Entrevista a Marcelo Ceberio sobre el poder de la resiliencia

Este artículo fue redactado y avalado por psicólogo Marcelo Rodríguez Ceberio
· 5 abril, 2019
El psicólogo y escritor Marcelo Ceberio amplía nuestros conocimientos sobre la resiliencia en esta interesante entrevista. En ella aprendemos cómo esta dimensión determina en gran parte nuestra calidad de vida.

Marcelo Ceberio es autor de libros como La buena comunicación, Los superhéroes también van a terapia o el conocido Cenicientas y patitos feos. Su bibliografía es muy extensa, inspiradora y basada en los campos de la comunicación, el psicodiagnóstico y la psicoterapia.

Caben destacar sus estudios en terapia sistémica en el Mental Research Institute de Palo Alto, California; instituto del cual actualmente es profesor y representante para Argentina, en el Minuchin for the family y en la Escuela de terapia familiar del Hospital San Pau de Barcelona.

Asimismo, es interesante señalar que Marcelo Ceberio ha trabajado en la coordinación de voluntarios en la desmanicomialización en Trieste (Italia) dejando patente así, su revolucionario enfoque en la práctica clínica. Es un profesional de la psicología con el que es un placer hablar y que nos aporta aspectos muy importantes para trabajar en nosotros mismos y a su vez, reflexionar sobre la sociedad.

“Autoestima y resiliencia son conceptos que van unidos. Una persona cuya valoración personal está equilibrada, se halla fortalecida y con recursos suficientes para afrontar situaciones problemáticas”.

-Marcelo Ceberio-

Entrevista a Marcelo Ceberio

En nuestra entrevista a Marcelo Ceberio profundizamos en el concepto de la resiliencia. Así, desde que Viktor Frankl nos describiera de manera tan emblemática la trascendencia de esta valía en nuestras vidas gracias a libros como El hombre en busca de sentido, hemos aprendido mucho más de este concepto. Ser resilientes revierte en nuestro bienestar y potencia nuestra autoestima

Marcelo Ceberio nos ofrece una visión mucho más rica de la resiliencia al integrarla dentro de la perspectiva sistémica y desde un punto de vista relacional. De este modo, nos da a entender que no solo son importantes los recursos psicológicos de los que cada uno dispongamos para afrontar la adversidad. Nuestro entorno, también actúa como mediador.

Es una enfoque altamente valioso e interesante que nos ayuda a ampliar si cabe, todo lo que sabíamos hasta el momento sobre la resiliencia. Ahora podemos verla como una conjunción sinérgica donde confluyen aspectos biológicos e incluso nuestra Inteligencia Emocional.  El psicólogo Marcelo Ceberio nos lo explica a continuación.

Mano con flor amarilla

¿Qué es la resiliencia?

De manera sencilla podemos definir la resiliencia como la capacidad que tenemos los seres humanos para sobrevivir frente a las situaciones adversas. En situaciones que nos hacen vulnerables, una persona resiliente es capaz de poner sus recursos en marchar para confrontarlas, adaptarse y lograr superarlas.

¿Qué podrías decirnos de la resiliencia desde una perspectiva sistémica?

Si bien la resiliencia es una suma de recursos personales, es un concepto absolutamente relacional; puesto que se pone en juego en la interacción con otros y en un contexto vulnerabilizador, el cual exige poseer confianza en uno mismo para poder confrontarlo.

En relación a la capacidad de resiliencia, ¿qué son más determinantes: los recursos personales o los recursos procedentes del entorno?

Los recursos personales son aquellas herramientas que vienen de fábrica, que traemos con nosotros mismos y que se desarrollan en la interacción con otros y con las dificultades a afrontar. Ahora bien, por supuesto, que el entorno (contexto) es sumamente importante,  motivador y es estimulante para potenciar los recursos personales resilientes.

Podría afirmar que ambos son relevantes porque se influyen para potenciarse u obturarse. Yo soy yo porque vos sos vos, o sea, nuestra identidad se elabora en la interacción: somos es la interacción, con lo cual, contexto, acciones, situación, recursos personales, biología, significados atribuidos… todo hace a un resiliente.

¿De qué modo el afecto está relacionado con la resiliencia?

El afecto es fundamental, por supuesto no solo para la persona resiliente, ya que es vital a la vida misma. Siempre digo que en la naturaleza hay cuatro elementos consabidos: aire, fuego, tierra y agua, pero en el territorio humano se suma un quinto: el amor. El amor, en el caso del resiliente, es un motor impulsor de acciones que reviertan la catástrofe. Somos seres relacionales, necesitamos de los otros para nuestra supervivencia.

Esta relacionalidad está demostrada en los hallazgos del estudio de Harvard sobre el desarrollo en adultos (Harvard Study of Adult Development). Se trata de un proyecto de investigación que desde 1938 ha seguido y examinado de cerca la vida de más de 700 hombres y mujeres y, en algunos casos, también de sus parejas.

Esta investigación, que es el estudio longitudinal más largo de la historia de las investigaciones, muestra (en boca de sus últimos dos directores –Vaillant y Waldinger-) que la importancia de vivir radica en las relaciones afectivas. Es decir, hay que mantener vínculos cercanos. Está comprobado que las personas más felices y sanas mentalmente son las que estrechan vínculos con sus familias y amigos.

También señala Waldinger lo importante que es la buena calidad de las relaciones, evitando aquellos que son conflictivas y apostando por las sanas. No es más feliz el que más amigos tiene, sino la calidad de las relaciones que establece con ellos. No es cantidad sino calidad.

Y por último, la capacidad de colocarse en el lugar del otro, empatizar, entenderlo. Esta es una forma de reducir los conflictos y vivir una vida menos tortuosa. Estos componentes nos facilitan connotar positivamente las situaciones, extraer el traumatismo y permutarlo por la nobleza que toda situación posee. Aunque, debo reconocer que existen situaciones en las que, a veces, resulta difícil ver el vaso medio lleno, como la muerte de un hijo, violaciones o catástrofes desvastadoras, genocidios, entre otras.

¿Cree que una persona que no ha establecido un vínculo de apego seguro puede ser resiliente? Si es así, ¿de qué manera?

El apego, creado como concepto por J. Bowlby en la década del 40, postula que los seres humanos necesitamos para sobrevivir al menos el contacto de una persona primaria en la que tengamos no solo el alimentarnos (ya que el ser humano es una especie que no puede abastecerse solo), sino también la sensación de protección y afecto seguro.

El apego no solo compete al mundo de las emociones, también es un concepto netamente interaccional y como tal, el apego seguro nos marca y fortalece para toda la vida. De hecho, personas inseguras, con problemas de relación o en muchos casos que llevan acciones marginales no han tenido en los primeros años de vida ese respaldo de amor que es una fuente de seguridad y autoestima.

Aunque es cierto que ese estilo interaccional, que es biológico y emocional, no solo queda reducido a los primeros años, sino que se aprende y puede sistematizarse para toda la vida. B. Cirulnyk, uno de los autores que más ha trabajado sobre la resiliencia, habla de los tutores de resiliencia, que son aquellos apoyos efectivos, guías, motivadores que nos ayudan a superar situaciones difíciles.

Una distinción importante con las figuras de apego, es que no solamente son personas (padres, madres, esposos o esposas, padrinos, tías, amigos, etc.), sino que pueden ser películas, frases, cuentos, libros, canciones, que estimulan y generan en las personas un estímulo de superación.

Si la persona ha tenido un apego seguro, puede haber fortalecido sus capacidades de superación; es decir, se ha alimentado de recursos auténticos. Ese es el verdadero resultado del apego: fortalecer al protegido para que pueda ser autónomo en pos de enfrentar las dificultades de la vida, pero también tener la habilidad de ser rescatado por personas en su mundo adulto para que lo ayuden o apoyen en la superación de situaciones conflictivas. A la vez, que pueda tener la fortaleza para poder ofrecerse como figura de apego o tutor de resiliencia.

¿Cómo influye la autoestima en la capacidad de ser resiliente?

Autoestima y resiliencia son conceptos que van unidos. Una persona cuya valoración personal esta equilibrada, se encuentra fortalecida y con recursos suficientes para afrontar situaciones problemáticas. Ahora bien, también sabe pedir ayuda y rodearse de personas positivas que operen como guía.

Estas capacidades, de las que muchas veces no somos conscientes, dependen en cierta manera de nuestra valoración personal. Yo defino a la autoestima como la autoconsciencia de reconocer tanto mis recursos como mis debilidades, puesto que reconocerme vulnerable también me hace más fuerte.

«La ecuación entre autoestima y resiliencia es la fórmula de afrontamiento de las situaciones traumáticas o conflictivas».

-Marcelo Ceberio-

Mujer con un espejo

¿Qué hacer para gestionar los sentimientos de desvalorización e inseguridad?

La desvalorización y la inseguridad son primas hermanas. Un desvalorizado es inseguro. Su propia inseguridad lo lleva a desvalorizarse y así se pierde en un circuito sin fin.

Los patitos feos y las cenicientas para intentar superar los sentimientos de inseguridad y desvalorización, en principio, deben dejar de hacer cosas para que los quieran y valoren. Esto es así porque la autoestima es un proceso que va de adentro hacia fuera y no a la inversa.

Las personas desvalorizadas buscan el recurso de hacer cosas para los demás con la secreta expectativa de obtener reconocimiento y no se dan cuenta que postergan su propio deseo privilegiando el deseo del otro, todo a costa de obtener un abrazo, un te quiero o un que ¡fantástico que eres!.

Se vuelven supermanes, mujeres maravillas, ambulancias, bomberos, alumnos perfectos, víctimas, con tal de lograr recibir en las interacciones una dosis de autoestima. Pero esto no da resultado, alguien que tiene su autoestima lastimada es como un saco lleno de agujeros que por más que intente llenarlo siempre se vacía. Si bien a todos no encantan que nos elogien y nos digan lo buenos, inteligentes y lindos que somos, depender de ello es casi patológico…

Hacer una introspección y hacer un listado de mis vrtudes y defectos y entender que este soy yo con mis vulnerabilidades y mis fortalezas, es la fórmula que nos autoafirma y nos valoriza. Colocarnos en primer lugar, dar auténticamente sin esperar reciprocidad, hacer cosas que nos reporten placer, pedir, juntarnos con personas afectivamente sólidas que nos enriquecen, son acciones de un mundo emocional que nos fortalece y nos alienta a la felicidad.

Hay personas que tiene una historia de vida repleta de situaciones estresantes, traumáticas y con mucho sufrimiento, pero son resilientes. ¿Por qué?

Resulta difícil señalar un motivo unívoco con respecto a esta categoría de personas. Y no deja de ser una incógnita. Seres humanos que han sobrevivido a guerras, campos de concentración, abusos intrafamiliares, hambrunas, pobrezas y cualquier otra situación que vulnerabiliza, poseen esa capacidad natural de supervivencia y, sin embargo, otras con un cuarto de esas dificultades sucumben y son fagocitados por el contexto.

La resiliencia, es una conjunción sinérgica de capacidades biológicas (neurotransmisores como la serotonina, dopamina, endorfinas, un hipocampo que como centro de aprendizaje contenga información disponible ad hoc, un buen desarrollo de neuronas espejo que favorecen la empatía), inteligencia emocional (tal como señala Goleman acerca de los cinco componentes de la inteligencia emocional: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales), elementos creativos (hemisferio derecho) para ver el lado positivo de las situaciones, creatividad para inventar salidas de la catátrofe, capacidad empática para generar vínculos sanos y nutritivos relacionalmente.

Un resiliente tiene una actitud cognitiva que estructura en secuencia y en cascada de pensamientos positivos, los cuales anulan a los pensamientos automáticos negativos tan traumáticos y virulentos para nuestras emociones.

También en el proceso evolutivo, hay adultos resilientes que generaron un parámetro identificatorio que provocó un futuro resiliente. Padres o madres con vidas duras y superadores de situaciones dolorosas han generado en sus hijos, con tales actitudes resilientes, el estímulo y la motivación en ellos para nutrirlos de recursos para afrontar situaciones, además de los mensajes y las enseñanzas explícitas. Para mí estas son las propiedades que yo he observado en las personas resilientes.

Por lo tanto, ¿existe un tipo de personalidad resiliente?

¡Buena pregunta! Considero que hay una personalidad resiliente o, al menos, una tendencia a la resiliencia, en la que espontáneamente ciertas personas tienen esa capacidad de supervivencia o de lograr adaptarse y sobrevivir, como describí en la pregunta anterior.

No obstante, la resiliencia se puede estimular y crear. En el espacio de la psicoterapia creamos resilientes, o sea, potenciamos los recursos de algunas personas para que puedan conformar la capacidad de afrontamiento de situaciones. Esto quiere decir que en algunas personas surgen los recursos para lograr resolver y superar catástrofes naturalmente, pero en otras es necesario formentar, motivar o crear tales herramientas de sobrevivencia a la adversidad.