Falacia ad hominem, cuando se ataca sin argumentos

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 3 febrero, 2019
La falacia ad hominem es un tipo de abuso. Se basa en ese tipo de diálogo donde tras dejar claros nuestros argumentos o ideas, alguien decide atacarnos no por aquello que hayamos dicho, sino por lo que somos; por nuestro físico, género, raza o personalidad.

La falacia ad hominen, en lógica, da forma a ese tipo de recurso tan común donde alguien elige atacarnos no por los argumentos que expongamos o defendamos, sino por aquello que somos. El mensaje deja de importar para cobrar más importancia nuestro físico, nuestro género, la personalidad, la religión o cualquier aspecto ajeno al propio argumento.

«¿Eso lo ha dicho Alejandro? Entonces debe ser toda una falsedad solo porque viene de él». Este tipo de comentarios representan sin duda, un tipo realidad que se ve a menudo en múltiples contextos. Es ese intento irrespetuoso donde desacreditar a alguien que defiende una idea, poniendo el foco de atención en un aspecto irrelevante, en algo que nada tiene que ver la propia situación.

Así, y más allá de lo que podamos pensar, la falacia ad hominem es una estrategia de la retórica tan poderosa como efectista. Es más, estudios como el llevado a cabo por Ralph M. Barnes y Heather M. Johnston, de la Universidad de Montana (Estados Unidos) nos señalan que los ataques a posiciones basadas en falacias ad hominem son tan efectivos como los ataques basados ​​en evidencias.

Si esto es así, se debe a una sencilla razón: por el impacto que crea. Se sabe, por ejemplo, que es común utilizarla en medios políticos, así como en contextos judiciales e incluso en campañas publicitarias. El objetivo es siempre el mismo: desacreditar a quien tenemos enfrente, de ahí su raíz latina y su significado: ad hominem, contra el hombre.

Hay diferentes tipos de falacia ad hominen, los cuales constituyen por sí mismos tres tipos de abusos o ataques personales: está el ad hominem abusivo, el circunstancial y el ad hominem tu quoque.

personas haciendo uso de la falacia ad hominem

La falacia ad hominem, la necesidad de reflejar un tipo de abuso

Trudy Govier, reconocida filósofa de la Universidad de Lethbridge, Canadá y autora de múltiples trabajos sobre lógica y argumentación, nos señala algo importante. En primer lugar debemos entender qué es una falacia.

Se trata de un error en el razonamiento, un fallo que se produce cuando damos argumentos en apariencia creíbles pero que en realidad, son completamente falsos. Asimismo, las falacias pueden cometerse por un error involuntario o por un intento evidente de manipular y disuadir a los demás.

Por otro lado, es interesante saber que la falacia ad hominen se viene utilizando desde la antigüedad, pero con un sentido algo diferente al actual. Por ejemplo, Galileo lo usaba a menudo, al igual que John Locke o Santo Tomás de Aquino. En todos ellos esta falacia venía a representar más bien ese intento de hacer ver al oponente que sus ideas estaban equivocadas. No se buscaba desacreditarlo, sino hacerle ver su propio error.

Curiosamente, es a partir del siglo XIX cuando este principio de la lógica empieza a cambiar. Y se hace por el intento de reflejar un comportamiento que se aprecia con frecuencia. Ese donde se ataca a alguien no para hacerle ver la contradicción de sus argumentos. En este caso los argumentos no se tiene en cuenta porque lo que se busca es desacreditar a la persona a toda costa. Para ello, se pone el punto de atención en aspectos superficiales, poco útiles y a menudo sin sentido.

Es claramente un tipo de abuso, un modo de causar daño al otro.

mujer señalando a otra haciendo uso de la falacia ad hominem

Tipos de falacia ad hominem

En las campañas políticas, los ataques ad hominem son tan comunes como esperables. Un ejemplo, se sabe que durante la campaña presidencial en Estados Unidos de 1800, a John Adams se le llamó «tonto, hipócrita, grosero y un opresor sin principios» A su rival, Thomas Jefferson, se le describió como un «un ateo incivilizado, antiamericano y una herramienta para los impíos franceses».

Otro ejemplo. Una de las estratagemas más recurrentes de Donald Trump es precisamente la falacia ad hominem. Así, es común que en lugar de refutar los argumentos de sus contrarios con una mínima lógica o evidencia, recurra a este principio de la lógica para desacreditar a la persona de la manera más infundada (recordemos por ejemplo cómo atacó a un periodista discapacitado del New York Times, centrándose solo en esta condición).

Por otro lado, es importante señalar que podemos diferenciar tres tipos de este principio de la lógica argumentativa. Son los siguientes.

Falacia ad hominem abusiva

La falacia ad hominem se busca producir un daño directo a la persona que argumenta una idea. Hay una clara humillación y un deseo de vulnerar al otro. Así, un ejemplo de este tipo de falacia es la que mostró Donald Trump al burlarse del periodista del New York Times.

Otra muestra sería la siguiente:

Pertenezco a un partido ecologista porque me preocupa el medio ambiente.

Eres de un partido ecologista solo porque ahora está de moda, no tienes valores ni carácter y te dejas llevar solo por las corrientes que estén de actualidad.

Ad hominem circunstancial

En la falacia ad hominen circunstancial se busca atacar a una persona por la circunstancia en la que se encuentra (sea esta verdadera o no). Estos serían unos ejemplos:

  • No podemos aceptar los argumentos de político X porque está financiado por los rusos.
  • Es mejor no confiar en este médico porque tiene sobrepeso.
  • No hay que ver las películas de Tom Cruise porque practica la cienciología.
personas haciendo uso de la falacia ad hominem

Falacia Ad hominem tu quoque (y tú también)

A la falacia ad hominem se la conoce también como la falacia de la hipocresía. Se trata de atacar a alguien buscando sus propias contradicciones, sin importar que estas se hayan producido o no. Estos sería un sencillo ejemplo:

«¿Y tú me dices que deje de fumar? ¡Pero si hasta hace poco tú te fumabas dos paquetes diarios!»

Para concluir, como vemos, este tipo de argumentaciones abusivas se producen con excesiva frecuencia en muchos de nuestros contextos. Lo peor de todo es que tienen efecto, crean impacto y además de dañar a quien las recibe, suele ensalzar a quien las emite, a quien hace uso y abuso de las falacias.

Así, a la hora de hablar o de discutir con alguien, procuremos siempre centrarnos en exclusiva los argumentos que nos emite. Dejemos a un lado aspectos personales, circunstancias y otro tipo de realidades que nada tienen que ver con lo que se está tratando.

  • Brinton, A. (1985). Una visión retórica del ad hominem . Revista Australasia de Filosofía 63, 50-63.
  • Chaim Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Tratado de la argumentación, Madrid, Gredos, 1989.
  • Walton, D. (1998). Ad hominem arguments. University of Alabama Press.