Entrevista a Rafael Santandreu sobre los complejos

11 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Rafael Santandreu
En nuestra entrevista a Rafael Santandreu profundizamos en el área de los complejos para entender que si hacemos uso de un enfoque mental más saludable, nuestra vergüenza e inseguridad pueden desaparecer.

Complejos ¿quién no ha tenido alguno en su vida? Más aún… ¿cuántos complejos limitan en la actualidad tu potencial humano cercándote con sus inseguridades y atribuciones negativas? Desde que Carl Jung introdujera este término a principios del siglo XX, quedó bien claro un aspecto: son estados obsesivos que nos hacen sentirnos inferiores.

Alguien que conoce bien este tema desde su práctica clínica es Rafael Santandreu. En su último libro Nada es tan terrible: la filosofía de los más fuertes y felices aborda este tema para dejarnos claro un detalle, con la mentalidad correcta los complejos se desactivan. Nuestras expectativas de perfección son nuestro peor enemigo y ese tripulante incómodo al que hay que quitarle el control de nuestras vidas.

Hablamos con él en nuestra entrevista sobre este tema tan importante para nuestro bienestar psicológico.

“La única cualidad importante es la capacidad de amar la vida y a los demás”.

-Rafael Santandreu-

Mujer mirándose al espejo

Entrevista a Rafael Santandreu: tu mentalidad es tu aliada para desactivar los complejos

Insatisfacción con tu físico, dudar de ti a la hora de lograr casi cualquier objetivo, sentir que podías haber hecho mucho mejor determinadas cosas… Esa visión distorsionada que tienes a menudo de ti mismo es una fuente inagotable de sufrimiento. Es más, son también las raíces de tu infelicidad. Cuesta admitirlo, porque en cierto modo, los complejos llevan a menudo toda una vida alojados en nuestro interior sin que hayamos hecho nada para desinfectarlos.

Rafael Santandreu, psicólogo y autor de libros superventas como Las gafas de la felicidad o El arte de no amargarse su vida, nos explica que nuestros complejos son producto de ciertas cualidades trampa. Vivimos en una sociedad que inculca en nosotros la necesidad de ser perfectos y eficaces; dos dimensiones que en realidad, nos generan un elevado malestar psicológico.

La buena noticia es que todos disponemos de adecuados recursos para estar 100 % libres de complejos. El secreto está en nuestra mentalidad, en ese ejercicio saludable que conlleva hacer uso de un buen diálogo interno y de un enfoque personal más amable con nosotros mismos.

Rafael Santandreu nos habla de ello en nuestra entrevista.

Los psicólogos tratáis mucho el tema de los complejos, ¿verdad?

Sí. ¡Por supuesto! Por ejemplo, tener complejo de feo o de tonto. Una vez vino a verme una mujer de cuarenta años porque no podía más, se sentía muy mal por su aspecto físico. Toda su vida se había visto horrible e inadecuada. Este es un ejemplo bastante fuerte de complejo pero, vamos, en realidad, todos hemos tenido alguno alguna vez, sobre todo, en la adolescencia.

Dices que ya no tienes ningún complejo, ¿es cierto?

No. Me los quité de encima hace mucho tiempo. ¡Pero completamente! Es más fácil de lo que parece.

¿Cómo se hace?

Desenmascarando las 3 cualidades trampa: la belleza física, la inteligencia y la eficacia. Todos los complejos giran alrededor de estas tres cualidades trampa. El problema es darle demasiada importancia a esos «bienes» o «valores».

Yo, por ejemplo, ya no valoro prácticamente nada la belleza, la inteligencia y la eficacia. Me parecen cualidades bastante anecdóticas, con muy escaso valor.

Todos los complejos son producto de tres cualidades trampa: belleza, inteligencia y eficacia.

En tu libro Las gafas de la felicidad haces una comparación con «hacer juegos malabares». ¿Puedes explicarlo?

Imagina que un amigo me dice: «Rafael: sé hacer el jueguito de mover tres pelotas en el aire; míralo». Imagina ahora que se pasa todo el día enseñándome el truco. Al final, le diré: «Mira, tío, eso que haces no está mal, pero ya vale. Ya lo he visto. No me lo hagas más, por favor».

Pues la belleza, la inteligencia y la eficacia son como ese jueguito malabar. Son una chorrada que entretiene un rato. No tiene nada de malo, pero no voy a dedicarle mucho tiempo a ello. Basar mi vida en esas «tonterías» es muy «tonto».

¿Incluso la inteligencia no es importante?

Nos han vendido que ser inteligente es vital cuando, en realidad, no lo es. Imagina que conoces a alguien que es un gran matemático; que sabe hacer ecuaciones siderales; es un crack en eso, pero es antipático, envidioso, iracundo y tiene ideología nazi.

¿Querrías ser amigo de él? ¿A qué no? ¡Por supuesto que no! Porque la única cualidad importante es la capacidad de amar la vida y a los demás. Eso es lo que cuenta de la gente.

Veamos eso con más detalle: «la única cualidad importante en la vida es la capacidad de amar»

Efectivamente. Porque es lo único capaz de otorgarnos la felicidad. Una persona que ama extraordinariamente la vida y a los demás, es feliz. Ama lo que tiene entre manos: su trabajo, sus hobbies, lo que sea. También ama a la naturaleza y a la gente que le rodea. ¡Se siente pleno y feliz! Por eso, «el amor» es la única cualidad relevante.

El amor es la única cualidad relevante.

Y eso es algo que tenemos todos, ¿verdad?

¡Eso es! Todos tenemos una grandísima capacidad de amar. Puede estar más o menos oculta, pero está dentro de nuestro corazón. Por eso es que todos somos súper valiosos: por nuestra innata increíble capacidad de amar.

Hablemos de «la belleza física». Para ti también es una cualidad menor…

¡Ser guapo es una tontería! Yo conozco a mucha gente muy guapa y muy infeliz. Y mucha gente fea, mega plena. Eso es prueba inequívoca de que la belleza física da muy poco.

Piensa por ejemplo en Gandhi. Es uno de mis grandes héroes. Gandhi no era guapo, pero sí un referente de vida. Yo quiero ser como él. Yo soy del equipo de Gandhi. Tanto a él como a mí «no» nos interesa la belleza física sino hacer cosas hermosas por nosotros mismos y los demás. Cuando te entre una idea acomplejante acerca de tu belleza, dite a ti mismo: «Yo soy del club de Gandhi, no de la gente superficial».

¿Así que si te llaman «feo», tú te quedas igual?

¡Sí! Pensaré: «No sé si soy feo o guapo, pero es un tema que me la repampimfla; yo si fuese feo, sería igualmente feliz como Gandhi. O incluso como una chica afgana que conozco a la que tiraron ácido en la cara. Ahora le falta la nariz, pero ella se ha unido a una organización de defensa de la mujer y trabaja para mejorar las condiciones de las niñas en su país. Ella es mi héroe también. Yo soy del club de Gandhi o de esa chica: ¡a la belleza que le den!

Veo que, como siempre, en psicología cognitiva, usas un diálogo interno muy intenso. Tienes unas convicciones muy claras.

Sí. Es muy importante estar convencido de tus nuevos valores racionales al máximo. Porque sólo si los tienes muy claro, te hacen efecto.

Mujer con los ojos cerrados pensando en la felicidad de los demás

Por último, está el tema de «la eficacia», la tercera cualidad trampa.

Sí. Hay muchas cosas que yo hago mal, pero no me importa porque yo no soy una máquina. Soy una persona con gran capacidad de amar. Tenemos sobrevalorado el concepto «eficacia». ¿Para qué tanta eficacia?: ¿para depredar más el planeta, construir más rascacielos y volvernos todos locos? Yo ya no quiero ser tan eficaz. Ya no me creo esa necesidad.

La psicología cognitiva exige que te convenzas profundamente de sus principios.

Entonces, si te dicen «¡torpe!», tampoco te importa.

Efectivamente. No sé si soy tan torpe o no, pero si fuese inmensamente torpe no me importaría porque lo esencial es mi capacidad de amar. ¡Que le den a la eficacia!

Pero, como siempre, en psicología cognitiva, decís que lo esencial es meterse esa ideas correctivas en profundidad, ¿verdad?

Sí. Esto que he expuesto aquí hay que reflexionarlo, visualizarlo, hablarlo con otra gente y, en fin, convencerse a tope: creerlo a pie juntillas. Es entonces cuando esta filosofía hace efecto de forma radical. Cuando te sacas todos los complejos. La psicología cognitiva exige ese nivel de concentración.