¿Es posible disfrutar con el dolor de otros?

03 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Es verdad que hay personas que se deleitan con el sufrimiento ajeno? ¿Qué les lleva a disfrutar del dolor de otros? Según los expertos estamos ante un tipo de sentimiento muy común y definitorio del ser humano. Lo analizamos.

Muchos nos hemos preguntado alguna vez si es posible disfrutar con el dolor de otros. En Alemania, por ejemplo, no dudan de ello y de ahí que exista la palabra Schadenfreude para describir, precisamente, ese comportamiento. Regocijarse y sentir placer por el fracaso o el sufrimiento de los demás es para algunos expertos un tipo de emoción tan real como descriptiva del ser humano.

Ahora bien, no debe sorprendernos en absoluto si afirmamos que la mayoría de nosotros lo hemos experimentado alguna vez. Más allá de si es o no moral sonreír por dentro ante las fatalidades de otros, hay algo evidente. Hay quien ve una especie de «justicia divina» ante esas situaciones en las que alguien que en un momento dado se comportó mal y acaba recibiendo su propia medicina.

Hay un perverso placer cuando, por ejemplo, comprobamos que ese vecino que nos trata mal ha sufrido una avería y se le ha llenado la casa de agua. Podemos reírnos incluso de ese amigo o familiar que tras hacernos una broma, acaba tropezando y poniéndose él mismo en evidencia. Existen situaciones y situaciones; unas incluso podrían ser hasta comprensibles.

Otras veces, el sentimiento de deleite ante la mala suerte ajena revela cierto maquiavelismo y es ahí donde emerge ese lado más inquietante del ser humano. Conozcamos más datos.

Chica sintiendo que no está ante las personas adecuadas

Es posible disfrutar con el dolor de otros: esta es la explicación

Decía Arthur Schopenhauer que sentir envidia es humano, pero disfrutar la desgracia de otras personas es diabólico. Porque sí es posible disfrutar con el dolor de otros y esto es algo que vemos con frecuencia. Nos llama la atención, por ejemplo, cómo el fenómeno del bullying se perpetra a diario demostrando cómo desde edades muy tempranas las personas pueden llegar a reírse del sufrimiento de sus iguales.

No es necesario, por tanto, que alguien padezca un trastorno de la personalidad para experimentar ese deleite. No solo los psicópatas con su falta de empatía se emocionan con el dolor de quien tienen en frente. A veces, el simple hecho de ver cómo lloran los integrantes del equipo contrario en un partido de fútbol genera disfrute a muchos aficionados. ¿Evidencia esto quizá que todos tenemos un reverso oscuro?

La secreta venganza del impotente y el sentido de justicia

Lo señalábamos al inicio. Gran parte de las veces en las que el ser humano se deleita del padecimiento ajeno responde a un sentido de justicia. Es el sentimiento de que esa persona se merece el sufrimiento que experimenta porque antes lo ha generado en otros de algún modo (por hacer uso de la mentira, la manipulación, la hipocresía, etc).

Filósofos como el doctor  John Portmann, autor del libro When Bad Things Happen to Other People, nos concretan algo más en referencia a esta idea:

  • Es posible disfrutar con el dolor de otros cuando opinamos que esa persona lo merece. Es más, Nietzsche describía la Schadenfreude como ‘la venganza del impotente’, de esa persona que ha sufrido antes y que ve ahora cómo su castigador padece.
  • Ese deleite surge además cuando dicho padecimiento no es grave. Es decir, necesitamos que ese infortunio en el otro sea lo más leve posible para sentir placer.
  • Asimismo, existe otro factor: que nosotros no seamos responsables de esa situación. Siempre es mejor que sea la casualidad la que le haga caer a esa persona ese dolor que ella misma ha generado en otros.

Cuando el deleite por el sufrimiento ajeno revela falta de empatía

Marta fue traicionada por su pareja durante meses sin que ella lo supiera. A final, su pareja la dejó e inició otra relación. Hace unos días Marta se ha enterado de que su ex está siendo engañado por su novia actual y esto le produce un gran placer.

Carlos va conduciendo por una autovía y en un momento dado, un conductor hace una maniobra peligrosa para adelantarlo que casi acaba en accidente. No sucede nada y ese vehículo se va a gran velocidad. Al cabo de unos kilómetros ve cómo la policía ha detenido a esa persona para ponerle una multa. Carlos sonríe disfrutando de la escena.

Estas situaciones nos demuestran una vez más que es posible disfrutar con el dolor de otros. Ahora bien, como ya sabemos, la mayoría de esas experiencias se dan en contextos más bien inocuos. Sin embargo, como podemos intuir, la emoción Schadenfreude puede surgir en situaciones en las que ya hay un sufrimiento más evidente y cuyo deleite deja entrever algo más oscuro.

Mujer evidenciando que es posible disfrutar con el dolor de otros

Es posible disfrutar con el dolor de otros, pero algunos revelan un lado más «oscuro»

Richard H. Smith, profesor de la Universidad de Kentucky es uno de los grandes expertos en materia de lo que podríamos denominar como «emociones oscuras». Así, en su libro Schadenfreude: La dicha por el mal ajeno nos indica algo interesante. El ser humano, explica, busca sentirse privilegiado. A veces, el simple hecho de que otros sufran o se sientan humillados refuerza su autoestima y alimenta sus carencias.

Dicho de otro modo, hay quien al ver cómo otros pasan hambre o calamidades, se complacen al ver que ellos están en mejor posición. Si un familiar o amigo pierde el trabajo, disfrutan calladamente porque ahora él o ella, en comparación, será un privilegiado y algo así les refuerza el ego.

En este tipo de situaciones lo que apreciamos básicamente es falta de empatía, además de una clara frialdad emocional. Tristemente, este fenómeno lo vemos con frecuencia en muchos de nuestros escenarios: política, economía, redes sociales… Nunca faltan esas voces que se deleitan del infortunio ajeno, que festejan el fracaso del otro sin medir la trascendencia, sin apreciar el drama humano que hay detrás de lo fatídico.

Por llamativo que nos parezca, esto siempre ha pasado y siempre pasará. En el ser humano siempre hay un recoveco donde navegan los claroscuros. Basta con recordar, por ejemplo, la célebre frase del escritor y ensayista Gore Vidal que dice “no es suficiente tener éxito; otros deben fracasar”.

Portmann John (2000) When Bad Things Happen to Other People. Routledge