la representación del objeto ausente. Alrededor de los 2 años, imita a la madre que da de comer o llama por teléfono con una cuchara.

Alrededor de los 3-4 años, pone en su lugar situaciones más complejas e incluso puede calmar una situación desagradable imitando a las muñecas; por ejemplo, en un conflicto que podría tener con sus padres.

Funciones del juego simbólico

La función de estos juegos en el desarrollo y construcción del niño es permitir el aprendizaje para:

  • Aprender roles sociales.
  • Diferenciar el estado del adulto del del niño.
  • Desarrollar el lenguaje (en los rincones de juego).
  • Estructurar sus actividades (construcción).
  • Manejar su frustración (jugar con la muñeca en una escena dolorosa para él).

La importancia de la imitación

La imitación diferida permite evocar un modelo ausente (acción, madre, padre, personaje, animal …). El proceso continúa con juego de simulación, en el que el niño mismo asigna roles a los objetos y a los personajes que inventa o manipula.

El juego de imitación se basa en la reproducción retrasada de escenarios de la vida real. En la escuela en espacios diseñados para este propósito, los niños encuentran conjuntos de objetos familiares. Estos van a desencadenar la reproducción de acciones o cadenas de acción.

Un plato y una cuchara en la esquina del rincón de la cocina, los biberones encima de la mesa, las muñecas sentadas en ella. Todo proporciona al niño los elementos necesarios para alimentar a su bebé muñeco. Se reproduce entonces la vida cotidiana.

Los primeros juegos de imitación

Los primeros juegos de imitación lo ayudan a diferenciarse del «otro» y gradualmente lo lleva a decir «yo». Entre los 3 y 4 años, comienza a inventar historias y reglas del juego. Alrededor de los 4 años, juega espontáneamente con uno o dos compañeros.

Se da cuenta de que puede tener sentimientos, intenciones o puntos de vista diferentes a los suyos. Interacciones lingüísticas se desarrollan.

Entre los 4 y 5 años, el niño puede inventar escenarios complejos que se acercan la realidad. Le gusta disfrazarse o interpretar personajes simbólicos (miniaturas, títeres, etc.). Después de 5 años, los escenarios se vuelven más complejos, el niño puede cambiar roles e inventa historias.

A lo largo de este proceso de desarrollo, el niño desarrolla sus funciones ejecutivas, funciones necesarias para desarrollar habilidades de aprendizaje.

El juego simbólico: la ventana para asomarse a la realidad a través de espacios de juego

Los «espacios de juego» se pueden dividir en la clase de cada maestro o entre varias clases. Son permanentes, espaciosos y delimitados. La decoración debe ser ordenada y acorde con la temática.

Las «áreas de juego» son proporcionadas en espacios semicerrados, Estos los protegen de los ojos de los adultos mientras les permiten, si es necesario, tranquilizarse con su presencia. Estas pequeñas particiones simbolizan el borde que separa el mundo imaginario y la realidad. Para los más pequeños, es necesario planificar un gran espacio sin tapetes, niños jugando de pie y moviéndose mucho.

En estos espacios, el mobiliario se complementa con accesorios que permiten a los niños elaborar escenarios. Para los niños pequeños, los accesorios duplicados promueven juegos de imitación y un clima más sereno. Debido a su participación en el desarrollo del niño, el uso del juego simbólico con el propósito de la enseñanza explícita no es recomendado antes de los 5 años.

Anteriormente, el juego libre tenía prioridad. Posteriormente, la aparición de escenarios en la manipulación de objetos o en el juego dramático ofrece un marco propicio para muchos aprendizajes.

Cada «área de juego» ofrece una decoración y accesorios a partir de los cuales se pueden realizar muchos aprendizajes, en un contexto familiar significativo. La importancia del juego y su papel estructurante en el desarrollo del niño no está en duda para los autores que han estudiado la ontogenia psicoafectiva y cognitiva infantil.

Niño jugando con un coche rojo

Autores que han resaltado la importancia del juego simbólico en el desarrollo

Para Piaget, el lenguaje emerge gracias a la función simbólica y las actividades de imitación diferidas son las actividades que permitirán el inicio de la función simbólica. En consecuencia, la escuela debe dejar, en el jardín de infantes, una gran parte de las actividades simbólicas (imitación, juegos simbólicos, dibujo).

Para Winnicot, el juego es un signo de «buena salud mental» del niño: «Si un niño juega, independientemente de la presencia de un síntoma o dos, básicamente no hay nada grave; el juego muestra que el niño puede vivir y eventualmente convertirse en un ser humano completo».

Al igual que Winnicott, Fraçoise Dolto cree que los juguetes son «objetos de transición» como la manta que se lleva a la escuela, los juegos de las esquinas (cocina, muñeca, construcción, disfraz …). Los juegos son mediadores esenciales para construir una vida independiente, emocional, intelectual y cultural.

Para P. Kergomard, el juego es como un medio educativo privilegiado: «El juego es la actividad normal del niño. Conduce a una multiplicidad de experiencias. Permite la exploración de entornos de vida, la invención de nuevos gestos, la comunicación en todas sus dimensiones, la retirada hacia uno mismo favorable a la observación y la reflexión. Es el punto de partida para muchas situaciones didácticas propuestas por el profesorado».

Los psiquiatras y los psicoanalistas también están interesados ​​en el juego como una forma de expresión y autoconstrucción del niño. Los juegos llevan a los niños a un mundo simbólico. Puede aprender a vivir solo, a construir una fuerza interior que lo identifica dándole permanencia y autonomía.

Conclusión

La escuela y las actividades propuestas a los niños deben favorecer el establecimiento de la función simbólica. El lugar de los juegos de imitación, los rincones de juego (muñeca, construcción, cocina …), la expresión gráfica libre es esencial para permitir que el niño coloque herramientas para comprender mejor lo real y también para construir otros aprendizajes sobre una base sólida.

  • Garaigardobil, M. (1990). Juego y desarrollo infantil. Seco Olea, Madrid.
  • Piaget, J. (1973). La Psicología de la Inteligencia. Crítica.