El profesor y la diversidad afectiva

24 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Hay niñas y niños heterosexuales, homosexuales, bisexuales y transexuales. Por ello, la existencia en las aulas de un clima que incluya la aceptación de todas las orientaciones afectivas y sexuales es fundamental

A raíz de la liberación sexual y el rechazo de ideas fundadas y conservadurismos, nos encontramos en una sociedad que, en mayor o menor medida, ha avanzado mucho en cuanto a la diversidad afectiva y sexual. Aun negada, esta realidad puede ser observada en numerosos contextos: el espacio de trabajo, la calle Gran Vía o un colegio.

Para responder a las necesidades de esta nueva realidad, mucho son los profesionales que trabajan con niños los que se preguntan de qué manera ha de ser abordada la diversidad afectiva en las aulas. ¿Es algo que ha de trabajarse?

Desde la guía didáctica El amor y el sexo no son de un solo color, la Federación de Enseñanza de CCOO, se nos acerca a situaciones del día a día referidas a la presencia de homosexualidad, bisexualidad, transexualidad y heterosexualidad en el colegio o instituto; y como la adecuación de unos a otros es igual de importante que incidir sobre la igualdad entre hombre y mujeres; las derivadas e integrales; y la importancia del respeto, con independencia de la orientación sexual, color de piel, origen y género.

Alumnos preguntando en clase

¿Un niño conoce su sexualidad?

Los temas relacionados con la diversidad afectiva y sexual han sido excluidos del ámbito escolar desde hace tiempo. Muchos adultos, sobre todo padres que carecen de toda la información que hubieran de necesitar para realizar semejante juicio, temen que, incluyendo la educación en diversidad afectiva y sexual, su hijo o hija se «convierta» en homosexual, transexual o bisexual.

Aunque los padres no lo entiendan, lo cierto es que los niños van empezando a identificar aquellas personas que les gustan desde que tienen unos 10 años. La doctora Asia Eaton, psicóloga social y especializada en Estudios de Género, revela que la gran mayoría de un grupos de jóvenes adultos perteneciente a una minoría sexual experimentaron su primera atracción sexual por otra persona a los 8 o 9 años. Otros estudios aseguran que esto ocurre aproximadamente a los 11 años. De hecho, la masturbación infantil o exploración sexual puede darse desde que el niño tiene 2 años.

Por ello, a medida que los niños y niñas van preguntándose y acertando en aquello que les gusta y que no les gusta, es importante añadir en el currículum escolar el trabajo con la diversidad afectiva y sexual. Esto sería de utilidad no solo para los niños de una minoría sexual, sino también para el resto. La información es una herramienta muy poderosa para luchar contra el odio, el miedo, el acoso y el rechazo.

¿Como incluir la diversidad afectiva en el aula?

La diversidad afectiva ya se encuentra en el colegio, pero la mayoría de las veces de forma negativa. El colegio o instituto, como mero reflejo de la ideología popular, está lleno de lenguaje heterosexista. Esto se ve cuando se hace un chiste sobre un personaje histórico homosexual; cuando se utiliza la expresión «marica» en el recreo y nadie lo castiga; cuando todos los ejemplos de pareja o de matrimonio aluden a personas heterosexuales…

Este tipo de comportamientos, sumado a la ignorancia general tanto de profesores como de padres, puede conducir a los niños y niñas a asociaciones erróneas, a una convivencia poco saludable con los alumnos LGTBIQ, o problemas de autoestima y aceptación del yo en niños y adolescentes no heterosexuales.

En la guía didáctica mencionada anteriormente están ilustradas ciertas medidas que un centro educativo puede implementar para facilitar la diversidad afecta y sexual en sus aulas. Algunas de ellas son:

  • Implicar a todos los trabajadores del centro en la consecución de un mismo objetivo. Los niños aprenden por aprendizaje vicario y observación, y sus modelos pueden ser el cocinero del centro, las jardineras, los profesores o el enfermero.
  • Incorporar la diversidad afectiva en el Proyecto Curricular del centro.
  • Incorporar unidades didácticas sobre homosexualidad, bisexualidad, transexualidad y la fobia a dichas condiciones sexuales.
  • Potenciar la información, formación y orientación del claustro y el seno del consejo escolar.
  • Incluir en las bibliotecas material informativo, y también obras donde estén reflejadas relaciones no solo meramente heterosexuales.
  • Establecer un protocolo de medidas de actuación activas ante cualquier situación de homofobia, transfobia o bifobia. Que tanto el profesorado, como el alumnado como los progenitores comprendan que este tipo de comportamientos no tienen cabida en el aula; así como no deberían de tenerlo en las calles.

Profe, me gustan las chicas y no los chicos

En no pocas ocasiones, el profesor se convierte en una figura de referencia, no solo en el ámbito académico, pero también en la faceta personal del niño. Por ello, estos profesionales pueden encontrarse en la tesitura de ser los primeros y únicos conocedores de la identidad sexual del niño o niña.

A veces, estos sienten que pueden decepcionar a sus padres, que estos pueden enfadarse, y la percepción de ser algo distinto, algo raro, puede llevarles a pensar que el profesor es el único con el que ellos pueden contar.

¿Qué recomendaciones se da al profesorado si alguna vez se conviérte en el confidente de su alumno? La guía didáctica de diversidad sexual nos da algunos consejos:

  • Escucha activa y acogimiento de su agobio y ansiedad: aunque el profesor esté ocupado, ante esta demanda ha de interesarte, acoger su valor por haberlo dicho y dedicarle tiempo. Es un tema importante para él o ella y también debería de serlo para ti.
  • Si el profesor no está preparado o no sabe cómo gestionar y atender las necesidades del niño, es mejor derivarle a alguien que sí sepa. Es un tema que no hay que dejar en el aire y tampoco hay que darles la espalda.
  • Conviértete en su aliado: la aceptación de un profesor, figura de autoridad y que puede administrar castigos y recompensas, es relevante porque el niño observa que no ha sido castigado, no ha sido traicionado sin su silencio, y sienta un buen precedente para que el niño comience a entender que su orientación sexual no es buena ni mala; simplemente, es.
  • Observa el rendimiento académico del alumno para que te dé pistas sobre su estado de ánimo y autoestima.
  • Tú, como persona de referencia suya, estás totalmente a favor de la diversidad afectivo-sexual. Eres el primero que valida sus emociones y que tiene una respuesta contraria a la que el niño esperaba: enfado, decepción, tristeza.

Niño con expresión triste

Conclusiones: la necesidad de cambio transversal

La inclusión de la diversidad afectivo-sexual es un cambio que ha de salpicar el funcionamiento total del centro. Incluir un par de talleres por ciclo educativo acerca de la diversidad sexual no es suficiente. Hay que hacer del colegio o instituto un centro donde no se discrimina, ni se acosa, y se acepta a todos sus alumnos como son.

Por ello, tiene que haber un cambio en el lenguaje utilizado, evitar a toda costa cualquier estereotipo sobre ningún colectivo sexual y tratar con naturalidad todos estos temas. Además, es conveniente realizar actividades que no solo sean teóricas, pero también formativas. Estas actividades tienen que obligar a participar al alumnado para que su motivación sea máxima.