El trastorno límite y la relación con los perros

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
16 julio, 2019
Para las personas con trastorno límite de personalidad, los perros pueden constituir una ayuda valiosa. Pueden abrirles las puertas a una seguridad en el intercambio social que de otra manera verían restringida.

Las personas con trastorno límite de la personalidad suelen sentir un gran vacío interior, en muchos casos fruto de experiencias disfuncionales en la infancia. Cuando se les pregunta por su historia, se puede comprobar que en un gran número de personas se repite el mismo patrón: padres poco disponibles, carencia de afecto o atenciones, invalidación de necesidades emocionales, etc.

No solo el ambiente invalidante es responsable de la génesis del trastorno límite de la personalidad. La genética tiene un papel sustancial que hay que tener en cuenta. Lo cierto es que al final, el paciente se siente roto por dentro, perdido, ahogado en la desesperanza.

El miedo a un posible abandono es tan grande que para confirmar sus propias creencias tienden a la autodestrucción y, por lo tanto, a alejar a las personas que les quieren.

Hay que tener en cuenta que los pacientes con trastorno límite tienen una sensibilidad extrema y sienten un profundo dolor emocional cuando se les contradice o se les frustra de algún modo.

Los perros o mascotas a los que se apegan no les juzgan y no van a abandonarlos. Esto genera que el paciente TLP se adhiera a ellos como medio de obtener amor sin tener que pasar por el trámite de salir herido, como les suele ocurrir en las relaciones interpersonales.

Debido a estas carencias, se ha visto que hay un gran número de pacientes que sufren de trastorno límite que se apegan a las mascotas, en particular a los perros. Es como si ese animal tapara en gran medida el profundo vacío interior que soportan cada día.

Mujer con un perro

El trastorno límite y la relación con los perros: beneficios de este vínculo

Hay más, pero vamos a enumerar y describir las aportaciones más importantes para entender cómo es la relación entre el trastorno límite y la relación con los perros:

  • Validación emocional. Al contrario de lo que puede ocurrir con las relaciones interpersonales, los animales no pueden invalidar emocionalmente al paciente con TLP. La invalidación emocional pasa por negarle al paciente sus propias emociones. Normalmente el entorno familiar de la persona con trastorno límite ha tendido a la invalidación, diciéndole al paciente frases del tipo: «No deberías tener sed, acabas de beber» o «No entiendo por qué lloras todo el tiempo si lo tienes todo». Un perro, por el contrario, no puede hacer esto, lo que genera que la persona se siente aceptada y validada totalmente.
  • Carencia de juicio. Una mascota no puede juzgar a su dueño. En primer lugar, porque no dispone de un lenguaje para expresarlo y en segundo lugar, porque no alberga las creencias culturales y sociales que sí tenemos los humanos. Estas creencias, estereotipos o prejuicios son a veces las responsables de los juicios que hacemos hacia los demás. Los pacientes con TLP sufren un dolor emocional insoportable cuando se les emite un juicio sobre algún comportamiento y esto les hace fracasar en las relaciones. Por lo tanto, el perro o la mascota que escojan les puede aportar gran calma al no tener que enfrentarse a ningún juicio sobre su persona.
  • Acompañamiento. El perro puede aporta una gran compañía al paciente que sufre de TLP. Aunque la persona se sienta desgraciada, esté llorando o esté en un momento de inestabilidad, el perro se mantendrá a su lado, como ya hemos dicho anteriormente, sin juzgar. El acompañamiento que aporta el perro se traduce en afecto y calor. En ocasiones, estos pacientes necesitan precisamente esto para volver a equilibrarse. En este sentido, los perros pueden hacer una gran laboral en lo relativo a la regulación emocional de los pacientes.
  • Amor incondicional. Los perros aportan amor sin necesidad de recibir nada a cambio. Como los pacientes con TLP tienen una autoestima muy baja, los perros pueden suplir esta carencia, ayudando a que se sientan mejor. Muchos de los comportamientos de los pacientes con TLP se llevan a cabo precisamente en búsqueda de cariño, afecto y comprensión. El problema es que en muchos casos producen el efecto contrario y las personas terminan por repudiar al paciente y alejarse. Frente a esta dinámica, el perro va a darle amor incondicional al dueño con TLP siempre, aunque no esté en su mejor momento.

Mujer llorando junto a su perro

Desventajas de los perros para el paciente TLP

Aunque los pacientes con TLP tienen un apego especial hacia los perros, también es cierto que no todos son ventajas. El perro puede pasar a convertirse en un amortiguador de emociones, actuando como una especie de tirita emocional.

La misión que llevan a cabo es tapar las emociones disfuncionales y dolorosas del paciente. Esto está bien en primera instancia, pues ayuda al paciente con TLP a regularse y a sentirse emocionalmente mas estable -algo que es un objetivo prioritario de cualquier tratamiento psicológico con esta población-.

El problema es que esta relación perro-paciente, la persona se puede volver dependiente, haciendo que el paciente no se enfrente a otras situaciones de carácter interpersonal. Se corre el riesgo de que la persona se encierre en la relación con su animal.

Por tanto, será necesario «utilizar» la relación de manera prudente. La idea es maximizar los beneficios que la mascota puede aportar, pero sin que las emociones dependan de ella. La persona con TLP también debe marcarse objetivos relacionales con personas de su entorno, estar dispuesto a frustrarse a veces o a recibir críticas y aprender a gestionarlas y afrontarlas.

Otra desventaja de estas relaciones de apego con la mascota es afrontar el hecho de que fallezca mucho antes que el paciente. Esto puede desembocar en una gran crisis con todo lo que esto supone -ideas de autólisis, impulsos, agresividad, disforia intensa…etc-

Por lo tanto, como en todo, existirá un punto de equilibrio en el que resida la virtud. Los pacientes con TLP pueden beneficiarse de contar con la compañía de un animal, pero también se debe prestar un cuidado especial para no generar un apego tóxico que se convierta en sustituto de una regulación emocional eficiente.

El trastorno límite y la relación con los perros es un tema muy interesante en el que aún quedan muchas facetas que descubrir. No obstante, sabemos que si el vínculo es equilibrado puede ayudar mucho a la persona con este trastorno.

  • Frías, A. (2017). Vivir con trastorno límite de la personalidad. Una guía clínica para pacientes. Serendipity. Desvele de Brouwer.