¿Sabes en qué consiste la Terapia Racional Emotivo-Conductual de Ellis?

Francisco Pérez · 9 julio, 2017

En 1955, Albert Ellis creó la terapia racional emotivo-conductual. Albert Ellis fue el fundador y presidente emérito del Albert Ellis Institute, en la ciudad de Nueva York. Llegó a ser considerado el segundo de los psicoterapeutas más influyentes de la historia, por delante incluso de Sigmund Freud.

En 1953, Ellis encontró al psicoanálisis como poco filosófico e ineficaz. También rechazó casi por completo a la terapia de conducta. Así, entre 1953 y 1955 empezó a cargar sus armas terapéuticas con grandes cantidades de filosofía y de desensibilización en vivo. De esta forma llegó a convertirse en un auténtico terapeuta racional emotivo-conductual.

Al principio, la terapia racional emotivo-conductual era muy sencilla y quizá por eso en un primer momento no alcanzó las cotas de popularidad que ha terminado alcanzando después. Se trata de un método de psicoterapia breve que pretende ayudar a las personas a conseguir un intenso cambio profundo, especialmente a nivel emocional.

La terapia racional emotivo-conductual ha demostrado ya de una forma experimental que, a menudo, (¡no siempre!), las personas pueden mejorar significativamente en un período relativamente corto de tiempo (de 10 a 20 sesiones).

Desde luego, la terapia racional emotivo-conductual no es la única terapia intrínsecamente breve e intensa. El problema y a la vez lo positivo de esta terapia estriba en imaginar un tratamiento psicológico que incluya tanto brevedad como intensidad, ¡e intentar que no dé peores resultados!

“Hay tres monstruos que no nos permiten avanzar: tengo que hacerlo bien, tienes que tratarme bien, y el mundo debe ser fácil”.

-A. Ellis-

hombre subiendo una escalera formada por globos

¿Qué es exactamente la terapia racional emotivo-conductual?

Bien, veamos. Las personas vivimos inmersas en un contexto, tanto físico como social. Además nos pasamos el día persiguiendo metas o actuando con un determinado propósito:

  • Permanecer vivos, en movimiento y disfrutar.
  • Disfrutar de la vida, tanto en solitario como en colectividad.
  • Mantener relaciones de intimidad con determinadas personas.
  • Hallar un sentido a la vida a través de la educación y la experiencia.
  • Inventar y llevar a cabo objetivos que vislumbren una vocación.
  • Disfrutar del ocio y del juego.

Entre otros, ¡claro!

El modelo ABC

Sin embargo, al perseguir esos propósitos nos encontramos con un acontecimiento o adversidad que nos bloquea y que puede hacernos sentir fracasados o bloqueados. Este acontecimiento es denominado por Ellis con la letra A.

Cuando este acontecimiento ocurre, las personas pueden experimentar una consecuencia saludable y útil. Sin embargo, también pueden consecuencias destructivas o no saludables. Estas consecuencias son denominadas con la letra C.

¿Qué pasa con la letra B? La letra B sirve para denominar las creencias o pensamientos de la persona. En este sentido, existen dos tipos de creencias para Ellis: las creencias racionales y las irracionales.

Creencias racionales y creencias irracionales

Las creencias racionales (RB) ayudan a que nos enfrentemos a los acontecimientos desagradables (A). Suelen consistir en preferencias, esperanzas o deseos. Por ejemplo, “espero que no ocurra tal desgracia, pero si sucede podré enfrentarme a ella y todavía tendré oportunidades para ser feliz”. O también: “Realmente preferiría gustarle a Juan, pero si no, igualmente podré llevar una buena vida”.

“Enseñamos a la gente a dañarse a si misma. No podemos cambiar el pasado, así que cambiemos cómo las personas piensan, sienten y se comportan hoy”

-A. Ellis-

Mujer con pensamientos irracionales

Las creencias irracionales (IB) ayudan a crear sentimientos y acciones que sabotean su posibilidad de afrontamiento de un determinado A desagradable. Suelen consistir en afirmaciones absolutistas del tipo debería de, tendría que, tengo que, etc.

Las tres afirmaciones abosolutistas básicas generadoras de problemas psicológicos son las siguientes:

  • Debo, absolutamente, tener éxito en la mayoría de mis actuaciones y relaciones. De no ser así, como persona soy alguien inadecuado e inútil”.
  • “El resto de la gente debe, absolutamente, tratarme con consideración, justicia, respeto y amabilidad. De lo contrario, no son tan buenos como dicen y no merecen alcanzar la felicidad mientras vivan”.
  • “Las condiciones bajo las que vivo deben ser absolutamente confortables, placenteras y valiosas. De lo contrario, será algo horrible, no lo soportaré y todo este maldito mundo será asqueroso”.

Los 3 supuestos principales de la terapia racional emotivo-conductual

Los 3 supuestos principales (que no únicos) o principios (o insights, según los llamaba Ellis) utilizados por la terapia racional emotivo-conductual desde inicios de los años sesenta son los siguientes:

  • Supuesto nº 1. Los acontecimientos activadores (A) que son vistos como adversos o desagradables contribuyen de forma importante a desarrollar consecuencias neuróticas (C). Sin embargo, ello no implica que sean las únicas causas de este neuroticismo. Probablemente, la causa principal sea la B, es decir, las creencias absolutistas e imperativas que la gente tiene sobre A. B interactúa de forma importante con A para que C se produzca.
  • Supuesto nº 2. Cuando las personas piensan, sienten o actúan de una forma neurótica (con actitud derrotista hacia uno mismo y hacia los demás), nos encontramos con que han elaborado esas creencias irracionales (IB) ante acontecimientos activadores desagradables (A) ya en la primera infancia. Sin embargo, es posible que más adelante no se comporten así. Cuando se generan síntomas en el presente lo que están haciendo es recrear, restablecer y readoctrinarse a ellos mismos con sus creencias irracionales. De esta manera mantienen o exacerban sus problemas. Sus pensamientos, sentimientos y conductas del pasado no tienen por qué permanecer hoy. Las personas están continuamente modificando y reconstruyendo activamente este sistema de creencias.
  • Supuesto nº 3. Por lo general, a las personas les resulta sencillo y fácil descubrir las creencias irracionales específicas (IB) que acompañan a la conducta neurótica. Casi siempre es posible discutirlas y cambiarlas por creencias más funcionales… y para hacerlo se requiere una buena dosis de trabajo constante así como de paciencia. Sí, no es magia. Es cuestión de trabajo y práctica.

“La persona emocionalmente madura debe aceptar por completo el hecho de que vivimos en un mundo de probabilidades y de azar, donde no hay, ni probablemente jamás habrá, certezas absolutas, y debe darse cuenta de que no es para nada horrible”

-A. Ellis-

Psicólogo con paciente en su consulta

Dentro del amplio campo de las psicoterapias de orientación cognitivo-conductual, las propuestas de Ellis han sido especialmente útiles en el abordaje de la ira, ansiedad, las frustraciones, la fobia social, la timidez y las disfunciones sexuales.

El impacto de la terapia racional emotivo-conductual ha influido a muchas otras teorías cognitivo-conductuales como la terapia del comportamiento racional de Maxie Clarence Maultsby, Jr., la terapia multimodal de Arnold A. Lazarus y la terapia cognitiva de Aaron T. Beck.

Si queréis conocer un poquito más sobre estás creencias irracionales, podéis consultar el artículo que hicimos hace un tiempo sobre ellas.