Esperanza y perseverancia, claves de bienestar

03 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La esperanza es la brújula de la vida y la perseverancia, el motor que nos empuja en medio de la tormenta para no rendirnos, para seguir avanzando confiando en un futuro mejor. Estas dos dimensiones actúan como dos valías psicológicas de gran trascendencia.

Esperanza y perseverancia. Pocos motores impulsan tanto al ser humano, pocas luces nos guían con esa intensidad en los días difíciles como estas dos cualidades. Están presentes en los deportistas, en las personas que no se rinden y avanzan cada día superando obstáculos y también, cómo no, en los soñadores, en quienes hacen posible lo imposible.

Decía Albert Camus en uno de sus libros que todas las personas llevamos el verano en nuestro corazón. No importa que fuera llueva o que el destino nos haya traído el invierno antes de tiempo. Cada uno de nosotros disponemos de ese resplandor personal capaz de despertar valías para afrontar miedos, motivación para superar problemas y paciencia para no precipitarnos en nuestras decisiones.

Desde el campo de la neurociencia nos indican algo interesante. Esos comportamientos guiados por la perseverancia y la confianza en que el futuro será mejor que el presente, están impulsadas por dos “combustibles químicos”.

Son la dopamina y la serotonina. Activarlos, conseguir que el cerebro los produzca para mediar en nuestra conducta cotidiana, requiere cuidar nuestro enfoque emocional y nuestras emociones.

Descubramos cómo.

Hombre en la montaña pensando en la esperanza y perseverancia

Esperanza y perseverancia para el bienestar mental

Hablemos de las fortalezas de carácter. Desde la psicología positiva nos dicen que cada persona dispone de una serie cualidades internas para desenvolverse en la vida con mayor o menor soltura.

Christopher Peterson y Martin Seligman definieron hasta 24 fortalezas, entre las cuales, estaría desde la valentía, la creatividad, el valor, el juicio, el sentido del humor, la prudencia o la inteligencia social.

Todos apuntamos más en unas que en otras. Sin embargo, psicólogos educativos tan conocidos como Joseph Renzulli y E. Paul Torrance destacan que, dentro de esas cualidades, hay dos capaces de impulsar al ser humano hacia el bienestar y felicidad: la esperanza y la perseverancia.

Son cualidades que están presentes en cada uno de nosotros; sin embargo, no siempre les damos la importancia que merecen o el lugar que necesitan en nuestro día a día.

Avanzar con optimismo en medio de la tormenta

Podríamos dar mil ejemplos de esperanza y perseverancia. Nikola Tesla, por ejemplo, fue un incomprendido de su tiempo. Sus profesores lo menospreciaron de niño por sus ideas imposibles. Sus colegas fueron sus enemigos de profesión. Sin embargo, nada de esto frenó su genio creativo, hasta el punto de ser uno de los inventores que más aportaciones ha ofrecido al avance de la humanidad.

Asimismo, podríamos hablar también de Helen Keller, una niña que se quedó sorda y muda al cumplir el primer año de vida. Lejos de ver límites en sus déficits, halló las fuerzas y los mecanismos para ser una de las figuras más destacadas del siglo XX. Activista, defensora de los derechos de las mujeres, escritora, conferenciante… Su legado sigue inspirándonos.

Ella es un ejemplo más de cómo avanzar en medio de la tormenta y la adversidad, aunando pasión, esperanza y esa perseverancia de quien lejos de ver muros a su presente, ve ventanas para su futuro.

Esperanza y perseverancia, el cerebro motivado

Las personas que interiorizan y hacen uso de la esperanza y la perseverancia tienen una alta autoestima. Confían en ellas mismas y en sus competencias.

Lejos de visualizar un mañana sin obstáculos o dificultades, saben y entienden que aparecerán piedras en el camino. La esperanza les hace entender que están preparados para superar con éxito esas complejidades, y que no van a rendirse ante ellas.

Ahora bien… ¿cómo despertar esas fortalezas de carácter? Desde el campo de la neurociencia nos señalan que la estrategia pasaría por «motivar» a nuestro cerebro. Por conseguir que produzca un flujo constante de dopamina.

¿Y por qué precisamente este neurotransmisor? Básicamente porque nos da ánimos, regula el placer, la capacidad de logro, el entusiasmo y la energía.

Un modo de encender esa luz interna que se desprende de la esperanza y la perseverancia es crear hábitos, rutinas y establecer metas a corto plazo y largo plazo. Necesitamos avivar la ilusión, recordar nuestros valores y dar raíces a la autoconfianza.

Debemos, además, focalizar todas nuestras energías en el momento presente para intentar superarnos cada día un poco más. Solo caminando poco a poco se avanza con más seguridad. Solo siendo conscientes de nuestras necesidades y de los objetivos que deseamos lograr, alimentaremos la motivación.

Mujer con esperanza en el campo

La brújula de la vida: esperanza

Llamamos a la esperanza la brújula de la vida. Es esa voz interna que nos hace saber que aquello que ansiamos, puede ocurrir. Es ese cabo que nos lanzamos a nosotros mismos en medio de los huracanes para mantenernos a flote, para estar aferrados a algo.

Sin ella estaríamos perdidos, pero sin la perseverancia, la esperanza perdería sus piernas y su capacidad de acción y movimiento.

Porque, sin esfuerzo y estrategia, los sueños no llegan solos. Porque sin motivación, capacidad de lucha y superación cotidiana, no se vencen las dificultades. Hagámoslas nuestras. Sintamos su voz y su impulso para que no nos falte en ningún momento la esperanza y la perseverancia.