¿Existe la “amistad a primera vista”?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 27 diciembre, 2017
Valeria Sabater · 27 diciembre, 2017

La “amistad a primera vista” existe, pero más que a través de las miradas ese vínculo se establece a través de las risas compartidas, de esa mágica complicidad donde aparece de pronto una afinidad en común, una coincidencia… Es un “flechazo” conformado por interacciones positivas que más tarde se irá afianzando a través del apoyo emocional y, sobre todo, con la confianza.

Todos hemos oído hablar del amor a primera vista, ahí donde se conjugan múltiples matices como la atracción física, nuestros esquemas inconscientes y el siempre misterioso pero innegable poder de nuestros neurotransmisores. Ahora bien, algo que se han preguntado recientemente los psicólogos de la personalidad es si en el ámbito de la amistad sucede algo parecido.

Pensemos por ejemplo en todos esos escenarios sociales en los que nos movemos a diario: trabajos, aulas de estudios, bloques de edificios, gimnasios, fiestas, transportes públicos… ¿Basta con cruzarnos la mirada con alguien para intuir si esa persona puede llegar a ser un buen amigo? ¿Pueden esas primeras impresiones darnos una pista fiable y certera de ello?

“¿Que es un amigo? Una sola alma habitando en dos cuerpos”.

-Aristóteles-

Esta misma premisa es la que investigó un grupo de psicólogos sociales en un trabajo que se publicó en la revista “Social Psychological and Personality Science“. Los resultados del mismo no pudieron ser más interesantes. Quedó claro, por ejemplo, que el “enamoramiento amistoso” existe. Las personas hacemos juicios rápidos sobre qué tipo de personas son más afines a nosotros en el plano de la amistad y lo llevamos a cabo valorando ciertos aspectos, pequeñas pistas, matices sutiles…

A veces no damos precisamente en el blanco, lo sabemos, sin embargo, ese “feeling” que parte a menudo de impresiones algo sesgadas suele acertar en un 70% de los casos. La amistad es para los psicólogos y los sociólogos algo tan o más fascinante aún que el amor. Esas fuerzas que nos atraen hacia un determinado tipo de personas y no hacia otras es lo que define también nuestra identidad social y nuestro firme deseo por rodearnos de perfiles afines al nuestro.

chico sonriente representando la amistad a "primera vista"

La “amistad a primera vista” ocurre cada día

La “amistad a primera vista” ocurre cada día. Se da en ese niño asustado que empieza su primer día en Primaria, el mismo que lleno de nervios, da un primer vistazo a sus compañeros de clase para de pronto, descubrir a otro niño algo más resuelto que él, un pequeño que le sonríe desde las últimas filas del aula y le anima a sentarse con él.

Ocurre también cuando empezamos un trabajo, y en medio de la rutina de la jornada sucede algo sin importancia pero inesperado que solo nos hace reír a nosotros y a otra persona más. Las risas se convierten en carcajadas y, entonces, descubrimos que ahí puede nacer una buena amistad. Las primeras impresiones son así, están cargadas de coincidencias, de matices emocionales, de súbitas coincidencias y miradas que hacen rápidas lecturas buscando afinidades.

Ahora bien, algo que en apariencia nos puede parecer hasta mágico, tiene en realidad mucho de biológico, mucho de neuroquímico. Las regiones cerebrales que orquestan este tipo de hechizos amistosos son la amígdala y el córtex del cíngulo anterior. La primera estructura se relaciona con nuestras emociones y, más concretamente, con esas pulsiones relacionadas con nuestro instinto de supervivencia.

chicos hablando en la playa representando la amistad a "primera vista"

Así, si hay algo que todos sabemos es que tener a nuestro lado a un buen amigo nos hará más llevadera la vida, nos sentiremos más protegidos, más felices y más satisfechos. Por otro lado, el cortex del cíngulo anterior hace referencia a esa sofisticada área cerebral que nos ayuda a tomar decisiones y a asignar valor a objetos y personas. Algo que, a veces, hacemos de forma increíblemente rápida y que conforma sin duda la “amistad a primera vista”.

Tras la “amistad a primera vista” hay ciertas exigencias

Los psicólogos de la Universidad de Columbia, Jeremy C. Biesanz y Elizabeth W. Dunn, autores del estudio citado al inicio sobre las bases que definen ese “flechazo” amistoso, nos revelan algo interesante. La “amistad a primera vista” existe, pero tras ella hay una serie de mecanismos muy sofisticados que es importante tener en cuenta.

Cuando las personas conectamos con alguien lo hacemos en base a unas expectativas. Por ejemplo, ese niño asustado que empieza su primer día de clase y se encuentra con otro compañero de aula que le sonríe, se dirá a sí mismo que sí, que ese chico puede ser su aliado en ese entorno desconocido y algo amenazante para él. Pensará que será alguien con quien poder compartir cosas, con quien jugar y tener siempre a su lado.

La “amistad a primera vista” es en realidad un modo de monitorear a alguien con quien creemos que puede haber semejanzas e intereses comunes, una persona en la que valdrá la pena invertir nuestra energía emocional, nuestro tiempo e incluso parte de nuestros proyectos.

Las personas somos exigentes e inconscientemente esperamos muchas cosas a cambio. Sin duda, las mejores amistades son intercambios enriquecedores donde todos los miembros deben salir ganando, donde se invierte y se recibe, se da y se ofrece.

chicas representando la amistad a "primera vista"

Para concluir, podemos decir que el enamoramiento amistoso es real y que, a veces, nos bastan unos pocos minutos para conectar con alguien de forma intensa y maravillosa. Sin embargo, tras esa primera conexión basada en una serie de micro-juicios, valoraciones a menudo algo sesgadas combinadas con las expectativas antes citadas, será el tiempo quien nos demuestre si hemos acertado o no.

Al fin y al cabo, toda amistad duradera, significativa y valiosa es aquella que se basa en tres pilares muy claros: confianza, reciprocidad y apoyo emocional positivo.