El vinculo madre hij@ se mantiene toda la vida

El vinculo madre hij@ se mantiene toda la vida

Yamila Papa 27, Junio 2014 en Psicología 7 compartidos

Una excelente campaña llamada “Latidos vitales” permitía grabar los latidos del corazón de una mujer que tuviera hijos. El video era regalado y servía para calmarse en los momentos de estrés. La prueba se realizó en personas adultos y el resultado fue sorprendente. Los latidos no sólo lograban el objetivo de tranquilizarlos, sino que además, remarcaba el vínculo inquebrantable que existe entre una madre y sus hijos.

Esto se debe a que escuchar los latidos del corazón está relacionado a nuestros primeros momentos de vida, en el vientre materno y una vez que nacemos. Cuando nos mecían para dormir, nos abrazaban para no tener frío, nos acariciaban como muestra de cariño. Nada malo podía ocurrir cuando estábamos cerca de ese pequeño tambor que retumbaba en el pecho de nuestra madre y recpercutía en nuestra tranquilidad, nuestro bienestar y hasta en los latidos del propio corazón.

Cuando un bebé nace reconoce los brazos, el regazo y el pecho de su mamá y no hay otra persona en el mundo que pueda igualar ese lazo. Durante los meses anteriores, desde la panza, ya se ha acostumbrado a ese retumbar del corazón materno, el sonido de su voz, sus movimientos, etc. A partir del momento en que la mujer da a luz, lo que aparece es un “apego”.

La madre va teniendo cada vez más seguridad en los cuidados que le brinda al bebé y éste se siente más confiado al darse cuenta que sus necesidades están satisfechas de la mejor manera. Un niño que es adoptado desde pequeño también puede experimentar el mismo sentimiento desde el momento en que su madre adoptiva lo coloca en su regazo.

Pero eso no quiere decir que el bebé no reconozca a otras personas, como ser el padre, u otras circunstancias, como por ejemplo, los peligros, los colores, las formas, etc. El pensamiento de los pequeños es más o menos así: “si mamá es confiable, cálida, segura, se interesa por mi, buscaré estas características en otros seres que me rodean, pero no me conformaré con menos”.

Cuando, por diferentes circunstancias, como ser enfermedad del niño o de la madre, problemas económicos, sociales, de pareja, etc, la relación entre ambos se ve “truncada”, el bebé no alcanzará un despertar a la vida más confiado y seguro, así como también cuando existe una sobreprotección por parte de la madre o ésta no permite que nadie más se relacione con su hijo. En estos casos, los pequeños se ven “obligados” a erigir defensas antes de tiempo, en vez de disfrutar tranquilo y calmado de lo que la vida tiene para ofrecerle.

Entonces, destacan los expertos, es fundamental que el bebé desde que nace tome contacto con otras personas más allá de la madre: el padre, los abuelos, los tíos, los hermanos, amigos de la familia, etc, pueden ser su entorno protector sin problemas. Aunque, está claro, que la mamá será la principal porque es la que puede darle de mamar, por ejemplo. De esta forma, el niño va a crecer con mayor socialización, menos miedo a lo que hay más allá y con una la “idea” de que un vínculo seguro y confiable lo pueden brindar un conjunto de personas y de características.

El apego a la madre es la base para la vida, pero además, nunca se acaba. Cuando los hijos son pequeños significa más tiempo, cuidados y atención y a medida que van creciendo se transforma en un abrazo, una demostración de afecto, un llamado por teléfono. Al llegar a la edad adulta, esto tampoco se pierde completamente, ya que los hijos siempre buscarán la comida casera, la forma en que le cosen una prenda, cómo sirven el desayuno o la forma de ordenar la casa. Basta con que un hijo pueda saber diferenciar los momentos en que recibió cada cosa de su maadre (calma, seguridad, consuelo, cuidados, amor, etc) para que el vínculo no se rompa ni se desgaste. Es más que obvio que los padres cometen errores durante la crianza, sin embargo, unos hijos agradecidos son aquellos que saben comprender las circunstancias y las razones para cada decisión.

Yamila Papa

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