Factores cognitivos implicados en las creencias persecutorias

16 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
El delirio no es, por sí mismo, un síntoma de enfermedad. Por otro lado, existen delirios, como el de persecución, que se ven alimentados por determinados sesgos cognitivos sobre los que muchas veces en mejor enfocar al intervención. En este artículo nos centramos de manera particular en el delirio de persecución y en aquellas variables que lo alimentan.

Cuando una persona sufre un delirio, ya sea en el contexto de una esquizofrenia, un trastorno delirante o un trastorno psicótico breve, este puede ser de diferentes tipos: de culpa, de grandeza, de control o de persecución, entre muchos otros.

Aunque se asocien a la locura y se piense que los delirios no pueden ser explicados, esto no es del todo así. Se conocen algunos factores cognitivos implicados en que un individuo desarrolle y mantenga el tipo de delirio de persecución.

Un delirio forma parte del amplio espectro de síntomas que puede presentar una esquizofrenia o un trastorno psicótico breve. En el caso del trastorno delirante, sería el síntoma nuclear.

Los delirios no implican que la persona esté loca: no es un mecanismo ajeno a las personas mentalmente sanas. Esto, además, añade una idea esperanzadora: modificando algunos esquemas cognitivos se entiende que el delirio podría desaparecer. En este artículo se presentan y explican esos factores cognitivos implicados en las creencias persecutorias.

Perfil de una cabeza llena de mecanismos

¿Qué es una creencia persecutoria?

Un delirio puede entenderse como un conjunto de creencias erróneas o malas interpretaciones de las percepciones o las experiencias. Estas ideas no se abandonan por más que se encuentren evidencias de lo contrario y no sean compartidas por una mayoría. Esto complica la intervención en trastornos como la esquizofrenia cunado esta cursa con delirios.

Hay individuos que creen que acontecimientos, detalles o frases van dirigidos exclusivamente a ellos, hacen referencia a ellos y tienen una significación especial —delirio de referencia—; otros piensan que su cuerpo está enfermo y cambiando, que su cara está adoptando una forma cuadrada o su pierna alargándose —delirio somático—; y otros que piensan que están siendo perseguidos —delirio de persecución—.

El deliro de persecución, sobre el que versa este artículo, se refiere a una fuerte creencia de que existe una conspiración contra la persona que sufre el delirio. Siente que le persiguen, que registras sus pertenencias, que su teléfono está intervenido. Además, con facilidad, incluyen a muchas personas —incluso allegados— como parte de esa conspiración.

Por ejemplo, una persona comienza a tener ese delirio, y piensa que su pueblo conspira contra él para quitarle su casa y matarle. Al hablar de ello con un familiar, presentándole todas las evidencias que este tiene, el familiar puede tratar de convencerle de que eso no es así, mostrarle pruebas que falsean su creencia o negarse a creer lo que dice. Es frecuente que en ese momento el familiar también tenga algo que ver en esa conspiración, favoreciendo el aislamiento social y el deterioro de las relaciones familiares.

Respecto al tratamiento psicológico, esto también puede pasarle al terapeuta. Al negar sus delirios, este puede formar parte del «grupo de perseguidores». Por ello, el tratamiento del delirio persecutorio se conforma como un reto.

Factores cognitivos: ¿qué es lo común de las creencias persecutorias?

A través de diferentes investigaciones y estudios, se ha podido determinar que las personas con delirios persecutorios presentan varios factores cognitivos comunes. Estos potencian el delirio y explican, en cierta manera, por qué falsear el delirio no sirve, y por qué las personas siguen encontrando evidencias que apoyan su hipótesis de que están siendo perseguidas.

Sesgos atencionales y de memoria

Se encuentran una gran cantidad de sesgos atencionales. Para la persona son especialmente salientes aquellos acontecimientos que confirman su delirio. Esto les ocurre también a las personas con fobias sociales o ansiedad social.

Tienden evitar mirar a los ojos y las bocas —puesto que son los rasgos que más marcan las expresiones faciales— para evitar sentir la amenaza. Además, tienden, a raíz de este sesgo, a recordar más la información de tipo amenazante, es decir, recuerdan mucho más vívidamente las caras de enfado que las de alegría.

Todo esto se traduce, en definitiva, en que son muy sensibles al castigo social. Ven a los demás como una amenaza. En su día a día, detectan a un mayor número de amigos o compañeros enfadados y rabiosos.

Además de por el sesgo atencional, esto también sucede porque ellos pueden interpretar cualquier mensaje que les llegue en este sentido, pensando que el otro está enfadado, cuando no es así.

Procesos de elaboración de la información

Encontramos además procesos de generación de hipótesis diferentes a los de la población general en las personas con creencias persecutorias. Se observan sesgos que provocan que la información sea recogida de manera diferente a la del resto, reafirmándose en la idea de base: son perseguidos. Algunos de estos factores cognitivos son:

  • Razonamiento probabilístico: son individuos que saltan a conclusiones muy rápidamente, sin pensar, valiéndose de la “probabilidad”. Esto significa que necesitan menor cantidad de información que la media para tomar una decisión, y confían en lo acertado de la misma. El problema viene cuando ese razonamiento probabilístico se utiliza también con material emocional.
  • Sesgos de covariación: de igual manera, realizan asociaciones rápidas entre eventos. Elaboran asociaciones erróneas entre situaciones o acontecimientos que no tienen por qué estar relacionados.
  • Sesgos autorreferenciales: se ven a sí mismos como protagonistas de una película o un drama. Todo tiene que ver con ellos —las actitudes de sus compañeros, los comentarios, las conversaciones…—. Por otro lado, la actitud defensiva o agresiva de la persona que sufre el delirio hace que muchas veces no sea bien tratada. Un trato que sería una prueba más de que están contra ellos.

Atribuciones causales: ¿qué es mi culpa y qué es la tuya?

Encontramos además otro sesgo dentro de los factores cognitivos: el sesgo autosirviente y externalizador. A partir de él se elaboran atribuciones causales de los eventos, donde los eventos negativos son culpa del resto. Esto se produce porque los demás son amenazantes, y por ende, las cosas malas son culpa de ellos.

Con esto se consiguen dos cosas: alimentar el delirio, en tanto que se confirma que son gente mala y hacen cosas malas; y la evitación de la culpa de la persona con creencias persecutorias. Este sesgo es adaptativo y reduce el malestar que genera el propio delirio.

Por otro lado, estas personas suelen dar explicaciones extraordinarias a todo lo que les pasa, tanto experiencias físicas, mentales y emocionales. Atribuyen sus propias dificultades para funcionar en la vida cotidiana a causas poco plausibles —me vigilan, me mandan ondas electromagnéticas para que me duela la cabeza—.

Por último, suelen presentar sensaciones somáticas, como ansiedad, dolores de cabeza o picores, que suelen interpretar como indicadores de que los otros les están haciendo mal.

Chica con trastorno delirante

Ideas de justicia y bondad como parte del problema

Dentro de los factores cognitivos de las creencias persecutorias encontramos, por último, ciertas ideas acerca del mundo muy particulares. ¿El mundo es más justo conmigo o con los demás? Los sujetos con depresión suelen pensar que el mundo es igual de justo. La población general tiende a pensar que es un poco más justo con uno mismo. En el caso de las personas con delirio de persecución es lo contrario: piensan que el mundo es mucho más injusto con ellos.

Las creencias más profundas de las personas con delirio sobre justicia, bondad, valor de la humanidad… son diferentes. La idea de que los demás son mejor tratados no solo erosiona la autoestima, también es lo que determina y filtra el resto de pensamientos y procesos cognitivos.

Toda emoción, pensamiento o actuación se ve contaminada por la idea de que el mundo es injusto y que no se puede confiar en nadie. Esto puede llevar al individuo a alimentar sentimientos de inferioridad, dañando su autoconcepto, que pueden conducirle a tratar de sentirse mejor a través de mecanismos “adaptativos”: la creencia persecutoria, donde nada de lo que ocurre es mi culpa.

La conclusión a la que se puede llegar es que muchas veces, con trastornos delirantes, nos centramos en el contenido del delirio más que en los factores cognitivos que lo han propiciado. Pensamos simplemente que esas personas están “locas”, cuando el desarrollo de un delirio de persecución puede tener todo el sentido del mundo, puede explicarse, y por ende, tratarse.

Centrarnos no tanto en falsear la historia del cliente con delirio y más en el trabajo con los sesgos y los esquemas cognitivos disfuncionales puede mejorar su situación, sin correr el riesgo de que el terapeuta forme parte del delirio.