«Es por tu propio bien»: cuando el lenguaje moralizante hace daño

¿Alguna vez han intentado convencerte de algo insistiéndote en que era «por tu propio bien»? Ese tipo de comunicación esconde a menudo una forma de manipulación pasivo-agresiva que debemos reconocer.
«Es por tu propio bien»: cuando el lenguaje moralizante hace daño
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 20 enero, 2023

Muchos padres no dudan en usar el clásico lenguaje moralizante a la hora de dirigirse a sus hijos. Lo hacen para guiar, aconsejar y hasta para promover valores. “Haz caso que mamá sabe lo que es mejor para ti”.  Muchos hemos crecido con este tipo de expresiones que, durante una época de nuestra vida, no dudamos en obedecer y, por supuesto, en creer.

Sin embargo, la cosa cambia cuando llegamos a la edad adulta. A lo largo de nuestra vida nos hemos encontrado con más de una persona que no dudó en decirnos aquello de «es por tu propio bien». Con esta expresión, procuraron convencernos de ciertas realidades. Con dicha justificación intentaron que les obedeciéramos o incluso que diéramos veracidad a más de una mentira.

A nadie le agrada que se dirijan a uno con ese tipo de comunicación que tiende a infantilizarnos. Se trata de una forma de lenguaje que nos invalida al dar por sentado que no podemos pensar e incluso decidir por nosotros mismos. La manipulación habla muchos idiomas y esta es una modalidad que nos encontramos con elevada frecuencia. ¿Te ha pasado a ti también?

Las personas que hablan de manera moralizadora se ven a sí mismas como portadoras de la verdad universal.

Pareja hablando sobre si es por tu propio bien
Muchas personas intentan condicionar nuestras conductas a través del lenguaje moralizante.

«Es por tu propio bien»: ¿qué hay detrás de esta expresión?

Para profundizar en este tema reflexionemos en cómo nos hemos sentido cada vez que alguien nos ha dicho eso de «es por tu propio bien». Así es. Esta expresión suele acompañarse de sentimientos de incomodidad. Con ella, alguien asume de pronto que tiene cierta autoridad sobre nosotros para darnos un consejo que no hemos pedido. Y, además, lo hace de manera moralizante.

Habrá ciertos contextos en los que esta frase tendrá su sentido y su trascendencia. Por ejemplo, puede que un buen amigo nos recomiende dejar (por nuestro propio bien) esa adicción o esa conducta negativa que afecta a nuestra salud mental. Como siempre ocurre, hay excepciones.

Sin embargo, en buena parte de los casos, dichas palabras pueden ser una justificación para infligir un daño. De hecho, es muy común que aparezca en el seno de muchas relaciones abusivas. Hay parejas que usan este tipo de recursos lingüísticos para dominar a la otra persona. También puede manifestarse en familias narcisistas que buscan controlar a sus hijos.

Hay personas que ejercen una posición de dominación inconsciente sobre los demás. El lenguaje moralizante es una manera muy eficaz de procurar controlar al otro.

La brecha de moralización, una estrategia sofisticada

Steven Pinker es un reconocido psicólogo experimental, científico cognitivo y lingüista de la Universidad de Harvard. Uno de sus libros más interesantes es Los ángeles que llevamos dentro (2011). En este trabajo nos habla sobre la historia de la violencia y de cómo, con el paso de las décadas, parece que esta dimensión va disminuyendo en nosotros.

Sin embargo, a pesar de que la violencia como tal se ha reducido, seguimos usando otros recursos indirectos que son igualmente violentos. La brecha de la moralización aparece en esas personas que, a pesar de estar haciendo algo mal, buscan convencernos de que lo realizado tiene un fin noble.

Un ejemplo de ello serían los padres que sobreprotegen a sus hijos «por su bien», penalizando iniciativas y lastrando el proceso de autonomía. Ese acto moralizador, pero dañino, aparece también en quien engaña de forma reiterada a su pareja y prefiere no decirle nada “por su bien”, para que no sufra. Todo ello no deja de ser un modo sibilino de justificar un acto que es perverso y dañino de raíz.

La comunicación manipulativo-moralizante

Hay muchas maneras de ejercer el control y la dominación sobre los demás. De hecho, la forma más común de manipular a los demás es mediante el lenguaje moralizante. Ese en el que se utilizan un tipo de recursos con los que hacer ver a la otra persona que no es poseedora de la verdad.

Asumir una posición de superioridad es una manera de invalidar al otro, invitándole a que asuma la idea de que por sí solo no podría tomar buenas decisiones. E incluso actuar en su propio beneficio. «Hazme caso y deja ese trabajo, es por tu propio bien», «créeme, es mejor que dejes esa amistad, es por tu propio bien» o «hago esto por tu bien, para que no te preocupes por nada y veas cuánto te quiero» son algunos ejemplos.

La comunicación manipulativo-moralizante busca restarnos autonomía y capacidad de reacción. Es una estrategia pasivo-agresiva en la que alguien busca ser nuestro ángel de la guarda, pero para transformarse en el demonio que toma el control de nuestras vidas.

Amiga pesada diciéndole a la otra es por tu propio bien
También nuestros amigos pueden intentar manipularnos haciéndonos creer que hacen ciertas cosas por nuestro bien.

¿Cómo actuar ante estas situaciones?

Hay un aspecto que debemos tener presente. Cuando alguien nos deje caer la coletilla de «es por tu bien», es muy probable que aquello que nos sugiera sea por su bien y no por el nuestro. El problema reside en que este tipo de comunicación suele darse en vínculos muy cercanos, ya sea en relaciones de pareja, familia e incluso en amistades.

Una investigación de la Universidad de Granada, en España, destaca un hecho. Esta expresión es algo que escuchan con frecuencia las mujeres. Hay una connotación sexista por la que se justifica ese acto de protección hacia ellas o el procurar decidir por ellas. Como si una misma no tuviera un sentido propio de volición.

¿Qué hacer en estas situaciones? Es interesante que quien nos propone estas sugerencias, las racionalice. Para ello, preguntémosle por qué razón dicha sugerencia actúa en nuestro beneficio. Cuando lo hagan, encontraremos fallos en su lógica y aflorará la auténtica intencionalidad escudada en justificaciones de lo más vacuas.

Recordemos que solo nosotros sabemos lo que nos beneficia, solo nosotros somos dueños de nuestros actos y decisiones. Como adultos, nadie tiene por qué infantilizarnos ni usar un lenguaje moralizante. Lo mejor es poner distancia de quien busca dominar y manipular.

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  • Steven Pinker, The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined, vol. 75, (New York: Viking, 2011), p. 490.
  • Jason B. Whiting and Jaclyn D. Cravens, "Escalating, Accusing, and Rationalizing: A Model of Distortion and Interaction in Couple Conflict," Journal of Couple & Relationship Therapy (2015): 1-26.

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