Intolerancia al fracaso: 5 claves para combatirla

Francisco Pérez · 2 febrero, 2018

Existen personas que son incapaces de tolerar cualquier mínimo contratiempo o molestia. Cuando sus deseos no son satisfechos, sienten un gran malestar; cuando sus proyectos no llegan a buen puerto, podemos identificar en ellos una marcada intolerancia al fracaso. Esto también les ocurre cuando experimentan sensaciones o sentimientos desagradables.

Es normal que a nadie le guste sentirse frustrado o fracasado. Sin embargo, la vida no es perfecta. A todos nos gustaría que todo saliera tal y como lo hemos previsto o deseado, pero la realidad es otra. Hay una frase que reza “la vida no es como tú quieres que sea, la vida es como es”. Sin embargo, por muy acertada esa afirmación, existen muchas personas que no lo creen así.

Todo lo queremos ya, sin esperas, de forma inmediata. Además, aquello que esperamos que suceda debe suceder de forma agradable o satisfactoria para nuestros intereses. Sí, así lo creemos. O, al menos, muchos así lo piensan, y con esta forma de pensar construyen todos aquellos esquemas (representaciones del mundo) con los que trabajan.

La vida no es como tú quieres que sea, la vida es como es

Todos hemos escuchado alguna vez aquello de “debes de ser feliz” o “no debes sentirte triste”. Cuando se utiliza el verbo “deber” hay que tener mucho cuidado. ¿Por qué? Os estaréis preguntando. Bien, porque nada debe ser de una determinada manera. Las cosas son como son, por mucho que pensemos que deberían ser. El deber, en todo caso, puede motivar un cambio, o desmotivarlo, pero en ningún caso lo produce.

Si pensamos lo contrario, pasaremos nuestro tiempo saltando de insatisfacción en insatisfacción, de frustración en frustración. Pensemos, por ejemplo, cómo deberían ser nuestras vidas. ¿Nuestras vidas deberían ser perfectas placenteras, agradables o exitosas? No. No deberían serlo por el simple motivo de que, de hecho, no lo son. Podemos afanarnos en acercarnos lo máximo posible a ello, pero tolerando el trecho que siempre nos va a quedar por cubrir, aceptándolo como una parte del juego.

Pareja enfadada

Nuestras vidas se mueven en torno a infinitos tonos de grises. Raramente son blancas o negras, perfectas o nefastas. Y si esto es así, entonces, ¿por qué seguimos pensando lo contrario?

El deber, un peligroso enemigo

¿Qué significa el verbo deber? Según el diccionario, deber significa “estar obligado a algo por la ley divina, natural o positiva”. Yo creo que debe salir el sol todos los días, pero no creo que deba de hacer siempre buen tiempo.

Cuando decimos que algo debe ser de una determinada manera, estamos utilizando de alguna manera el impositivo. Estamos diciendo que nuestro entorno (personas, animales, objetos, etc.) tienen que cumplir de alguna manera con una premisa. Lo que nosotros decimos, como si fuéramos dictadores de leyes universales. Pero lo cierto es que, por mucho enmascaremos nuestros deseos con este tipo de fórmulas (posibilidad–>obligación), se van a seguir cumpliendo en un porcentaje similar (salvo que implementemos otro tipo de cambios).

¿Y por qué? Porque por mucho que nosotros lo digamos, si el medio no reconoce la obligación que nosotros imponemos, no sirve de nada. Bueno, sí, sirve para que nos frustremos más o nos sintamos más pequeños y desgraciados. ¡Oh, el mundo no nos obedece!

Por otro lado, hay personas que dicen “debes ser una buena persona” o “no debes sufrir por esto”. Atención, ¡peligro! ¿Dónde está escrito que yo deba cumplir con los criterios que para ti definen a una buena persona? A veces seré buena persona para ti, pero otras no. A veces sufriré por algo, otras veces no.

El deber está en el origen de la intolerancia al fracaso

La intolerancia al fracaso es una de las causas por las que las personas lo pasan muy mal. Pensemos en un niño que coge una rabieta porque no le han comprado el dulce que tanto le gusta. Llora, patalea, grita, se enfurece. En la mente del niño aún no está escrito que las cosas no siempre deben salir como a él le gustaría. Por eso hay que enseñarle a canalizar sus emociones.

De adultos, ya tendríamos que haber aprendido a tolerar la desobediencia de la realidad, el hecho de que no siempre se pliegue a nuestros deseos, por mucho que estos sean nobles. En sí, la bondad o la maldad de un deseo no aumenta las probabilidades de que se cumpla.

Por otro lado, algunas personas han sido educadas de forma que los imperativos como “deberías de…” han reinado en su educación. Otras personas han aprendido a no tolerar el fracaso o la frustración por medio de experiencias, cosas que han les han ocurrido y les han hecho pensar así permanentemente.

El gran psicólogo Albert Ellis dejó escrito lo siguiente: “Mientras que la persona menos perturbada desea firmemente lo que quiere y lo siente de forma apropiada y se molesta si sus deseos no quedan satisfechos, la persona más perturbada exige, insiste, impera u ordena dogmáticamente que sus deseos se satisfagan y se pone exageradamente angustiada, deprimida u hostil cuando no quedan satisfechos”.

Como vemos, no hay nada de malo en molestarse si algo no sale como queremos. Lo que no es sano es exigir, insistir u ordenar como si de un dogma se tratara.

Mujer culpando a su novio y haciendo una proyección psicológica negativa

Creencias de las personas con baja tolerancia al fracaso

Las personas con intolerancia al fracaso han aprendido a pensar y comportarse de una manera determinada. Tienen una serie de creencias que están condicionando su manera de ver el mundo y de interpretar la realidad. Estas creencias son las siguientes:

  • Creen que es absolutamente necesario que la vida sea siempre fácil y cómoda.
  • Confunden un deseo con una necesidad.
  • Tienen que obtener siempre todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten.
  • Piensan que cualquier dificultad, demora, fracaso, etc. es demasiado horrible para soportarla.

Las personas con intolerancia al fracaso exigen y ordenan, tienen poca paciencia y confunden deseo con necesidad.

5 claves para combatir la intolerancia al fracaso

Aunque hayamos sido educados en términos de “debería” o tengamos creencias parecidas a las anteriores, existen algunas medidas que podemos tomar para combatir la intolerancia al fracaso. Son las siguientes:

Identifica tus creencias irracionales

Cuando te encuentres frustrado, intenta analizar aquello que te estás diciendo a ti mismo. ¿Qué pensamientos estás teniendo? Sé consciente de ellos y apúntalos en un papel.

Lo más seguro es que en tu diálogo interior aparezcan palabras como “debería”, “siempre”, “nunca”, “no puedo soportarlo”, etc. Estos, y no otros, son los causantes de tu sufrimiento.

Modifica tus creencias irracionales

Una vez que hayas identificado aquello que te dices a ti mismo y que no te ayuda, es hora de hablarte de otra manera y cambiar tu forma de pensar. Es un proceso que requiere de muchos ensayos, pero merece la pena.

Para ello, utiliza palabras tales como “me gustaría”, “es incómodo pero puedo soportarlo”, “a veces”, etc. Se trata de sustituir tus creencias irracionales por otras creencias más adaptativas.

Enfréntate a las situaciones que no toleras

Exponerse a las situaciones que nos provocan frustración puede ser una buena estrategia. Realiza una lista de esas situaciones. Anota cómo te afectan.

Una vez las hayas identificado, comprométete a hacerles frente. Para ello, provoca esas situaciones y no hagas nada por evitar la incomodidad que te generan. Con el tiempo, tu tolerancia irá aumentando y te sentirás cada vez mejor.

Mujer andando que ha dad las gracias y ha dicho adiós

Si es posible, toma medidas para que no vuelva a ocurrir

Esto puede parecer de cajón pero a veces no reparamos en ello. Se trata de proponer soluciones para que las situaciones no te desborden y no te frustren.

Por ejemplo, deja de mirar el reloj la persona con la que has quedado llega tarde. Puedes hacer algo provechoso mientras tanto. En definitiva, se trata de modificar el foco de atención para reducir tu sensación de frustración.

Diferencia un deseo de una necesidad

Una cosa es necesitar una casa más grande, por ejemplo, y otra cosa distinta es desearla o tener ciertas preferencias. Cuando yo necesito algo, si no lo tengo entonces aparece el malestar. Si lo prefiero, puedo sentir malestar, pero será más leve.

Son pocas las cosas que realmente necesitamos en la vida. Diferenciar aquello que necesitamos de aquello que nos gustaría tener o que pasase es fundamental para evitar sentirnos fracasados o frustrados.

En la vida es muy complicado evitar las dificultades y las frustraciones. Todos fracasamos alguna vez. Forma parte de la vida y es totalmente normal. Por ello, debemos aprender a manejar la frustración y a darnos permiso para fracasar. De esta forma, tendremos una vida más orientada a la realidad y nos sentiremos mejor.