Enfermedad y culpa: ¿cuál es su relación?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 junio, 2018
Fátima Servián Franco · 27 junio, 2018

Enfermedad y culpa es un macabro binomio que afecta a las personas que además de enfrentarse a problemas de salud, tanto físicos como psicológicos, tienen que soportar el hecho de estar enfermos. Preguntas como ¿por qué a mi? o ¿seré lo suficientemente fuerte? suelen ocupar la mente de las personas afectadas originando verdaderos problemas emocionales. Incluso, también es común la creencia de tener la enfermedad porque son débiles.

La culpa es una forma particular de miedo. Si esta es cultivada desde nuestra más temprana infancia puede llegar a bloquear nuestro desarrollo emocional provocando estragos en la salud. La autocondena, la autoinvalidación y un sentimiento de insuficiencia anidan en las personas que se culpan de sus enfermedades.

Además, el sentimiento de culpabilidad suele ser un programa inconsciente que condiciona nuestras vidas y nos hace vivir situaciones de sufrimiento. Subyace en conductas autodestructivas, en fracasos repentinos e inexplicables, en la pérdida de relaciones valiosas y fuentes de trabajo y de logros. Y si además, se padece de una enfermedad todo esto puede agravarse.

“De noventa enfermedades, cincuenta las produce la culpa y cuarenta la ignorancia”.

-Paolo Mantegazza-

Enfermedad y culpa en los trastornos mentales

Si hay algunas enfermedades que se relacionan especialmente con la culpabilidad, esas son los trastornos mentales. Estos no reciben la comprensión y el apoyo que sí tienen las personas con problemas físicos, como el cáncer o la esclerosis múltiple.

Mujer triste sintiendo culpa

Los trastornos mentales, al igual que el resto de enfermedades, no son algo que una persona elija. Además del sufrimiento y de la incomprensión de gran parte de la población, hay que sumarles el miedo y desprecio de los demás, que no son capaces de entender lo que sucede.

El dolor psicológico y el sufrimiento emocional son menos dramáticos que el dolor físico, pero son más comunes y también más difíciles de soportar. Ahora bien, las personas con desórdenes mentales no son monstruos.

El estigma psiquiátrico es tal vez el factor más significativo que influye negativamente en el proceso de búsqueda terapéutica y rehabilitación. Interfiere con el acceso al tratamiento y acatamiento de las prescripciones médicas, obstaculizando una efectiva reintegración social y la vuelta a una vida normal.

Además, el estigma y la exclusión social contribuyen significativamente al sufrimiento individual, el cual puede empeorar aun más la evolución y pronóstico de la enfermedad. Por un lado, lo hace como un atributo individual que vincula a la persona con trastornos mentales a ciertas características indeseables o estereotipos negativos; y por otro, como un producto socialmente construido por la adjudicación de estereotipos y de rechazo por el grupo o la sociedad más amplia.

“La salud mental necesita una gran cantidad de atención. Es un gran tabú final y tiene que ser encarado y resuelto”.

-Adam Ant-

Enfermedad y culpa, ¿por qué los enfermos se sienten culpables?

¿Cómo una persona puede a llegar a sentirse culpable por estar enferma? ¿Cómo un enfermo de cáncer se puede llegar a sentir culpable porque no ha sido capaz de aguantar el tratamiento? Son preguntas de difícil respuesta. Aún así, la explicación podría estar en que en situaciones de alto contenido emocional, las emociones son más persuasivas que la lógica.

A veces, estos sentimientos pueden estar justificados, como en la relación entre el cáncer de pulmón y el tabaquismo. Pero, en muchas otras situaciones, lo que se produce es un exceso de intento de control sobre nosotros mismos y sobre todo lo que nos rodea. Incluso, en estos casos podemos ser víctimas de la distorsión de la falacia de control, que nos hace sentir responsables de cuestiones que realmente no están en nuestra mano.

Las personas que experimenta esta distorsión se creen responsable de todo y de todos. En consecuencia, se estresan cuando hay algo que no pueden controlar, atribuyéndose erróneamente esta responsabilidad. Así, este tipo de razonamiento acerca a las personas enfermas a sentirse responsables y a la vez culpables de su enfermedad o de no poder luchar contra ella.

“Los sentimientos de culpa son muy repetitivos, se repiten tanto en la mente humana que llega un punto en que te aburres de ellos”.

-Arthur Miller-

Hombre agachado sintiendo culpa

Como vemos, enfermedad y culpa suelen ir de la mano, especialmente en el campo de los trastornos mentales. Combatir el estigma asociado a las mismas debe ser una de las primeras prioridades de los expertos de la salud y de los propios afectados por ellas.