Fibromialgia, más que un dolor físico

Maria Fabregat Giribet · 29 octubre, 2017

¿Tendrá fibromialgia? Antonia es una mujer de 52 años. Hace una vida sin demasiadas limitaciones: trabaja en una portería, limpiando la finca, y se ocupa de su propia casa. Es una persona agradable, habla con sus amigos y vecinos, siempre con una sonrisa. Casi nunca se queja, porque ella siempre tiene que seguir adelante, sin importar como está.

Pero solo ella sabe el sacrificio que hace cada día para llevar una vida aparentemente normal. Siente dolores en el cuerpo, en diferentes partes y de manera difusa. Le cuesta mucho activarse por las mañanas, ya que no descansa bien durante la noche. A veces siente tanto dolor que no puede terminar de lavar los platos, los deja enjabonados y más tarde los aclara. Otras veces, siente como si tuviera una espada de madera clavada en la espalda… ¿Tendrá fibromialgia?

Personas como Antonia, que tienen constantemente sensaciones de dolor que aparecen sin ningún motivo aparente, es posible que padezcan fibromialgia. Normalmente el síndrome de la fibromialgia es difícil de comprender, ya que los síntomas no se perciben externamente. Puede parecer que estas personas se inventen estos dolores o se quejen sin motivo, poniendo excusas para no hacer lo que tienen que hacer. Pero esto no es así, puesto que su dolor es real y, como tal, lo están sufriendo.

¿Qué es la fibromialgia?

Por un lado, la fibromialgia se ha descrito generalmente como dolor crónico en los músculos y el tejido fibroso (ligamentos y tendones), es decir, en el sistema muscular y esquelético. Por otro lado, también se puede definir como hipersensibilidad al dolor. Ante estímulos que producen dolor, la respuesta cerebral da más información, como si hubiera más dolor al que habitualmente produciría ese estímulo. Incluso, cuando ya no existe el estímulo que produce dolor, el dolor puede persistir.

Así es como, más que una alteración muscular, la investigación se declina por una alteración del procesamiento central, a nivel medular y cerebral. Esto podría ser debido a una ausencia de actividad analgésica (menos opiáceos endógenos) y a cambios en los principales neurotransmisores asociados a la sensibilización central (menos serotonina, norepinefrina y dopamina).

A parte del dolor, normalmente también presentan otros síntomas, como la fatiga, trastornos del sueño, parestesias en las extremidades, falta de concentración y, a veces, síntomas afectivos, como depresión o ansiedad.

Piedra encima del cuerpo que representa el peso de la fibromialgia

Mujer con dolor de fibromialgia

La fibromialgia resulta ser un síndrome muy difícil de describir. Realmente no se ha determinado ninguna causa específica ni biológica ni tampoco psicológica que dé explicación a estos dolores. De todas maneras, afortunadamente, fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1992.

Los criterios para diagnosticar fibromialgia son que presenten dolor generalizado en 11 (de 13) puntos sensibles del cuerpo (sobre todo en las cervicales, en la espalda y en las articulaciones como los codos y las rodillas), durante más de 3 meses consecutivos. A parte de que no haya otra patología que explique el dolor.

Así fue como este dolor ignorado pasó a ser reconocido, cobrando un poco más de voz. Esta valoración representó un primer paso y muy importante para que estas personas se sintieran más acompañadas y pudieran afrontar mejor la enfermedad.

¿La fibromialgia es un dolor crónico?

Antonia, como tantas otras personas, ante la duda sobre el motivo que le llevaba a padecer estos dolores desde hacía tiempo, visitó a muchísimos médicos para encontrar la causa y aliviar su sufrimiento. Durante un largo tiempo, una sensación de desesperanza la invadió, hasta que le diagnosticaron fibromialgia. Pero este no era el final, fue muy difícil tener que aceptar que este dolor es crónico y que le acompañaría a lo largo de su vida.

Desafortunadamente, no existe una medicación específica para calmar los dolores de la fibromialgia. Los antiinflamatorios, usados habitualmente, no son efectivos, ya que no eliminan el dolor o lo atenúan, pero reaparece. Es importante puntualizar que la fibromialgia no es una enfermedad degenerativa, no destruye las articulaciones ni ocasiona lesiones irreversibles ni deformidades. Por lo tanto, es necesario desmitificar la falsa creencia que padecer esta enfermedad puede conllevar graves problemas de movilidad e, incluso, tener que recurrir a la ayuda de una silla de ruedas.

Aunque no se encuentra ninguna causa ni medicamento específico para el síndrome de la fibromialgia, se puede llegar a tener una mayor calidad de vida. La persona puede aprender a cuidarse de tal manera que el dolor no aumente, que como mínimo se mantenga o que llegue incluso a reducirse. El cambio es posible.

¿Es conveniente seguir realizando actividades o es mejor descansar?

Normalmente las personas con fibromialgia sienten la necesidad de realizar muchas actividades y no dedican tiempo al descanso. Tanto es así, que llega un momento en que se agotan extremadamente y, entonces, necesitan descansar durante horas y a veces incluso días, ya que el dolor que sienten es tan intenso que no les permite ni moverse.

Por consiguiente, no se trata de encadenar actividades ni de descansar siempre. Es indispensable encontrar un punto medio, que variará según la persona. Es muy importante que las personas que sufren fibromialgia aprendan a regular su ritmo de actividad y descanso.

Para regular su ritmo de actividad y descanso, lo primero que se recomienda es observar y escuchar su cuerpo para evitar llegar al nivel máximo de su dolor (el 10, en una escala del 0 al 10). Tienen que aprender a tomar conciencia del momento en que se encuentran en un nivel 5 y permitirse descansar. De esta manera, van a evitar el punto álgido de dolor y fatiga, en el que sienten que no pueden más y se ven obligadas a parar del todo.

Hay que destacar que aunque se dedique más tiempo a descansar, es conveniente realizar un mínimo de actividad física diaria, con una intensidad moderada, para evitar que se produzca una alteración del aparato locomotor por desuso. No hacer ninguna actividad física podría agravar el dolor, la fatiga, la rigidez; no solo el estado físico sino también psicológico.

“El arte del descanso, es una parte del arte de trabajar”

-John Steinbeck-

Mujer con dolores en el cuerpo

La importancia de dedicar más tiempo al descanso para no llegar a la máxima sensación de dolor lleva implícita la reducción de expectativas. Esto conlleva no proponerse hacer una cantidad excesiva de trabajo en un mismo día, establecer objetivos más asequibles o dividir las tareas grandes en tareas menores y más manejables.

También es beneficioso  que estas personas aprendan a ser más flexibles y menos exigentes consigo mismas. Por ejemplo, cuando un día no pueden llegar a realizar todo aquello que tenían previsto porque sienten más dolor, tienen que evitar atormentarse y castigarse, ya que esto solo aumentará su malestar.

¿El tratamiento psicológico puede aliviar el dolor?

Se ha comprobado que una mejor regulación de los niveles emocionales y relacionales ayuda a aliviar el dolor físico. Así es como la psicoterapia les permite obtener una mayor calidad de vida y mejorar en muchos aspectos como:

  • Aceptar el dolor y convivir con él.
  • Restablecer el equilibrio emocional.
  • Aumentar la calidad del sueño.
  • Mejorar las relaciones con los demás, sobre todo con la familia (que viven más de cerca el sufrimiento y los efectos del dolor del síndrome de la fibromialgia).

Las personas que padecen fibromialgia, en general (no todas, ya que no se ha definido una personalidad en concreto), tienden a dedicarse y ayudar más a los demás que a sí mismas. Tienen que aprender a decir “no”. Evidentemente ayudar a los demás es positivo, pero hasta un límite que no tiene que comportar descuidarse a uno mismo.

De esta manera, el tratamiento psicológico va enfocado, entre otros aspectos, a que aprendan a cuidarse y respetarse más a sí mismas. Este objetivo implica se capaces de decir “no” en ciertas circunstancias y relacionarse de manera más asertiva.

Como suele pasar, es más fácil decirlo, que conseguirlo. Ellas mismas pueden saber que, por ejemplo, descansar les ayudaría a sentirse mejor. El problema es que normalmente las personas con fibromialgia no están acostumbradas a descansar y cuando lo hacen tienen un gran sentimiento de culpabilidad: sienten la necesidad de cumplir con “sus obligaciones”. Por lo tanto, tienen que aprender a dedicar un tiempo a ellas mismas sin sentirse mal por ello.

Aunque descansar parezca un propósito sencillo, para muchas de ellas este descanso cuestiona su identidad y de alguna manera les resta valor. A partir de estudios basados en la “Teoría de los Constructos Personales” de Kelly, se han encontrado diversos “constructos” (adjetivos) que están relacionados con los “dilemas” (obstáculos) que tienen estas personas para conseguir los cambios que necesitan, como por ejemplo, los “constructos” generoso versus egoísta.

Normalmente, las personas con fibromialgia se consideran personas trabajadoras y generosas y, de manera inconsciente, si relegan sus actividades y “obligaciones”, sienten que dejan de ser así, convirtiéndose en personas débiles y egoístas. Por este motivo, uno de los objetivos de la psicoterapia es que lleguen a darse cuenta de que descansar o pedir ayuda a otras personas no conlleva dejar de ser uno mismo.

Es importante que los cambios sean coherentes con su identidad para que puedan ser realmente cambios significativos.

Mujer de espaldas con la cabeza hacia abajo con dolor crónico

¿Qué más pueden hacer para cuidarse?

Parece que el dolor de la fibromialgia es incontrolable, no se puede predecir cuándo se intensificará y no existe nada que pueda reducirlo. Sin embargo, según la “Teoría de la Compuerta”, se pueden llegar a identificar determinadas situaciones que “abren” la compuerta del dolor o la “cierran”.

Por ejemplo, se ha observado que muchas de las personas con fibromialgia coinciden en que sienten menos sensación de dolor cuando están más relajadas y distraídas, en compañía de amigos y familiares. Por otro lado, los aspectos que aumentan el dolor son: sentirse tensas, estresadas, agobiadas o preocupadas, por ejemplo después de trabajar, de hacer ejercicio excesivo o de discutir.

Una vez que son conscientes de que estas situaciones tienen influencia en la percepción del dolor, se trataría de disminuir aquellos aspectos que intensifican el dolor y aumentar los que lo reducen, como las actividades gratificantes. Algo fácil de escribir, pero complicado de cumplir para personas que llevan toda un vida asumiendo un sacrificio que las tortura muchas veces más que la propia enfermedad.

“Si el dolor es excesivo y uno lo afronta en solitario, es destructivo. Si la persona está conectada con otras y le pone palabras, es una experiencia de crecimiento. Compartir y aceptar el dolor como una oportunidad para crecer”.

-Luigi Cancrini-