Estupor, la emoción que nos impide reaccionar

30 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La estupefacción es un estado emocional experimentado por todos. Hemos caído en él al quedarnos paralizados ante una situación, hecho o información que nos ha costado creer. No obstante, a veces esta manifestación puede llegar a situaciones límite, causando incluso alteraciones en la conciencia.

Quedar paralizados, sin poder reaccionar, suspendidos en un estado emocional intenso y desconcertante a la vez… El estupor es esa experiencia a medio camino entre el asombro, la sorpresa y a veces también del miedo, que todos hemos experimentado alguna vez. La palabra deriva del latín y puede traducirse también como insensibilidad, una condición que puede incluso llegar a ser problemática.

En el siglo XIX, por ejemplo, se describió lo que hoy conocemos como estupor catatónico. Son condiciones neuropsiquiátricas en las que la persona muestra una mínima o nula actividad motora y además deja de tener contacto con su entorno. Así, y aunque en nuestro lenguaje cotidiano sea muy común aquello de “me he quedado estupefacto”, la realidad es que a veces pueden llegarse a extremos tan llamativos como severos.

El estupor tiene una acepción médica y otra emocional con la que cualquiera puede sentirse identificado. Al fin y al cabo, la vida, nuestro mundo y muchos de nuestros escenarios pueden, en un momento dado, impactarnos con una imagen, una noticia inesperada o una experiencia para la que no estamos preparados. Sentir que por un momento no podemos reaccionar entraría dentro de lo normal.

Conozcamos más datos.

Chico tras ventana que siente estupor

¿Qué es el estupor?

Podemos definir el estupor como un estado emocional intenso que provoca bloqueo cognitivo y conductual. Es decir, de pronto, hay un estímulo que nos suscita un gran impacto y que no podemos entender. Es más, la combinación de sorpresa, extrañeza y confusión que nos genera hace que ni tan solo podamos pensar o responder con naturalidad. Cuerpo, mente y emociones quedan supeditados a dicha estupefacción.

En nuestra cotidianidad, es común experimentar estupor ante determinados comportamientos, ante ciertas noticias e incluso comentarios ajenos. Son situaciones que no esperamos y que, de pronto, se manifiestan suscitando en nosotros esa mezcla de extrañeza, contrariedad y asombro que nos cuesta tanto procesar.

Ahora bien, este término aparece en el campo de la psicología clínica con otras apreciaciones más problemáticas. Vale la pena conocerlas.

¿Cuántos tipos de estupor existen?

Hay diferentes tipologías de estupor. Ya conocemos el vinculado a esos estados emocionales que experimentamos de forma común y que, más allá de una leve turbación, no nos generaría mayores problemas. Sin embargo, podemos encontrar esas situaciones más patológicas que suelen ser síntoma de condiciones mentales más complejas y hasta graves.

Estupor emocional (parálisis de los sentimientos)

El estupor emocional suele ser un signo de los trastornos depresivos. Aparece cuando la persona cae en un bucle que oscila entre la apatía, la indiferencia, la sensación de vacío y, a su vez, la incapacidad de reaccionar ante el entorno. etc. Además de estas dimensiones, cursaN también el desánimo, la negatividad, los sentimientos de inutilidad y de culpa, etc.

Estupor catatónico

Mutismo, debilidad muscular, inmovilidad motora, incapacidad para reaccionar o centrar la atención… El estupor catatónico traza un tipo de enfermedad mental de origen neurológico. Estudios como los realizados en la Universidad de Osaka (Japón) señalan que esta tipología puede aparecer en los trastornos esquizofrénicos.

Ahora bien, que una esquizofrenia se manifieste con estupor catatónico es una situación grave. Por lo general, cursa con otras enfermedades como problemas cardíacos, inmunodeficiencia, así como con una clara hiperactividad del sistema nervioso simpático. La mortalidad en estos casos es más elevada que en otros tipos de estupor.

El estupor disociativo

Hay traumas de elevada complejidad que acaban manifestando estupor disociativo. Cuando una persona atraviesa por un suceso de gran sufrimiento, turbación e impacto emocional puede ocurrir que evidencie ese mecanismo de defensa con el que distanciarse de esa experiencia y de todo lo sentido.

Aparece el mutismo, la inmovilidad, la incapacidad de reaccionar ante los estímulos externos, como el contacto físico, la luz, el sonido…

Estupor orgánico

Un ejemplo de estupor orgánico lo tenemos en las intoxicaciones por alcohol. Cuando una persona está ebria puede llegar a estados de alteración de la conciencia en los que es incapaz de reaccionar ante lo que le envuelve. Lo mismo sucede con el consumo de drogas e incluso con una hipoglucemia severa. No obstante, son situaciones graves en las que en ocasiones se puede estar rozando el coma.

En esta tipología entran todas esas situaciones que tienen como origen una lesión, como también estados severos de depresión, edemas cerebrales o alteraciones de la conciencia a causa de algún trastorno o sustancia.

Hombre con esquizofrenia

¿Cómo se tratan estas situaciones?

El estupor clínico no es lo mismo que la estupefacción emocional, esa que todos experimentamos ante un estímulo inesperado o contradictorio. Es decir, toda situación que ocasiona parálisis, mutismo e incapacidad de reacción ante el entorno se considera grave. Es importante acudir a urgencias para conocer el origen de esa situación y aplicar el tratamiento adecuado.

Cuando el nivel de consciencia queda suspendido en un estado de parálisis, de confusión u obnubilación que no remite, estamos en un escalón previo al coma. Nadie finge esta experiencia, es una situación de extrema severidad que debemos atender de inmediato. Tengámoslo presente.

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