El vínculo madre hij@ se mantiene toda la vida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 29 enero, 2018
Yamila Papa · 27 junio, 2014

Una excelente campaña llamada Latidos vitales permitía grabar los latidos del corazón de una mujer que tuviera hijos. El vídeo se regalaba y servía para calmarse en los momentos de estrés. La prueba se realizó en adultos y el resultado fue sorprendente. Los latidos no solo lograban el objetivo de tranquilizarlos, sino que además, remarcaba el vínculo inquebrantable que existe entre una madre y sus hijos.

Esto se debe a que escuchar los latidos del corazón está relacionado con nuestros primeros momentos de vida, en el vientre materno y una vez que nacemos. Cuando nos mecían para dormir, nos abrazaban para no tener frío, nos acariciaban como muestra de cariño.

Nada malo podía ocurrir cuando estábamos cerca de ese pequeño tambor que retumbaba en el pecho de nuestra madre y repercutía en nuestra tranquilidad, nuestro bienestar y hasta en los latidos del propio corazón.

“Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación es el corazón materno.”

-Ernest Bersot-

El corazón de una madre

Cuando un bebé nace reconoce los brazos, el regazo y el pecho de su mamá, y no hay otra persona en el mundo que pueda igualar ese lazo. Durante los meses anteriores, desde la panza, ya se ha acostumbrado a ese retumbar del corazón materno, el sonido de su voz, sus movimientos, etc. A partir del momento en que la mujer da a luz, lo que aparece es un apego.

Madres tomando con apego la mano de su bebé

La madre va teniendo cada vez más seguridad en los cuidados que le brinda al bebé y el niño se siente más confiado al darse cuenta que sus necesidades están satisfechas de la mejor manera. Un niño que es adoptado desde pequeño también puede experimentar el mismo sentimiento desde el momento en que su madre adoptiva lo coloca en su regazo.

Pero eso no quiere decir que el bebé no reconozca a otras personas como puede ser el padre, u otras circunstancias, como por ejemplo, los peligros, los colores, las formas, etc. El pensamiento de los pequeños es más o menos así: “si mamá es confiable, cálida, segura, se interesa por mi, buscaré estas características en otros seres que me rodean, pero no me conformaré con menos”.

Cuando la relación entre ambos se ve “truncada”, el bebé no alcanzará un despertar a la vida más confiado y seguro. Esa ruptura puede llegar por diferentes circunstancias, como enfermedad del niño o de la madre, problemas económicos, sociales, de pareja, etc. También cuando existe una sobreprotección por parte de la madre o esta no permite que nadie se relacione con su hijo.

En estos casos los pequeños se ven “obligados” a erigir defensas antes de tiempo, en vez de disfrutar tranquilo y calmado de lo que la vida tiene para ofrecerle.

La importancia del contacto

Madre haciendo mimos en la cama a su bebé

Destacan los expertos que es fundamental que el bebé desde que nace tome contacto también con otras personas más allá de la madre. El padre, los abuelos, los tíos, los hermanos, amigos de la familia, etc, pueden ser su entorno protector sin problemas. Aunque, está claro, que la mamá será la principal porque es la que puede darle de mamar, por ejemplo.

De esta forma, el niño va a crecer con mayor socialización, menos miedo a lo que hay más allá y con una la “idea” de que un vínculo seguro y confiable lo pueden brindar un conjunto de personas y de características.

El apego a la madre es la base para la vida, pero además, nunca se acaba. Cuando los hijos son pequeños significa más tiempo, cuidados y atención y a medida que van creciendo se transforma en un abrazo, una demostración de afecto, una llamada de teléfono.

Al llegar a la edad adulta, esto tampoco se pierde completamente. Los hijos siempre buscarán a la madre a través de la comida casera, de la forma en que le cosen una prenda, cómo sirven el desayuno o la forma de ordenar la casa.

“La más bella palabra en labios de un hombre es la palabra madre, y la llamada más dulce: madre mía.”

-Khalil Gibran-

Basta con que un hijo sepa diferenciar los momentos en que recibió cada cosa de su madre (calma, seguridad, amor, etc) para que el vínculo no se rompa ni se desgaste. Es más que obvio que los padres cometen errores durante la crianza, sin embargo, unos hijos agradecidos son aquellos que saben comprender las circunstancias y las razones para cada decisión.