Escopaestesia: cuando sentimos que alguien nos mira

24 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces, casi sin saber cómo, sentimos que alguien nos observa a nuestras espaldas. Esta sensación tan indefinible y extraña responde en realidad a un mecanismo de defensa del cerebro con un fin muy concreto: mantenernos alerta.

La escopaestesia es la etiqueta que recibe la sensación de estar siendo observados. Todos lo hemos experimentado en más de una ocasión; es casi como un tercer ojo mental capaz de percibir más allá de nuestro campo de visión ordinario para alertarnos de algo. Ahora bien, ¿este es algún tipo de poder psíquico?

La respuesta es no. La escopaestesia es un tipo de sensación, no una capacidad extraordinaria capaz de permitirnos intuir que alguien nos está observando sin necesidad de mirar. A veces, es cierto, acertamos. En ocasiones, basta con volver el rostro y descubrir que, efectivamente, alguien nos viene siguiendo o nos observa de la lejanía.

No obstante, también nos equivocamos; esa sensación llega a ser real, pero aún así, es interesante saber un aspecto sobre este fenómeno. En realidad, cumple una finalidad muy concreta, y no es otra que la de mantenernos alerta.

Nuestro cerebro siempre está anticipando riesgos, y por tanto, la escopaestesia no deja de ser un mecanismo más heredado de nuestros antepasados. Conozcamos más datos al respecto.

Las personas guardamos un punto de desconfianza por naturaleza y la escopaestesia es un reflejo de ello.

Ojo representando la escopaestesia

Escopaestesia, cuando siento que me miran

Una de las primeras personas en estudiar el fenómeno de la escopaestesia fue Edward Titchener. Este célebre psicólogo de finales del siglo XX fue también el fundador de la psicología estructuralista y una de las figuras que más profundizó en el análisis de la mente y también en el fenómeno de la introspección.

Fue en 1898 cuando se decidió a publicar un estudio sobre la escopaestesia, tras conocer a múltiples personas que decían sentirse observadas o más aún, saber cuándo alguien les estaba mirando sin necesidad de girarse. Tichener no creía en los fenómenos extrasensoriales, pero como buen científico antes debía demostrar con evidencias si esta capacidad era real o no.

Su trabajo fue publicado en la revista Science, siendo para muchos uno de los trabajos más interesantes de la psicología de la percepción. Las conclusiones a las que llegó fueron las siguientes.

Lo que ocurre a nuestras espaldas nos preocupa

Hay quien sigue señalando que el fenómeno de la escopaestesia no deja de ser un rasgo de egocentrismo. Es pensar que somos el centro de todas las miradas. Ahora bien, asumir esta idea no es del todo cierta ni se adecúa tampoco a lo que nos dicen los científicos. El propio Edward Titchener señaló que esta experiencia no deja de ser más un mecanismo de supervivencia más.

Todo aquello que queda a nuestras espaldas puede ser un peligro. Nuestra mente lo sabe, el cerebro tiene un control visual de todo lo que tenemos en frente, de ahí que de vez en cuando nos haga sentir que estamos siendo observados para ponernos en alerta en caso de que tengamos que defendernos o huir.

Nuestra percepción va más allá de la vista

Las personas no tenemos solo 5 sentidos. El ser humano percibe más allá de sus ojos, de sus manos, de su olfato, oído o tacto. Es interesante saber que tenemos cerca de 26 sentidos, como la kinestesia, la capacidad para percibir el movimiento más allá de nuestro cuerpo o la interocepción, ese sentido que nos permite saber qué algo ocurre en nuestro interior.

Así, algo interesante que nos han desvelado estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Illinois por parte del doctor Steven Buetti es que muchas personas invidentes sí llegan a percibir que tienen algo frente a ellas. La responsable de que esto ocurra es la amígdala, una pequeña región cerebral vinculada a nuestras emociones y la detección de amenazas externas, que se relaciona también con la escopaestesia.

De este modo, algo que pudo ver Edward Titchener en sus experimentos del siglo XIX, es que las personas acertaban que alguien las estaba observando un número significativamente superior a lo esperado por azar. Por tanto, algo debía existir en el cerebro humano para que en la mitad de las veces esto se diera. Más allá de la mera casualidad, esa tasa de acierto podría explicarse gracias a la amígdala y a esos múltiples sentidos de los que disponemos y que son capaces en cierto modo, de alertarnos de un ‘posible’ riesgo.

Amígdala regulando la escopaestesia

La profecía autocumplida

Hay una tercera explicación que podría definir también el fenómeno de la escopaestesia: nos referimos a la profecía autocumplida. En este caso, no deja de darse una situación tan curiosa como llamativa y es que a veces, nosotros mismos provocamos que nos acaben mirando.

En ocasiones, cuando tenemos la sensación de que alguien nos observa, no podemos evitar darnos la vuelta o mirar a nuestro alrededor. El hecho de movernos ya es un estímulo para que las personas que nos presten atención las personas que nos rodean. Es sin duda algo tan lógico como recurrente.

Para concluir, esa sensación de que alguien nos observa tiene más de una explicación. Ahora bien, más allá de que en ocasiones nos podamos equivocar o no, vale la pena tener en cuenta que esa sensación cumple una finalidad, y no es otra que la de mantenernos alerta. Nunca está de más hacerle caso.

  • Titchener, E. B. (1898). The “feeling of being stared at.” Science. https://doi.org/10.1126/science.8.208.895