Familia son también las personas que yo elijo

Valeria Sabater · 19 septiembre, 2015

A menudo suele decirse que lo importante de una familia no es que viva junta, sino que esté unida. No obstante, ello no siempre es posible. Somos un caleidoscopio muy complejo con diferentes intereses y sentimientos que no suele armonizar tanto como quisiéramos.

En ocasiones, hay quien piensa también que por el hecho de compartir un vínculo genético, existe la obligación moral de estar unido a quien en algún momento nos hizo daño, nos abandonó, o con quien simplemente, “no encajamos”.

La sangre te hace pariente, de ello no hay duda, pero es la lealtad la que crea una auténtica familia, ahí donde incluir no solo a los familiares más significativos, sino también a nuestras amistades.

Todos tenemos muy claro que la familia simboliza ese pilar casi infalible que nos ofrece raíces, seguridad y ese amor incondicional que arropa, que sabe ser cálido y que acompaña cada paso a lo largo de nuestra vida. Ahora bien, cada uno de nosotros disponemos de nuestra propia realidad y nuestras propias experiencias. Y para muchos, la palabra “familia” puede ser en cierto modo una etiqueta vacía con la que no pudo crear vínculos significativos.

Por ello, siempre es catártico concebir este término de una forma más amplia. Si en el pasado no tuviste su apoyo, tienes todo el derecho a crearla en la actualidad incluyendo a toda persona que te ofrezca amor, aliento y esa reciprocidad que todos necesitamos. Hablemos hoy sobre ello.

La familia como compromiso vital

Búho con un mapache sobre unas ramas

Nadie viene a este mundo sabiendo cómo crear una familia. En realidad, para formar una familia no se necesitan conocimientos teóricos, sino voluntad, cariño, inteligencia emocional y un compromiso vital con los nuestros.

Ser familia implica tener un compromiso con las personas que amamos, favoreciendo además el crecimiento personal de cada uno de sus miembros, y ayudarlos a ser ellos mismos respetando sus diferencias.

Ser familia no es algo rígido e inmanente. Las familias son entidades en continua evolución y trasformación, y ello, en ocasiones, supone también una amenaza para muchos de sus componentes que no aceptan “dichos cambios”.

  • Madres que no aceptan por ejemplo el que sus hijos vayan madurando y adquiriendo competencias siendo cada vez más independientes.
  • Padres que no ven con buenos ojos que sus hijos tengan ideas y voz propia, y deseen seguir un camino distinto al que tenían previsto para ellos.
  • Familias que nunca terminan de aceptar la llegada de nuevos miembros como las parejas de los hijos, las familias políticas o la salida del hogar de sus vástagos.

Pocos organismos son tan dinámicos y cambiantes, y en pocos escenarios se producen a su vez tantos problemas, traumas y desilusiones como en las familias.

Son ese primer escenario social donde desarrollar dimensiones tan básicas como el apego infantil, donde sentirnos seguros y reconocidos para empezar a explorar el mundo. Es aquí también donde desarrollamos, la relación de intimidad, y reciprocidad, que de no existir, puede ocasionarnos graves vacíos emocionales.

La finalidad de una familia no es solo asegurar la supervivencia de sus miembros. Es alimentar emociones, es alentar sueños, sanar miedos, infundir esperanzas y ofrecer confianza sin chantajes ni dobles sentidos.

De no darse, o de ofrecer todo lo contrario, tenemos pleno derecho a construir nuestra propia familia con aquellos que nosotros mismos elijamos.

Mujer tocando la flauta con animales

La familia que yo mismo elijo

Familia son también las personas que yo elijo. En ella puedo incluir a mi madre pero no a mi padre, a mis hermanos y a ese primo lejano al que no veo pero que aprecio. Considero familia a mis amigos, a mis mascotas y a todo ser que me aporte emociones positivas y una relación significativa.

No debemos tener prejuicios o dilemas morales por no considerar familia a quien te hizo daño, a quien estuvo ausente y no quiso ejercer su papel. Evita odiar o guardar rencor, simplemente avanza y crea tus propios vínculos significativos.

La auténtica familia es aquella que te respeta tal y como eres. Con tu genio, con tu voz, con tus elecciones personales y tu forma de entender el mundo. Tu familia real es la que te da sin pedir nada a cambio, porque la reciprocidad no es un juego de poder, sino una balanza donde existe el reconocimiento, la lealtad y el saber hacer.

Mi familia no tiene por qué estar conmigo en cada momento, sin embargo la llevo cada día en mi corazón porque estamos pendientes, porque nos damos confianza, porque estamos unidos en la cercanía y en la distancia. Porque estamos en los malos momentos, y disfrutamos de nuestra complicidad en los buenos instantes. Mi familia es la que yo elijo.

Cortesía imágenes Holly Sierra