La energía que desprenden los demás condiciona cómo nos sentimos

Fátima Servián Franco · 30 noviembre, 2016

Las personas absorbemos la energía de otras personas. Esto explica por qué hay personas que se sienten incómodas cuando están con ciertos grupos de personas. A esta conclusión se llegó gracias a un estudio realizado por la Universidad de Bielefeld. En él se demostró que los seres humanos estamos continuamente influenciados por las energías del entorno.

Las flores necesitan agua y luz para crecer y las personas no somos diferentes. Nuestros cuerpos físicos son como esponjas, absorbiendo parte de lo que gravita en el ambiente. Nuestro organismo se aprovecha de la energía que desprenden otros organismos para alimentar sus estados emocinales. Todos tenemos una persona en nuestro entorno que es capaz de chuparnos toda nuestra energía y dejarnos por los suelos. También tenemos a la contraria: esa cuya presencia simplemente nos inspira.  

Parece que los humanos también podemos absorber la energía que emana de los animales y de la naturaleza. Esa es la razón por la cual estar en contacto con la naturaleza es estimulante y energizante para tanta gente. Por su parte, la Zooterapia o terapia asistida con animales tiene como misión aprovechar a los animales para mejorar las condiciones de los pacientes.

“La energía de la mente es la esencia de la vida”

-Benjamin Franklin-

La relación entre el estado de ánimo y el nivel de energía

La energía es la capacidad que posee un cuerpo para realizar un trabajo. Todos los cuerpos pueden acumular energía y producir cambios sobre sí mismos y/o sobre otros elementos. De hecho, cuando realizamos cualquier actividad lo que estamos haciendo en el fondo es un trasvase de energía.

Todos los seres vivos necesitamos distintos tipos de energías para desarrollar nuestras actividades obteniéndolas a través de la alimentación. También las podemos obtener de la naturaleza, concretamente en el viento, el agua, el calor, la luz, etc. Sin lugar a dudas, la energía es esencial para nuestras vidas, la ausencia de ella dificulta muchas de las actividades cotidianas, como trasladarse, cuidarse, trabajar o hacer deporte.

Mujer en el campo

La energía de nuestro cuerpo influye y modifica nuestro estado de ánimo. Según algunos psicólogos, como Robert Thayer, el estado de ánimo refleja la asociación que existe entre la energía y las emociones. El estado de ánimo fluctua entre un estado energético (de más cansado a más activo) y un estado referido al grado de nerviosismo (entre más calmado o más tenso), y se considera que el “mejor” es un estado calmado-energético y el “peor”, un estado tenso-cansado.

El hombre suele convertirse en lo que cree que es.

¿Cómo aumentar la energía positiva?

Cuando el estado energético personal está bajo todo se hace más cuesta arriba y las dificultades se multiplican. Es necesario preguntarnos qué acciones, sucesos o personas nos aportan un estado energético positivo. Las acciones y personas que nos aportan buena energía nos ayudan a recorrer el camino de manera más proactiva

Para aumentar nuestro estado energético, además de rodearnos de personas positivas, hay que trabajar a nivel interno. Seguir las siguientes pautas pueden ayudarnos a conseguir un estado energético óptimo:

  • Mantenerse centrado en nuestros objetivos, de manera que la energía no se disperse..
  • Estar en un estado de no-resistencia, aquello a lo que nos resistimos se pega.
  • Tomar conciencia de nuestros límites sin juzgarnos por ello.
  • Centrar nuestra energía sobre aquellos objetivos sobre los que tenemos un mayor control.

Mariposa

Por otro lado, hay que buscar actividades que nos ayuden a mantener la motivación. Para algunos es suficiente con hacer ejercicio, salir al campo, compartir tareas o cambiar hábitos. Tenemos que encontrar qué nos pone las pilas y procurar incluirlo en nuestro día a día. De la misma manera, también nos ayuda mantener a nuestro alrededor personas con un enfoque parecido de manera que se puedan aprovechar también de la energía que tú desprendes.

Elegir bien nuestro entorno diario, los amigos, las actividades y en definitiva los compañeros de vida influye en nuestro estado de ánimo. Rodearse de gente afable con energía positiva nos proporciona una importante ayuda para afrontar los retos, tanto los trascendentales como los más cotidianos.

Si las actitudes son contagiosas, ¿merece la pena contagiarse de la tuya?