El viaje de la mujer heroína

Sonia Budner · 11 agosto, 2018

El viaje de la mujer heroína, como todo viaje arquetípico de héroes, es un proceso de individuación. El viajero emprende una aventura fuera de su mundo ordinario para enfrentarse a enemigos y dragones. El héroe va superando pruebas con la ayuda de un mentor, real o sobrenatural, que le prepara para enfrentarse a los desafíos.

En el camino encontrará pruebas decisivas, algunas a vida o muerte. También hay recompensas y un camino de regreso, que tampoco está exento de dificultades. Los héroes se toparán con sus propias sirenas que tratarán por todos los medios que abandonen el camino. Es un viaje de la psique humana con unas etapas, reales y simbólicas, que no son comunes a todos y que pasan por la separación de la madre y la aceptación del padre entre otras.

Este viaje arquetípico consiste en llegar a ser quienes realmente somos, transformando la visión que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Es una búsqueda de un sentido más trascendente de la vida y un anhelo por manifestar nuestra propia naturaleza. Fue el mitólogo e historiador Joseph Campbell quien a mediados del siglo XX popularizó el término en su libro El Héroe de las Mil Caras.

El viaje de la mujer heroína: las diferencias

El viaje del héroe, también conocido como monomito, contiene patrones válidos tanto para hombres como para mujeres. Es un camino siempre difícil y a nosotras se nos añade un extra: tener que emprenderlo en el contexto de “un mundo de hombres”. Las mujeres nos vemos empujadas a la búsqueda de nuestra propia identidad en un entorno donde lo femenino es definido/tratado muchas veces como un constructo dependiente, inferior y un objeto de tentación.

Estos son algunos de los dragones que debemos enfrentar si partimos en este viaje. En muchos casos, la mujer heroína comete inconscientemente el error de afrontar esta aventura tomando como referencia lo masculino. Así es como la comenzamos casi todas.

Mujer heroína

Hay una primera ruptura con el mundo ordinario por la que la mujer busca su identidad a través del éxito profesional, el poder y la “perfección” física. Estos valores son fundamentalmente masculinos, arquetípicamente vinculados al viaje ascendente del mundo del sol, del intelecto y del poder. En definitiva, al mundo del padre.

Esta es una etapa significativamente destructiva para la mujer y suele ser la antesala de un evento dramático en su vida, como una enfermedad, una pérdida importante o la ruptura de una relación. Este hecho supone un descenso a la insondable psique femenina. Es una fase crítica donde la heroína se siente extraviada, en la que siente que no controla nada. No encuentra referentes que puedan guiarla, una sensación que le produce confusión, y en ocasiones mucho sufrimiento.

Integrando lo femenino

La siguiente fase es de reencuentro con su propia naturaleza femenina y la mejora de las relaciones con otras mujeres. En esta etapa suelen darse encuentros con mujeres sabias por las que la heroína va a sentir una gran admiración. Nuevos referentes; nuevas maneras, hasta ese momento ocultas.

Lo racional ya no explica los hechos y las circunstancias en la que se ve envuelta nuestra mujer heroína. Así, comienza una etapa de encuentro con lo irracional y con el mundo subjetivo. La viajera asume la importancia de los ciclos de la naturaleza y de los suyos propios, de su cuerpo. Integra fuertemente una interrelación intuitiva con los elementos la rodean.

La felicidad y el amor son dos de los conceptos que empieza a ver desde ópticas muy diferentes. Es un periodo tremendamente creativo, con una fértil imaginación. Puede darse un reencuentro y una mejora de la relación con la madre o con otras mujeres que la simbolicen. Incluso cuando la sanación de su relación con la madre no sea posible, ocurre un reencuentro armonioso con su propia madre interna, con su propia naturaleza maternal.

Integrando lo masculino

El objetivo de esta etapa del viaje es la integración de lo masculino. La integración de todo lo aprendido en la dolorosa primera parte de la aventura. En ocasiones se manifiesta a través de un cambio en la difícil relación con el padre o con quien lo simbolice.

Se abre una fase de relaciones afectivas en las que nuestra heroína no renuncia a su propia libertad y aparecen figuras masculinas en su vida por las que se desarrolla una profunda admiración. En definitiva, hablamos de una integración armónica de los aspectos femeninos y masculinos que cuando ocurre, suele dar lugar, además, a alguna producción artística.

Mujer india con un lobo y un hombre indio

El regreso

Para las mujeres, volver de este descenso supone también una reconciliación con su propio cuerpo y su sexualidad. Hay un reconocimiento de lo sagrado de la parte femenina de todo ser humano. La mujer heroína trae toda esa sabiduría con ella a la vuelta de su propia odisea. Se ha dejado en el camino la voz interna enjuiciadora. Se han transformado valores tan importantes como el éxito o el amor romántico. La heroína vuelve con una visión simbiótica del mundo en el que vivimos y con una intuición reforzada.

Es un viaje de descenso, tenebroso y lleno de dificultades a las profundidades de nuestra propia psique. Un viaje al que no siempre queremos partir y que nunca nos encontrará preparadas. ¿Y tú? ¿Has sentido ya la llamada?