Fernando González, biografía del filósofo de Otraparte

Edith Sánchez·
29 Febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
29 Febrero, 2020
La vida de Fernando González está llena de episodios anecdóticos, fruto de su personalidad auténtica y franca. Su obra también refleja ese espíritu. Quería hacer una filosofía que tuviera la impronta Latinoamericana y que fuera crítica con los grandes poderes en el continente.

Fernando González, conocido coloquialmente como el filósofo de Otraparte o el mago de Otraparte, fue catalogado como uno de los pensadores más originales de su tiempo; y, en parte, así fue. Su obra dejó una impronta única que no se parece en nada a lo que se escribía en aquellos tiempos. El propio pensador era, en sí mismo, todo un derroche de genialidad.

De hecho, en 1955, el escritor Thornton Wilder y el filósofo Jean Paul Sartre propusieron que fuera considerado para el Premio Nobel de Literatura. La reacción fue atroz entre las élites colombianas y se hizo todo lo necesario para que esto no ocurriera. Lo cierto es que Fernando González incomodaba a muchos por su franqueza campechana y su pensamiento universal.

“A todo hombre le ocurren grandes aventuras, a pesar de que esté encerrado en un cuarto de diez metros, pues el tamaño de los sucesos individuales se mide por la repercusión en el alma”.

-Fernando González-

Fernando González fue uno de esos hombres a los que sacan de muchos sitios. De su escuela primaria y secundaria lo expulsaron. La iglesia renegaba de él, una de sus obras fue prohibida bajo pena de “pecado mortal”. Casi no logra obtener su título universitario, debido a que su tesis de grado, titulada El derecho de no obedecer, se consideró inapropiada. Los fascistas también lo expulsaron de Italia.

Libro abierto

Fernando González, “un niño lombriciento”

Así se definió el propio Fernando González, como un niño “blanco, paliducho, lombriciento, silencioso, solitario. Con frecuencia me quedaba por ahí parado en los rincones, suspenso, quieto”. Nació en Envigado, una población colombiana, el 24 de abril de 1895. Era el segundo de siete hermanos, su padre fue maestro de escuela; y su madre, ama de casa.

Los primeros años de colegio, los pasó en las Hermanas de La Presentación, pero no tardaría en ser expulsado. Tras este acontecimiento, fue enviado a un internado en el Colegio San Ignacio de Medellín.

Le faltaba tan solo un año para obtener su diploma de secundaria cuando fue expulsado. ¿El motivo? Leer a Friedrich Nietzsche y poner en duda algunos preceptos religiosos.

Una vez expulsado, Fernando González pasó varios años errando, sin destino, sin objetivo, sin rumbo. Pero anotaba todo aquello que observaba y leía vorazmente; en definitiva, pensaba y escribía, además de conversar y debatir con algunos amigos de tertulia.

De este periodo data su primera obra, Pensamientos de un viejo. Después de publicar este ensayo, terminó la secundaria y se graduó; luego se matriculó a estudiar Filosofía, aunque, finalmente, se decantó por el estudio de Leyes.

Un burócrata, un viajero

Como otros tantos intelectuales de la historia, Fernando González también fue un burócrata. En un primer momento, ejerció como funcionario judicial y, como consecuencia, recorrió una gran cantidad de poblados en Colombia.

De esta experiencia, nació Viaje a Pie (1929), donde también sentenciaba duras críticas contra la Iglesia y el poder. En aquel entonces, su obra se consideraba pecaminosa y escandalosa.

A pesar de que era un trabajador de ingresos modestos, tuvo la ocasión de conocer a la hija de un expresidente de Colombia, Margarita Restrepo, de la que se enamoró por su carisma y su frescura. No sin cierta oposición, contrajeron matrimonio y estuvieron juntos toda la vida. Ella se convirtió en la crítica más severa de su obra y él aprendió a depender de ella de una manera casi infantil.

El nexo con el expresidente le permitió a Fernando González comenzar a ocupar puestos diplomáticos. En 1932, fue nombrado Cónsul de Colombia en Génova (Italia). Sin embargo, al año siguiente, las autoridades fascistas encontraron unas libretas de apuntes en las que había fuertes críticas hacia Mussolini y, por ello, fue expulsado del país.

Libros antiguos sobre una mesa de madera

Otraparte y un legado valioso

Fernando González vivió en varios países, pero siempre encontró la manera de volver a su “terruño”. Gracias a una subasta bancaria, adquirió una bella casa a la que bautizó como Otraparte. Dicen que, en la entrada, colocó un letrero en latín que decía:  Lave canes seu Domus Dominum!; que sería: “Cuidado con el perro, es decir, con el dueño de la casa”. Allí produjo varios de sus más importantes escritos.

Desde Otraparte, González comenzó a ser la inspiración para un movimiento literario que, posteriormente, tuvo una enorme importancia: el nadaísmo. Se cuentan cientos de anécdotas sobre su vida y la forma en la que enfrentaba la hipocresía de su tiempo. Murió a causa de una trombosis el 16 de febrero de 1964.

Nueve años después de su muerte, su tumba fue profanada. Aparentemente, un grupo de jóvenes entraron furtivamente al cementerio y robaron su cráneo.

Mucho tiempo después, se supo que la calavera estuvo en varias partes y que, finalmente, se aprovechó la muerte de Margarita, su viuda, para enterrarla con ella. La obra de Fernando González sigue siendo objeto de estudio.

Soto, D. P. (2015). El pensamiento político de Fernando González Ochoa: del Rastacuerismo a la Autoexpresión del individuo. Ciencia Política, 10(20), 151-175.