El timo del amor, el sacrificio de la libertad

Mariana Luque Santoro · 2 diciembre, 2014

Cuando escuchamos hablar de “malos tratos”, solemos pensar únicamente en casos extremos, parejas en las que hay golpes, peleas físicas y un nivel de hostilidad del que sentimos que estamos sumamente lejos. Cuando pensamos en nuestro ser querido, esto es rápidamente descartado. Paradójicamente, es en las relaciones más cercanas en las cuales es más probable que se presenten dinámicas abusivas, y en donde es mucho más fácil “dejar pasar” aquello que nos duele, precisamente en nombre del amor.


El timo del amor: El sacrificio de la autonomía


“No puedo vivir sin ti”, una de las frases más repetidas en las relaciones de pareja ¡Qué romántica suena! Pero estas contundentes palabras, representan el proceso vivido en una relación típica del modelo romántico que culturalmente nos han vendido del amor. Éste cuenta con el ingrediente de la auto-renuncia, por el que vamos perdiendo la autonomía individual y nos adentramos en el peligroso proceso de “la tolerancia por amor”.

Debajo de esta dulce expresión, existe una sutil amenaza de que si no se continúa en la relación, puede sucederle al otro algo realmente malo, por lo tanto, se nos culpabiliza y se nos hace responsables. Además, se van perdiendo las individualidades, y nos enfocamos en agradarle, en cumplir con sus demandas, incluso a costa de nuestras propias necesidades. “Debemos estar siempre juntos”, “Debemos hacerlo todos juntos”, “Somos almas gemelas”. Progresivamente puede favorecer la dependencia, la pérdida de identidad y la baja autoestima. 
 

Cuándo se “abusa” del amor


Muchos de los aspectos implicados en la dependencia emocional, están aceptados socialmente. Justificamos la posesividad como prueba de que queremos y somos queridos, por lo que podemos llegar a perder partes de nuestra libertad e identidad para cumplir con este supuesto. Por ejemplo, solemos ver los celos como “normales”, lo que impide que podamos llegar a reconocerlos como una demostración de violencia y no identificamos su riesgo. De alguna manera encaja con lo que se espera de ese amor romántico, lo dejamos pasar y  toleramos los abusos “por amor”.

Interpretamos las prohibiciones como formas de protegernos y que la denigración a nuestras otras relaciones se debe a que “nuestra pareja es la única que nos quiere de verdad”. Incluso, llegamos a calificar como una “cortesía” sus excesivos “cuidados”, que realmente esconden una forma de subestimar lo que somos y podemos hacer, por lo que vamos perdiendo confianza en nuestras capacidades.

Este tipo de dinámicas, progresivamente van debilitando nuestros soportes emocionales, por lo que comenzamos a dudar acerca de qué pensar y sentir sobre nosotros mismos y los demás. Se va mermando nuestra autoestima, y decidimos “no ver” lo negativo del otro y el daño que esto nos ocasiona, con tal de mantener la relación. 
 

Algunas señales para detectar una posible relación de riesgo


Un signo muy común en estas parejas, suele ser la rápida velocidad en la cual avanza la relación. De esta manera, no nos detenemos a ver realmente a quién tenemos a nuestro lado, por lo que desconocemos al otro más allá de las superficialidades del cortejo inicial.

Suelen haber una idealización muy marcada, que impide percibir la realidad. Se descarta hasta el más mínimo detalle que no encaje con este ideal romántico.

Esta relación favorece el aislamiento de otras redes, el otro hace que nos alejemos de nuestras amistades, grupos de apoyo, etc, que perdamos contacto con el mundo externo.

– Toman protagonismo los sentimientos y lo que se “cree” que el otro debe ser para nosotros, o lo que nos promete que será, nunca lo que realmente es.

Hay una necesidad extrema de estar juntos y sumamente ligados a la otra persona, que da la sensación como de “fundirse”. Podemos dejar de ser los mismos, el otro decide qué somos, como un derecho que cree tener sobre nosotros.

– En el perfil que se ha visto asociado a estos agresores, hay fuerte ira y angustia contenidas, aislamiento, vergüenza de sí mismos, sentimientos de inferioridad, incapacidad de confiar en los demás. El manejo de la intimidad para éstos es sumamente difícil, por lo cual,  su vía de escape es el exterior, no la vivencia de sus emociones internas. Clasifican a los demás en si están o no en su contra.

– Suele ser frecuente que experimentemos una sensación de que algo va mal, incluso antes de que podamos identificar qué o en qué sentido, pero la seducción perversa, la manipulación es muy sutil y culpabilizadora. Si el entorno no nos ayuda a validar y apoyar esta realidad, será más difícil.

No existe un secreto mágico para evitar “el amor que duele”, pero es fundamental estar alertas y darle importancia a las dudas, las observaciones de amigos y familiares, las “pequeñas amenazas”, la información de su pasado, etc. No olvidemos que estas sutiles incomodidades son las primeras señales para darnos cuenta y despertar de una relación abusiva, que no desaparecerá ni cambiará mágicamente, sino que puede convertirse en una larga historia de sufrimiento, daño de nuestra autoestima y pérdida de la libertad. ¡No esperemos a que sea tarde, busquemos ayuda y acabemos con este amor que duele!