Enseñar a gestionar los enfados

05 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Ana Couñago Sobral
Es normal que los pequeños se enfaden de vez en cuando. Pero hay que enseñarles a gestionar la frustración y la ira que esto les produce.
 

Los padres deben desarrollar la paciencia y adquirir ciertos recursos pedagógicos para poder enseñar a los niños a gestionar los enfados de un modo adecuado. 

Entre los 2 y los 5 años, los pequeños prueban hasta dónde pueden estirar los límites de su comportamiento para conseguir aquello que quieren. Así, cuando el resultado no es el que esperan, suelen manifestarlo a través de los llantos, los gritos, las pataletas, etc. Por lo que esta, es considerada la época del berrinche. Pero, como adultos, hay que saber dominar esta situación para que no se convierta en un grave problema.

Los malos comportamientos: ¿cuándo son normales y cuándo suponen un problema?

Es normal que de vez en cuando los niños se enfaden y se comporten de una forma poco apropiada. Esto suele ocurrir, cuando los pequeños están cansados o se sienten frustrados por no conseguir algo, sobre todo a la hora de comer, del baño, de ir a la cama, cuando los estamos vistiendo, etc. 

Para saber si estos comportamientos entran dentro de la normalidad o, por lo contrario, pueden suponer un peligro real, hay que tener en cuenta dos factores importantes: 

 
  • La frecuencia de los malos comportamientos.
  • La intensidad de las rabietas.

La gran mayoría de los niños manifiestan este tipo de conductas menos de una vez al mes. Otros, pueden salir de quicio una vez a la semana. Pero la verdadera preocupación debe aparecer cuando los berrinches tienen lugar todos los días o varias veces en un solo día. Esto indica que, posiblemente, el pequeño se está enfrentando a problemas más serios que un simple ataque de rabio o frustración. Por lo que, en estos casos, es conveniente comentarlo con el pediatra o con un psicólogo infantil.

Enseñar a gestionar los enfados

 

A la hora de gestionar los enfados de los más pequeños, lo más eficaz es desviar la atención del niño de la situación conflictiva. Así, los padres pueden cambiar el estado de ánimo de los hijos de una forma muy rápida y sencilla, por ejemplo, haciéndole preguntas divertidas, como “¿cómo hace la vaca?” y practicar la respuesta con ellos.

 

Una vez que la criatura se ha serenado y la calma ha regresado, se debe volver al tema en cuestión, tratando de establecer un diálogo positivo, ayudándolo a que pueda poner en palabras las emociones que experimentó en ese momento. Por supuesto, siempre desde una actitud respetuosa y sin censurar los sentimientos del niño.

Sin embargo, los niños de mayor edad, no se distraen con tanta facilidad. En estos casos, la estrategia más adecuada es pedirles amablemente que cooperen en la tarea que no quieren realizar. Por ejemplo, si el problema es que no quieren ir a dormir, se les puede pedir que lleven o traigan una almohada diferente. Cuando el problema es la comida, jugar a crear figuras con la comida y luego comerla puede tener buenos resultados.

Asimismo, si se encaprichan con algo que no puede obtener, por diferentes motivos, hay que intentar darles otras opciones posibles que sí puedan realizar.

En este sentido, cabe destacar que la imaginación y la creatividad son  grandes aliadas en la educación de los hijos.

 

Además, para poder ayudarles a gestionar los enfados, es necesario conocerlos muy bien y estar atentos a todas sus necesidades.

Conductas que hay que evitar a la hora de gestionar los enfados

Para dominar la situación conflictiva, es conveniente llevar al niño a un lugar seguro o privado, para disminuir sus posibles comportamientos inapropiados y peligrosos (tirar objetos, dar patadas, pegar, etc.).

Asimismo, para encauzar el enfado de un modo exitoso, se deben evitar las siguientes conductas: 

  • Gritar: nunca hay que gritar a un niño en pleno berrinche. De esa manera, los niveles de agresividad y violencia podrían aumentar de forma perjudicial para todos.
  • No utilizar los castigos como primera opción: el hecho de emplear el castigo de manera automática y autoritaria, hace que el niño no comprenda la situación. Quizás llegue a obedecer, pero por miedo y no por comprensión. Pero, de esta manera, no aprenden a gestionar las propias emociones.
  • No perder el control: es verdad que en ocasiones hay que llevar la paciencia al límite. Pero es importante  mostrarse seguros y firmes en todo momento, dialogando y explicando la situación adecuadamente. 
 
  • No trasmitir dobles mensajes: es decir, no decirles cosas como,“¡deja de gritar!”, cuando lo que se está haciendo es exactamente eso. Pues los niños imitan a sus modelos de referencia y  aprenden más por lo que ven que por lo que se les dice.
Recorable con figuras de padres e hijos

No somos educadores perfectos

Todos sabemos que “los hijos no vienen con un manual bajo el brazo”, así que no te sientas frustrado si a veces no sabes cómo actuar, o reaccionas negativamente.

Lo importante es preocuparse siempre por aprender y mejorar, por experimentar nuevas estrategias de resolución de conflictos, por conocerse a uno mismo y a los hijos, etc., sabiendo que esto forma parte del camino de ser padres.