Emilio Lledó y su viaje por la pasión del saber

Pedro González Núñez · 5 agosto, 2016

“Necesitamos las Humanidades para hacernos quienes somos, para saber qué somos”. Con esta rotundidad y con su estilo comunicativo siempre cercano y dicharachero transmite Emilio Lledó su pasión por el conocimiento y las diferentes ramas del saber.

Porque la mente de Emilio Lledó, pese a sus 88 primaveras, sigue siendo una de las más claras y lúcidas de la lengua española. Un hombre cuya trayectoria y filosofía han alumbrado a miles de personas que hemos disfrutado con sus obras.

Quién es Emilio Lledó

Emilio Lledó Íñigo es un filósofo español nacido en el barrio de Triana, en Sevilla, allá por 1927. A punto de cumplir los 89 años, sigue activo como miembro de la Real Academia Española en el sillón “l” minúscula.

Emilio Lledó

Lledó ha impartido clases en diferentes universidades, como Barcelona, Madrid, Heidelberg o La Laguna. Además, es autor de un buen número de obras, entre las que destacan “Elogio de la infelicidad” o “Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática”.

A lo largo de su vida, el germen de la filosofía tomó cuerpo en su mente desde muy joven, pues ya en 1952 se licenciaba en esta materia apoyado por Julián Marías. Además, amplió sus estudios en Alemania bajo la tutela de pensadores como Karl Löwith u Otto Regenbogen.

La pasión del saber en el pensamiento de Emilio Lledó

Para Emilio Lledó, la vida es en sí misma una fuente incesante de experiencias. Hemos de ser capaces de aprender a mirar para asombrarnos de la naturaleza que florece a nuestro alrededor. Árboles, luz, mar o tierra son fuentes de conocimiento incesante.

Como buen estudiante de los filósofos clásicos, aprendió pronto a descubrir con asombro todo cuanto les rodea. A Lledó le apasiona la capacidad de aquellos primeros pensadores que comenzaron a especular y teorizar sobre el mundo en el que habitaban.

Pero además, este filósofo es capaz de conectar aquellos primitivos intentos de teorización de cuanto nos rodea con el mundo tecnológico que utilizamos continuamente. La posibilidad de experimentar actualmente se la debemos a los pensadores del pasado que iniciaron corrientes de pensamiento que todavía hoy tienen plena vigencia, y eso es maravilloso.

Hoy en día podemos usar todo el conocimiento que hemos acumulado a lo largo de las eras para unirnos con el mundo en el que vivimos. Esa es la forma en que cada persona puede encontrar su luz interior y observar qué somos, quiénes somos y qué nos hemos transformado con el paso de toda una existencia.

“La raíz del mal está en la ignorancia, el egoísmo, la codicia”.

-Emilio Lledó-

La luz interior

Para Lledó, la luz interior produce una enorme dicha. El descubrimiento de nuestros propios sentimientos, el gozo del conocimiento y la maravillosa capacidad de ir siempre un poco más allá y estar siempre en proceso de aprendizaje de este mundo fantástico que nos rodea.

Corazón de un apersona

Por ello, él propone una nueva forma de mirar el mundo. Una manera más personal, más crítica, más profunda, más llena de ansias por aprender, por saber y por conocer cuanto hay de bello en nuestra realidad.

Porque Lledó estima que hay muchos significados que todavía no somos capaces de tocar como sucedió antaño. Sin embargo, sí que podemos percibirlos con los sentidos gracias a esa luz interior que nace en el corazón del lenguaje y nos permite la comunicación entre humanos transformando sentimientos en palabras.

De repente, en origen, voces y aire empezaron a tomar forma y convertirse en palabras, lenguaje y semántica. De pronto, el agua, el aire o el fuego tenían algo que las distinguía de otros elementos, un nombre.

Emilio Lledó hoy

Por eso Emilio Lledó nos hace una invitación sincera al mundo de las Humanidades a través de las cuales podremos conocer nuestro pasado, presente y futuro. Su estudio nos permite aprender, comunicar y saber quiénes somos a través de nuestro propio origen y evolución.

“La riqueza de un pueblo no es la del suelo, sino la del cerebro”.

-Emilio Lledó-

Solo así seremos capaces de observar con pensamiento crítico, pero a la vez feliz, todo cuanto el ser humano ha logrado hacer hasta llegar a nuestro presente. Un ideal de memoria colectiva a la que somos invitados como participantes a través de una mente lúcida y clara, la de Emilio Lledó.