El que sonríe siempre es más fuerte que el que se enfurece

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 13 marzo, 2018
Cristina Medina Gomez · 9 abril, 2016

Dicen que vives en aquello en lo que fijas tu foco de atención, por lo que parece lógico pensar que es más beneficioso tratar de solucionar eso que te desestabiliza que pasar el día tentando a la ley de la gravedad. Una de las cosas que más nos desequilibran son las disputas, y ante ellas la mejor forma de salir airoso es actuar con la serenidad de quien sonríe y no mediante cabreos impulsivos.

“Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien te quemas.”

-Buddha-

Cuando una situación te desborda y sientes que no sabes “por dónde empezar”, es la paciencia, junto con cierto grado de optimismo, lo que puede hacer que la superes sin “parte de daños”. De lo contrario, puede ocasionarte un desequilibrio emocional innecesario durante algún tiempo, dando lugar a más estrés, más ansiedad o más enfados.

Sonríe con serenidad si quieres conseguir algo

A veces podemos vernos inmersos en una disputa un tanto acalorada, y la mayoría de veces suele ser con algún familiar o algún amigo. Esto hace que la tensión sea mayor, pues un desacuerdo mal llevado puede dar lugar a resultados que no querríamos en ningún caso.

PAreja discutiendo

Ante estas circunstancias caben dos posibilidades: perder el control de la situación o racionalizarla lo máximo posible. Optar por una u otra va a depender de nuestra fuerza para controlar la impulsividad y para mantener la cabeza lo más fría posible. En este sentido resulta más sano buscar el uso de una mente abierta que nos lleve a “buen puerto”.

No consiste en que uno gane y otro pierda, pero la lección que se llevará el que ha sido capaz de actuar con serenidad será mucho más enriquecedora para el futuro.

El diálogo pacífico, una sonrisa a tiempo y un comportamiento sosegado en respuesta a la agitación servirán para otras situaciones semejantes a las que nos enfrentemos. Por eso, la expresión “Sonríe con serenidad si quieres conseguir algo”.

“Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.”

-William Shakespeare-

Enfurecerse lleva a un callejón sin salida

Salvaguardando una serie de beneficios que puede ocasionar, lo normal es que el cabreo lleve a una situación sin salida: enfurecerse no permite escuchar ni ser escuchado, al igual que tampoco deja que comprendamos ni que seamos comprendidos.

Las discusiones llegan cuando la conversación es capaz de cambiar de tono de repente. La voz se sube y no se mira más allá del ego personal: ninguno de los implicados se detiene a pensar si es posible que esté equivocado, si está tratando de imponer en lugar de transmitir sus ideas y si está dando por hecho interpretaciones que pueden no ajustarse a la realidad.

El enfado nubla al que lo siente y le hace creer que no es posible que pueda estar confundido con lo que defiende. También puede que no sea consciente de que ganar el conflicto no le aportará nada porque no habrá aprendido de lo que piensa el otro o porque es probable que acabe creyendo en malentendidos.

Manejar una situación difícil con calma

Manos cerradas con enfado

Consecuentemente el que sonríe ante las complicaciones será más fuerte que el que se enfurece, sobre todo porque manejará mejor las situaciones difíciles que se le pongan delante. Así sabrá que la reflexión y el análisis son los mayores enemigos de la actitud arrogante que nos suele provocar el enfado.

Además, ganará en experiencia para buscar las soluciones a sus problemas y para abrirse a la tolerancia que implica tener un gran abanico de relaciones. Es importante saber escuchar y respetar que los demás no piensen como nosotros, así como tener en cuenta que todos nos equivocamos: a veces con lo que decimos, otras con lo que hacemos.

“En tiempo de gran estrés o adversidad, es siempre mejor mantenerse ocupado para dirigir tu rabia y energía hacia algo positivo.”

-Lee Iacocca-

Parece un tópico, pero aprender a controlar los nervios en momentos delicados nos ayuda a canalizar los momentos de rabia que no pueden evitarse. No se trata de ver los problemas con los demás como si no existieran, sino de aprender a gestionarlos de una forma eficiente.