El trastorno de evitación experiencial y el teléfono móvil

25 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
La relación de algunas tecnologías con la evitación del malestar es bastante clara. En este sentido, el teléfono móvil es un instrumento que nos empuja a ser más impacientes, más intolerantes y menos flexibles.

El trastorno de evitación experiencial es uno de los conceptos centrales de las terapias de tercera generación, en particular de la terapia de aceptación y compromiso. Es bastante común que aparezca en nuestra sociedad actual, teniendo en cuenta que vivimos en la cultura del bienestar y la inmediatez.

Cuando alguien padece de evitación experiencial, lo que ocurre es que no cesa en dar los pasos encaminados al bienestar inmediato, aunque se trate de un resplandor efímero. Se preguntará el lector que por qué encaminarnos a este hedonismo no es aconsejable, cuando el momento cobra valor ante una experiencia vital finita e indeterminada.

Ahí reside justamente el problema, en las ideas que la cultura y la sociedad pretenden grabar en nuestra mente. Se nos alecciona para que estemos felices la mayor parte del tiempo, evitando cualquier malestar, aunque sea pequeño.

La idea central es: «Niegue sus emociones negativas, no tolere la incomodidad, sea feliz siempre«. De este modo, creamos tecnologías que nos ayuden a tener una vida más cómoda, pensando que esa será la solución a nuestros problemas, como el teléfono móvil.

¿Nos acordamos de cuando nuestras abuelas tenían que ir a lavar la ropa a una pila y ponerla a secar al sol? Hoy día eso se acabó, tenemos lavadora y secadora. ¿Podemos rememorar aquellos tiempos en los que para hablar con alguien por teléfono tenías que esperar a estar en casa y que la otra persona también estuviese en su casa para atenderte? Eso ya no ocurre, tenemos el teléfono móvil y el Whatsapp.

Esto, inevitablemente, nos ha vuelto menos tolerantes y menos flexibles. Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo ahora y soportamos con dificultad que no sea de este modo.

Personas con móviles en las manos

¿Cómo alimenta la evitación experiencial el teléfono móvil?

El teléfono móvil es un aparato muy útil, favorable para nuestros intereses si lo utilizamos con cabeza. En él solemos tener almacenados datos e información sobre importantes parcelas de nuestra vida, como son el trabajo, la vida personal o los estudios. Al perder el teléfono móvil extraviaríamos muchísimos recursos útiles: contactos, notas, mensajes, etc.

El problema del teléfono móvil es un instrumento que nos acompaña en la evitación experiencial. La comodidad que otorga en todos los sentidos es tan amplia que acabamos por convertirnos en personas intolerantes con la incertidumbre, la no inmediatez o la no información.

De este modo, a veces ocurre que nos enfadamos enormemente porque nuestra pareja no nos ha contestado al Whatsapp de manera inmediata. O bien, si queremos saber algo de alguien que esté en nuestra red podemos hacerlo ahora mismo, sin necesidad de concretar una cita.

El teléfono móvil nos vuelve impacientes y la paciencia es una cualidad sumamente valiosa. Aunque poseamos tal aparato, no dejamos de movernos y convivir con una vida incierta, en la que muchas recompensas o refuerzos solo se dan dilatados en el tiempo. El móvil nos otorga esta falsa sensación de control que tanto hace vibrar al ser humano.

Una de las consecuencias de esto es que terminamos siendo adictos. El teléfono móvil se acaba convirtiendo en la herramienta que tapa los surcos de la incomodidad que detestamos. Esto desemboca en la no experiencia del mundo real, con sus más y sus menos y, en consecuencia, en vivir un poco menos.

Mujer mirando el móvil

¿Qué podemos hacer para no sufrir evitación experiencial a consecuencia del móvil?

Si sentimos que aumenta nuestra dependencia del teléfono móvil para estimularnos, paliar la incertidumbre, saber resultados que se actualizan de forma constante, etc., es probable que estemos enganchados a ese bienestar inmediato que esta tecnología nos brinda. 

Teneos que saber que este bienestar dura muy poco tiempo, apenas unos minutos u horas, por eso volvemos a quedarnos anclados al teléfono tiempo después de forma reiterativa.

La «labor de vigilancia» que hacemos con el teléfono sólo refuerza nuestra intolerancia e impaciencia. En ocasiones supone un obstáculo para aprender a gestionar emociones que pueden ser incómodas.

Por lo tanto, la primera estrategia es llevar a cabo un control estimular. Una buena idea es establecer tiempos dedicados a la consulta del teléfono; un tiempo para ojear las redes sociales, responder e-mails o realizar llamadas. Si aparece el impulso de cogerlo antes, lo ideal es intentar retrasar esa compulsión cinco minutos más para tomar distancia de ese deseo o craving.

Otra estrategia es desconectar de algunas aplicaciones innecesarias o reducirlas a solo un momento del día o de la semana. La idea es desintoxicarse de ellas durante un tiempo, para poder vernos a nosotros mismos que somos capaces de vivir la vida sin ellas.

Por último, es aconsejable dejar el móvil en casa cuando vamos a salir a hacer algunos planes y en principio, no esperamos ninguna llamada importante. Por ejemplo, si salimos al supermercado a comprar -de este modo, cuando estemos en la cola para pagar en lugar de sacar el móvil, toleraremos la experiencia de no hacer nada-.

¿Te parecen recomendaciones muy complicadas? Si te parecen casi un abismo seguramente estés inmerso en la evitación experiencial a consecuencia del móvil. Por lo tanto, este artículo es para ti. ¿Te atreves a desarrollar formas y medios de disfrutar más allá de una tecnología?

  • Ruiz, M.A., Díaz, M. I., Villalobos, A. (2012). Manual de Técnicas de Intervención Cognitivo Conductuales. Desclée De Brouwer, S.A