El facilismo o el desprecio de la dignidad - La Mente es Maravillosa

El facilismo o el desprecio de la dignidad

Edith Sánchez 29 julio, 2017 en Emociones 0 compartidos
mujer con el corazón en una jaula sufriendo los efectos del facilismo

En el mundo actual hemos pasado de romper las barreras de la dificultad a una masificación del facilismo. El ser humano necesitó, y necesita, hacer más fáciles algunas tareas para lograr que sean posibles varios de sus objetivos y proyectos. La rueda, por ejemplo, permitió que fuera posible trasladar grandes pesos de un lado a otro. Buena parte de la historia humana ha sido la de la lucha por facilitar procesos. Lo malo es que esto terminó generando un ejército de facilistas.

Primero fue la revolución industrial y luego la revolución informática. Ambos fenómenos lograron que la vida cotidiana fuera mucho más rápida para los seres humanos. En otras palabras, consiguieron minimizar el esfuerzo para realizar muchas actividades cotidianas que antes exigían más energía y mayor tiempo. Por ejemplo, informarse. El voz a voz fue sustituido por la gran prensa y luego por la información en tiempo real de Internet.

Valdría la pena preguntarse si todo esto hizo realmente más fácil la vida. Quizás sea más exacto decir que ahora es más rápida y exige menos inversión de energía física. Pero la existencia se ha complejizado hasta el extremo que las enfermedades mentales son las de más están aumentando su incidencia. Al mismo tiempo, se ha instaurado el facilismo como medio para hacerle frente a esa complejidad.

De la facilidad al facilismo

El propósito del industrialización y de la informática no ha sido exactamente el de hacerle más fácil la vida al ser humano. Su objetivo último es hacer más rápida y sencilla la producción. Por esa vía también ha terminado simplificando muchas tareas de la vida cotidiana, pero en esencia no se orientaba a ello. Buena parte de esos avances se explican más por el concepto de dinero que por el de bienestar.

Motos aparcadas en anilla de libreta

Sea como fuere, lo cierto es que ese principio de que todo funcione fácilmente se ha ido filtrando en nuestra conciencia de diferentes maneras. La peor de ellas es esa que apunta a hacernos creer que lo fácil y lo rápido son atributos deseables. Por contrapartida, lo complejo y lento son defectos. Esa forma de pensar es el sustrato del facilismo.

En su expresión más positiva y benéfica, la ciencia y la tecnología han querido liberarnos de las tareas mecánicas y de aquellas que exigen fuerza bruta. Se supone que al agilizar tareas, como lavar la ropa rápidamente o transportar objetos muy pesados con mayor comodidad, todos tendríamos más tiempo disponible para dedicarnos a tareas más loables, que nos llenaran más. Pero esto no se ha cumplido, o solo lo ha hecho en parte y para unos pocos. Lo que sí se ha extendido es una actitud de desprecio por el esfuerzo.

Cada vez contamos con más tecnología que nos facilita la vida y, al mismo tiempo, cada vez nos sentimos más perdidos ante el abismo del tiempo que se nos abre por delante. Además, antes se trabajaban muchas horas y hoy se siguen trabajando las mismas o incluso más.
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El facilismo y la dignidad

Se ha construido un falso ideal: eliminar los problemas. Se popularizó la idea de que no hay nada positivo en ellos. Y peor aún, muchos imaginan que de verdad existe una vida sin dificultades, un mundo sin obstáculos.

Lo creen hasta el punto en que terminan frustrándose porque no llega el día en que desaparecen los problemas. La gran paradoja es que nunca antes habíamos tenido la sensación de enfrentarnos a tantos problemas. Casi todo se ha convertido en una dificultad. Comer mucho o poco. Tener trabajo y no tenerlo. Construir una pareja y no hacerlo. Y un larguísimo etcétera.

mujeres enganchadas por una cadena

Desde el punto de vista psicológico, el facilismo puede tener dos caras. Por un lado sería una respuesta defensiva a lo que se experimenta como un cúmulo de problemáticas que no se pueden resolver. Por otro lado, también podría tratarse de una actitud infantil, en la que el individuo desea permanecer en una condición que no le exija compromisos, esfuerzos o responsabilidades, como cuando era un bebé.

Lo que este tipo de posturas no admiten es el hecho de que la realidad y la dificultad van de la mano. Pero además no comprenden que es precisamente la existencia de la dificultad lo que le permite a una persona y a la humanidad misma, buscar, encontrar y evolucionar. Hasta la invención del fuego respondió a una iniciativa que pretendía resolver un problema. Al solucionarlo sentaron las bases para que se diera un paso definitivo hacia el homo sapiens.

Por lo general, el facilismo no hace más que acumular y acrecentar los problemas. Te priva además de la posibilidad de probarte, de medirte y así incrementar la confianza en tus propias capacidades.

También te impide disfrutar de una de las plenitudes de la vida: sentirte digno de lo que eres, de lo que tienes y de lo que eres capaz de hacer. Seguro hay dificultades que son imposibles de resolver, como el hambre mundial. Pero también hay muchas otras que sí son solucionables. Lo que falta es confianza en uno mismo. O amor propio. O ambos.

Corazón hecho con hijo rojo

Imágenes cortesía de Tatsuya Tanaka, John Holcroft 

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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