Estigmatofilia: la atracción sexual por los piercings y tatuajes

Sara Clemente · 20 octubre, 2017

Los hay de todo tipo: con múltiples formas, tamaños, diseños, colores… Y tantos lugares para colocárselos como superficie haya disponible en el cuerpo. Hablamos de la pasión por los piercings y tatuajes, una moda que si atrae sexualmente se convierte en estigmatofilia.

Este tipo de personas sienten verdadera predilección por las perforaciones, los tatuajes o las cicatrices corporales. De ahí que necesiten contemplar, rozar o tocar una piel tatuada o un cuerpo lleno de aros.

La kriptonita de la estigmatofilia

Hoy en día, hacerse piercings o tatuajes por el cuerpo es una moda que traspasa fronteras, y tiene especial calado entre jóvenes y adolescentes. Gracias a este auge hemos podido ser conscientes de casos curiosos de esta filia, desconocida para la gran mayoría de nosotros.

Para las personas con estigmatofilia, tan solo basta con encontrarse por la calle a alguien que tenga algún dibujo o perforación en su piel, para sentir ganas de acercarse a ella automáticamente.

No significa que sientan un impulso de tocar todo lo que tiene tinta o quieran besar orejas perforadas, sino simplemente que se sienten atraídos por las personas que los portan. Hay también algunos casos en los que estas personas sienten predilección o por los tatuajes o por los piercings, no por ambos. De esta forma, hacia aquellas personas que no están tatuadas, perforadas o sin señales en la piel, les pasa lo contrario: sienten indiferencia y ningún indicio de excitación sexual.

Mujer con un tatuaje en su espalda

Para algunos es una parafilia…

Muchos expertos consideran que esta conducta es un tipo de parafilia. Esto es, un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente de placer proviene de objetos, situaciones, actividades o individuos peculiares o inusuales. Estas personas para sentir excitación sexual necesitan de un contexto y de unos elementos muy particulares.

Dentro de esta parafilia, una corriente psicológica es partidaria de que los que la padecen sienten atracción por el sufrimiento que ha pasado la persona que se ha hecho el tatoo o la perforación. Es decir, es el dolor ajeno el que de alguna manera conseguiría que los estigmatofílicos, de alguna manera, empaticen y simpaticen con el otro.

… para otros, puro fetichismo

Otros profesionales creen que este comportamiento se puede asemejar a la excitación que pueden producir en algunas personas los pies, los zapatos, la lencería, los disfraces, caderas prominentes, el olor o unos labios carnosos. Por eso, prefieren hablar de la estigmatofilia como un acto fetichista.

Esta perspectiva cree que no son necesarios los piercings o tatuajes para que estos individuos sientan atracción sexual. Sino que, de estar estos elementos presentes, su placer se maximiza radicalmente. Pero, si no están, tienen relaciones satisfactorias igualmente.

¿Es una desviación sexual?

Aunque a priori puede causar rechazo social, la estigmatofilia no está considerada como una perversión o enfermedad mental. Se debe a que no implica daño alguno para la otra persona ni modifica su comportamiento. Para considerarlo como trastorno psicológico se han de dar dos condiciones. La primera es que una persona lastime a otra. La segunda, que este comportamiento cause angustia o un malestar persistente en la persona con estigmatofilia.

En este caso, la estigmatofilia no implicaría hacer daño alguno, ni a la persona que lo siente ni a quienes son objeto de ese deseo. Por ello y, aunque cada caso es único, no se trata de un irrefrenable y pervertido deseo que ha de finalizar sí o sí en la realización del acto sexual.

¿Por qué los piercings y tatuajes?

La explicación podría ser antropológica, pues tanto tatuajes como piercings son prácticas ancestrales. Ya desde la Roma Clásica, los militares y guardias del César llevaban aros en sus pezones. Además de accesorios de sus vestimentas, eran un símbolo de su virilidad y coraje.

En otras culturas y civilizaciones centenarias, las pinturas tribales o perforaciones en las orejas u otras partes del cuerpo están o estaban íntimamente relacionadas con el concepto de belleza. De hecho, en muchas de ellas se han identificado muchos ritos, especialmente relacionados con la adolescencia, en este sentido.

Mujer con tatuaje en el pie

Transmiten quiénes somos

Además de ser una cuestión de estética, un tatuaje puede plasmar múltiples circunstancias y vivencias. Desde emociones, momentos cumbre en la vida de esa persona, creencias, ideales religiosos y hechos o personas importantes que han marcado su desarrollo.

No solo son algo meramente decorativo, sino que transmiten nuestra identidad. Por esta razón, se puede entender cómo los estigmatofílicos se sienten atraídos no por la tinta del tatuaje, sino por su contenido y significado. Por lo que representan y expresan de la persona que los porta.

En algunas ocasiones se dan casos curiosos. Por ejemplo, que muchos de los que se sienten atraídos por estos elementos no los lleven en su propio cuerpo. Por otro lado, algunas de las zonas que nombran como preferidas son la lengua, los labios, los pezones y los genitales. Así que… ya sabes. Si sientes que tu corazón se acelera cuando conoces a personas que llevan piercings o tatuajes… ¡considérate estigmatofílico!