Familias ensambladas, un desafío de estos tiempos

15 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
En las familias ensambladas son necesarias grandes dosis de generosidad, comunicación y respeto para superar el desafío que constituye integrar a todos los miembros.

El grupo familiar tradicional compuesto por papá, mamá y los hijos de ambos ya no es tan predominante como hace unos años. Con el vertiginoso incremento de la tasa de divorcios, cada vez son más frecuentes las familias ensambladas. Aquellas en las que hay madrastras, padrastros e hijastros. 

Está claro que después de un divorcio con hijos de por medio, tenemos derecho a rehacer nuestras vidas. Sin embargo, siempre deberíamos tener presente que esto nos pone en una situación delicada, aunque no imposible de manejar.

Conflictos y soluciones en las familias ensambladas

La convivencia y la armonía ya son asuntos difíciles de lograr en una familia «clásica». Pero los nuevos modelos, en los que se agrupan miembros provenientes de distintas familias de origen, representan un desafío aún mayor. Porque ponen en juego conjuntos de sentimientos aún más complejos y variantes. A continuación exponemos algunos de los conflictos más comunes en las familias ensambladas y cómo podemos afrontarlos:

¿Quién manda a quién?

La autoridad es un problema habitual en estas familias, ya que los niños o adolescentes pueden resistirse a respetar y obedecer a la nueva pareja de su padre o madre. Pero el panorama se complica aún más si la pareja se pone siempre de parte de sus hijos propios. Esto puede crear un ambiente caótico y tenso, haciendo de la convivencia una verdadera pesadilla.

Madre dando un beso a su hijo

Lo recomendable es que el padre o la madre sea la principal figura de autoridad para sus hijos, pero que su pareja tenga voz y voto cuando sea necesario; por ejemplo, cuando se encuentra solo con los niños o cuando una situación está irrespetando sus derechos.

Por supuesto que, en este punto, es muy importante tener una actitud cariñosa con los hijastros. Ya que, sin duda, la amabilidad es el mejor catalizador de las relaciones, y cuando toque ejercer la disciplina, será más fácil que los niños cooperen.

Los celos

Es natural que estos surjan en distintas direcciones, ya sea de los hijos hacia la nueva pareja o viceversa, o entre los hijos de ambos miembros de la pareja. En este caso, hay que partir del principio de que el amor no es excluyente y que es necesario abrir el corazón para que quepan todos.

Las ex-parejas

Cuando dos adultos con hijos de parejas anteriores deciden convivir, es fundamental que tengan en cuenta que, de alguna u otra manera, pasarán a compartir también muchos aspectos con los ex cónyuges de ambos. Pues es un hecho que el vínculo entre ellos y sus hijos continuará de por vida.

Entonces, es importante comprender que, guste o no, no serán pocas las ocasiones de encuentros. Cada fiesta, cada acto escolar, cada enfermedad, cada cumpleaños y cada graduación serán momentos en los que se tendrá el grandísimo desafío de compartir en armonía.

Las familias ensambladas, algo más que parentescos

Podemos ver que en la actualidad, ante estos nuevos modelos de familia, ya no son los parentescos de sangre los que organizan los vínculos. Por el contrario, parecen tomar más fuerza los lazos sinceros de cariño y afecto. En estos casos, si el objetivo de una pareja es estar juntos y construir una relación que perdure en el tiempo, es requisito fundamental ser abiertos y estar dispuestos a tolerar lo diferente.

Familia compartiendo en el campo

Además, hay otros ingredientes importantes que deberán estar presentes. La asertividad, la buena comunicación, la comprensión, el tacto hacia los otros… Todos ellos son ingredientes esenciales de esta compleja receta. Solo si están presentes se logrará limar asperezas y convivir en amor.

Integrar dos familias para dar origen a una nueva demanda una actitud generosa por parte de sus componentes. Pues ya no estaríamos hablando solamente del amor de una pareja, sino que esos dos adultos son responsables de cultivar un amor aún más amplio que también impregne a aquellos pequeños que, aunque no sean hijos “propios”, tienen derecho a sentirse en su hogar.

Sin duda, entrar a formar parte de una familia mixta es toda una aventura donde la armonía no está garantizada automáticamente. Pero, realmente, ¿en qué familia lo está?. Es esencial que haya amor suficiente y que, además, no se deje nunca de alimentarlo; solo de este modo el calor del hogar alcanzará para “los tuyos”, “los míos” y “los nuestros”.

  • Dameno, M. S. (2007). Familias ensambladas. Recuperado de https://gestaltnet. net/sites/default/files/FAMILIAS% 20ENSAMBLADAS. pdf.
  • Béguet, B. E. (2009). Las relaciones funcionales en las familias ensambladas. In I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVI Jornadas de Investigación Quinto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires.