Epidemiología diferencial: por qué la inteligencia predice la mortalidad

3 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Los factores que influyen en el uso de los servicios sanitarios y la adherencia al tratamiento han sido estudiados por la epidemiología diferencial. Se presentan dos de ellos, a saber, los cinco rasgos de personalidad y el factor g de inteligencia.

El objetivo principal del campo de estudio de la epidemiología diferencial es establecer una relación entre la inteligencia —o factor g— de una persona, sus rasgos de personalidad y su mortalidad posterior.

En un estudio, llevado a cabo por investigadores de la University of Edinburgh en 2017, se encontraron evidencias que apoyaban la relación entre el nivel intelectual de una muestra de personas en su niñez y su posterior mortalidad. La conclusión a la que llegaron fue: a mayor nivel intelectual encontrado a los 11 años, mayor probabilidad de traspasar la barrera de los 80 años.

Así, parece que el factor g de inteligencia se relaciona con la puesta en práctica de conductas saludables, la toma recomendada de medicación, el seguimiento de un tratamiento, la práctica de deporte o el desarrollo de una dieta adecuada. Por ello, la inteligencia, además de permitirnos razonar, planificar, resolver problemas, pensar en términos abstractos o comprender ideas complejas, también parece ser una buena predictora de la longevidad de la persona. Se establece el punto de corte en 85 puntos de coeficiente intelectual (CI); si el factor g es menor, se convertiría en un indicador de riesgo.

El factor g se relaciona no solo con la adherencia al tratamiento una vez aparecida una enfermedad, pero también con la prevención y la anticipación de sucesos vitales inesperados. Estudios muestran como personas con un CI menor a 85 tienen tres veces más posibilidades de tener o morir en un accidente de tráfico frente a aquellas con un CI de 115.

La problemática principal surge con las desigualdades sanitarias y la existencia de un sistema sanitario que no contempla el factor g de sus usuarios en ningún momento del proceso. De esta manera, por ejemplo podríamos cuidar de manera especial la adhesión al tratamiento en las personas que se sitúen en los centiles inferiores de la escala CI.

Así, hablaríamos de desigualdad en la accesibilidad cognitiva de todos los servicios sanitarios. Por ello, aunque parezca poco intuitivo, para que los tratamientos médicos o psicológicos sean más eficaces no es necesario aumentar el número de servicios ofertados, pero adaptar esos servicios a los diferentes factores g y rasgos de personalidad existentes.

Dibujo de la cabeza de una persona con una pieza de puzzle

Mortalidad y rasgos de personalidad

El factor g de inteligencia no es el único que influye en la mortalidad de una persona y su estudio no es exclusivo en la epidemiología diferencial. Los rasgos de personalidad que Goldberg clasifica como Apertura a la experiencia, Cordialidad, Extraversión, Neuroticismo y Responsabilidad también cuentan con un papel relevante en la accesibilidad cognitiva a los servicios sanitarios y la puesta en práctica de conductas que favorecen estilos de vida sanos.

En el caso de los rasgos de personalidad, se ha estudiado la posibilidad de que existan factores generales de personalidad en la raíz de distintos trastornos. Por ejemplo, el rasgo de personalidad Responsabilidad estaría relacionado con la toma de sustancias alcohólicas, el cannabis y el tabaco; el Neuroticismo estaría relacionado con la depresión, la ansiedad y las fobias y la Cordialidad con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), las manías y la esquizofrenia.

De igual manera, parece que los rasgos de personalidad y la salud también están relacionados en su versión más práctica. Desde un modelo integrador de la personalidad, se ha observado que la influencia de algunos factores es más relevante que la de otros.

Este es el caso de la Responsabilidad o Autocontrol, que regula los sistemas temperamentales definidos por los otros rasgos —por ejemplo, la Cordialidad se relaciona con el uso de conocimiento irracional y la agresividad e impulsividad—. Por ello, se tendrán que tener en cuenta los niveles de Responsabilidad para definir un tratamiento médico u otro en primer lugar; además de revisar los otros rasgos y adecuarlo de la misma forma.

Fenocopias con perfiles psicológicos

La relevancia de la epidemiología diferencial se encuentra en la posibilidad de adaptar todos los recursos sanitarios a la personalidad y al factor g del usuario. Esto quiere decir que si las líneas de estudio continúan en esa dirección, se podrían desarrollar perfiles de acuerdo a la expresión de los genes de una persona y su interacción con el medio ambiente.

Esto llevaría a conocer la manera en la que se relaciona un individuo con su entorno, influido por supuesto por su inteligencia y sus rasgos de personalidad. Esto llevaría a constituir un perfil psicológico al que poder adecuar de forma ideal por ejemplo las intervenciones médicas, el tipo de medicación o los días de las revisiones.

Mano con un gen

Medidas que pueden ir poniéndose en práctica

Lejos de contar todavía con estudios genéticos individuales y la puesta en práctica de la epidemiología diferencial, se pueden ir implementando ciertos cambios en atención primaria e intervenciones y tratamientos médicos para igualar los accesos cognitivos de personas con CI distintos.

Algunas medidas relacionadas con el factor g pueden ser variaciones fáciles de implementar, como no exigir un nivel de lectura básico, comunicar lo que el paciente tiene que hacer (además de lo que no tiene que hacer), adecuar las prescripciones al entendimiento de todos, usar vocabulario simple y divulgativo u omitir información redundante.

Respecto a los rasgos de personalidad, sería preciso personalizar las intervenciones ateniendo a los niveles existentes en cada persona. Por ejemplo, plantear la toma de medicación adecuada a los rasgos de personalidad, y no dar pastillas que afecten a la vida social de una persona con altos niveles de Extraversión; saber que se puede dar medicación que vaya a afectar a los niveles de concentración a personas con una alta Responsabilidad por disponer de más recursos para hacer frente esos efectos; o trabajar especialmente la relación terapéutica con pacientes con menores niveles de Cordialidad.

Todas estas medidas no solo ayudarían a los usuarios a utilizar de manera adecuada los servicios sanitarios, pero convertiría a estos en servicios eficaces, rápidos y con un alto porcentaje de adherencia al tratamiento. Además, conociendo los perfiles de personalidad e inteligencia de los usuarios de un sistema se pueden promulgar planes y campañas de prevención de ciertas conductas poco saludables. Así, al saber la manera en la que las personas gestionan su información se puede prever de qué manera brindar esa información y a qué grupo diana.

  • Colom, R. y Flores, C. (2001). Inteligencia y Memoria de Trabajo: La relación entre factor G, Complejidad Cognitiva y Capacidad de Procesamiento. Psicologia: Teoria e Pesquisa, 17(1), 037-047.
  • Colom, R. (2017). Epidemiología cognitiva: un estudio poblacional prospectivo. España. Recuperado de: https://robertocolom.wordpress.com/2017/12/15/epidemiologia-cognitiva-un-estudio-poblacional-prospectivo/