Estar mal está bien

22 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
Estar mal está bien. La alternancia en los estados anímicos forma parte de nuestra naturaleza. Así, aceptándola para construir nosotros un relato propio, lejos de la censura, la tormenta pasará.

A veces, nos culpabilizamos por sentir angustia profunda; no nos damos cuenta de que, en algunas situaciones, la mayoría de hecho, estar mal está bien.

Alguna vez te has preguntado qué hay detrás de ciertas expresiones: “te ves fea cuando lloras“, “un hombre no llora“, “pues anímate y ya“… Se trata de frases, en apariencia inocentes, que son tan directivas como dañinas, tan censoras como macabros instrumentos de tortura.

De alguna manera, nos están diciendo que hay algo malo en cómo nos sentimos… que no nos deberíamos sentir así. Que no deberíamos sentir tristeza después de la pérdida, enfado y rabia después de conocer la traición. De verdad, ¿no nos deberíamos sentir así?

Reconocer todas nuestras emociones, suma peldaños para nuestro autoconocimiento.

Mujer triste mirando por la ventana

¿Por qué estar mal está bien?

Todos pasamos por momentos buenos y por momentos malos. Forma parte de nuestra naturaleza, la alternancia es consecuente con el dinamismo en las circunstancias por las que pasamos. En principio, no hay nada pernicioso en la oscilación anímica, en contra de lo que pueden señalar determinadas culturas.

Así, en muchas ocasiones podemos llegar a sentirnos muy mal, ya no solo por una pérdida o una traición, sino también por la impotencia que nos genera no poder salir rápidamente de ese estado de ánimo. Es entonces cuando dirigimos toda nuestra ira hacia nosotros, haciendo más profunda la herida, más doloroso el corte.

Así, estar mal está bien cuando:

  • Queremos expresar lo que sentimos.
  • Alguien quiere comunicar lo que siente.
  • Cuando nos sucede algo desagradable.
  • Cuando le pasa algo a alguien cercano.
  • En los momentos en los que nos sentimos desmotivados.

Estos son solo algunos ejemplos. En realidad, lo importante de las emociones, cuando adquieren valor, es cuando las aceptamos para escucharlas. Cuando las entendemos como mensajeras y no como las causantes de las malas noticias.

Estar mal, más allá del sufrimiento

Cuando cambiamos de perspectiva y vemos que estar mal es una gran ventana para el aprendizaje, la intensidad del sufrimiento se atenúa. Esto no quiere decir que, automáticamente dejemos de estar mal. Pero sí, que nos alejamos del sufrimiento. Recordemos que, el sufrimiento puede ser, o tiene una buena parte de, opcional.

Entonces, podremos aprovechar la oportunidad para hacer de la resiliencia una de nuestras mayores virtudes. Es decir, sobreponiéndonos al malestar, encontrándole un sentido a nuestra vida, y aprendiendo de cada experiencia.

Mujer mirando un globo

Estar mal, ¿cómo gestionarlo?

Hay diversas formas de hacerlo. Podríamos comenzar con un viaje a lo más profundo de nuestro ser. El autoconocimiento es una llave poderosa que potencia que sepamos cómo somos y hacia dónde queremos ir.

Otra manera es identificar cómo somos a nivel emocional, y tras hacerlo, comenzar a plantearnos metas para ser más asertivos en la elección de nuestras estrategias de afrontamiento. Por ejemplo, si sabemos que nos volvemos irritables ante el error, ya podemos comenzar a trabajar en ello; podremos expresar de una forma más controlada nuestro enfado, pero también hacer que este no alcance niveles muy altos.

También podemos pedir ayuda. Por ejemplo, acudiendo a un profesional, como un psicólogo o psiquiatra. Todos podemos necesitar un soporte, además, estos profesionales no solo ayudan cuando estamos mal, también nos guían para potenciar lo mejor de nosotros.

Por otro lado, podemos realizar actividades que nos suban un poco el ánimo. Por ejemplo, hacer ejercicio físico, pintar, bailar, compartir con los más cercanos, etc.

Lo importante es que le encontremos un sentido a la trayectoria que dibujamos en el tiempo, así comenzaremos a despedirnos del sufrimiento. De ello, por ejemplo, nos habla Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido, un estremecedor y maravilloso relato de su experiencia vital.

En suma, estar mal está bien cuando nos situamos en este punto desde la aceptación emocional. Cuando dejamos un espacio para que las emociones puedan coger aire y comunicarnos su mensaje; puede ser que alguien nos ha hecho daño, que lo que se ha ido es importante. Después, ya no tendrán nada más que decir, nos dejarán su energía para la reflexión o para la acción y se marcharán.

Frankl, V. (2015). El hombre en búsqueda de sentido. Barcelona: Herder.