Filosofía helenística y el arte de vivir: cómo aplicar sus enseñanzas a la vida diaria

En los últimos años, ha resurgido la filosofía helenística en clave moderna. Pensadores tan antigüos sirven hoy para repensar aquello juicios que entorpecen en desarrollo de una vida plena. En este artículo descubrirás las enseñanzas que nos dejaron.
Filosofía helenística y el arte de vivir: cómo aplicar sus enseñanzas a la vida diaria
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Jennifer Rojas

Última actualización: 14 septiembre, 2023

La filosofía helenística considera que la vida puede ser mejorada a través del estudio y la práctica del saber. En este artículo, exploraremos la conexión que hay entre dicha filosofía y el arte de vivir, entendiendo a la actividad filosófica como un modo de vida.

Nuestro propósito es que los lectores tengan una comprensión más profunda en cuanto al tema y cómo esta corriente puede ser utilizada a su favor.

Filosofía helenística

La filosofía helenística fue un movimiento que surgió en la época de Alejandro Magno. Se desarrolló durante los siglos III y II a. C en Grecia. Como tal, esta forma de pensamiento se caracterizó por la búsqueda de la felicidad y el bienestar del individuo.

La misma, surgió durante la pérdida de autonomía de las ciudades griegas. En su lugar, aparecen los imperios caracterizados por sus grandes extensiones de tierra. En este contexto, el ciudadano pasa a convertirse en un individuo aislado y abrumado por la inmensidad en la que pronto se ve sumergido.

Por ello, la aparición de las escuelas helenísticas fue muy importante: ante el individuo solitario nace una nueva forma de filosofar. Así, fundamenta un cierto modo de vida acorde a los tiempos que corren, facilitándonos una manera de sobrellevar el mundo que los rodea.

Entre las principales escuelas destacan el epicureísmo, el cinismo y el estoicismo. Cada una de ellas proponía un determinado modo de vida, pero todas tenían en común ver a la filosofía como una cura para aquello que aquejaba a los seres humanos.

Epicureísmo

Su principal exponente fue Epicuro de Samos, quien sostenía que la filosofía era el medio para alcanzar la felicidad. Según este pensador, filosofar era una dinámica urgente para eliminar ciertos temores que impiden una vida feliz. Estos miedos estaban relacionados con la muerte, los dioses y el sufrimiento.

Epicuro planteó la filosofía como medicamento, es decir, que el discurso podía curar nuestros males. En este sentido, los argumentos claros y coherentes que la corriente proporciona nos ayudan a superar miedos fundados en la ignorancia.

Que nadie, cuando es joven, demore en filosofar, ni, cuando es viejo, se canse de filosofar, pues nunca es ni demasiado pronto ni demasiado tarde para obtener la salud del alma.

-Epicuro-

Cinismo

Su creador fue Antístenes, aunque el iniciador del movimiento fue Diógenes de Sinope. Su filosofía consistía en cuestionar las costumbres ni las reglas sociales. En su lugar, buscaban despertar las conciencias de las personas a través de un modo de vida conforme a la naturaleza y alejados de los lujos.

Asimismo, consideraban que una personalidad fuerte era básica para resistir en los momentos de sufrimiento; para desarrollar esta personalidad resistente proponían ejercicios. Por ejemplo, una forma de soportar mejor el frío es exponerse a él, de manera que nuestro organismo pueda adaptarse más rápidamente a los cambios de temperatura.

Estoicismo

Su fundador fue Zenón de Citio, aunque también se reconoce esta corriente filosófica por filósofos como Marcos Aurelio y Epicteto, quienes enfatizaban la importancia de aceptar las cosas que no podemos cambiar. De esta forma, las emociones negativas eran el resultado de pensamientos irracionales corregibles a través de la reflexión y el autocontrol.

Forma de rostro humano con ramas que simulan el cerebro
La filosofía helenística fundó sus bases en ser una cura contra los problemas que aquejaban a la sociedad.

Filosofía como arte de vivir

En la antigüedad había una relación muy fuerte entre pensar y actuar, en otras palabras, el pensamiento guiaba los modos de vida. En este sentido, la filosofía era entendida como un estilo de vida o el arte de vivir. El discurso filosófico era adoptado como una elección de vida y también como una opción existencial. Se elegía existir según los dictados de la disciplina filosófica.

De acuerdo con ello, surge con las escuelas helenísticas considerar a la filosofía como una práctica de la sanación. Esto significa que, mediante la argumentación clara, concisa y sin ambigüedades era posible encontrar la felicidad o el bienestar humano. Así, podemos encontrar los inicios de la terapia en este modo de concebir la corriente.

Tal como ocurre con la terapia psicológica en la actualidad, se trataba de resolver los problemas reales y concretos que aquejaban a los individuos. Hoy en día decimos que tenemos sentimientos de angustia, tristeza y ansiedad. Sin embargo, en la antigua Grecia no existían todos esos términos.

En este caso, eran los miedos aquellos que causaban enfermedades del pensamiento debido a juicios malos, erróneos y corruptos.

Filosofía helenística y sus enseñanzas en la cotidianidad

Por supuesto, podemos extraer ciertas prácticas procedentes de la filosofía helenística para mejorar nuestras vidas. Ellas están muy relacionadas con la técnica psicológica que conocemos como terapia. Pero es posible hacer un uso cotidiano de su esencia.

Diálogo y autoreflexión

En primer lugar, se trata de establecer diálogos con otros y con uno mismo. Cuando ponemos en palabras nuestros pensamientos, los interlocutores pueden rastrear aquellas reflexiones erróneas. De igual manera, podemos hacer una autocrítica para conseguir lo mismo, pero sin la necesidad de un otro que nos escuche.

¿Qué logramos realizando esto? Traemos a la conciencia, comprendemos y criticamos nuestra realidad. ¿Cuántas veces nos habrá pasado que nos «encierran» los pensamientos y no podemos ver más allá de ellos? Adquirir una actitud crítica hacia nosotros mismos sirve para corregirnos y adoptar pensamientos favorecedores.

Uso de la argumentación

En segundo lugar, utilizar la argumentación racional y lógica sirve para identificar las falacias encontradas en los discursos. Se trata de encontrar un nuevo sentido que alivie a nuestra conciencia. Por ejemplo, si el problema es que pensamos mucho sobre el futuro, entonces deberíamos concentrarnos en el presente: ¡vivir un día a la vez!

Actitud prudente

En tercer lugar, una actitud prudente, tanto en lo referido al entorno social como al material. No tomar el discurso de los demás como una verdad cerrada y alejarnos de los lujos puede simplificar nuestra vida.

Si bien es necesario entablar diálogos con los demás, hay que ser precavidos sobre las cosas que nos dicen. Aquí tenemos que hacer uso de toda nuestra capacidad de discernimiento y argumentación, para diferenciar si los discursos son correctos o incorrectos.

Fotografía de una joven pensando y el sol reflejado en su pelo
Escucharnos a nosotros mismos es tan importante como escuchar a otros, de acuerdo con esta corriente del pensamiento.

Filosofía no solo para académicos

Como nos podemos dar cuenta, la filosofía no es solo para los académicos. Es una excelente disciplina, recomendada a todos aquellos que buscan una vida mejor y más plena.

En este sentido, la filosofía helenística nos enseña que debemos escuchar a los demás y a nosotros mismos de manera crítica. El discurso tiene el poder de sanar aquellas inquietudes que nos acechan en la cotidianidad. Por eso, acercarnos a esta filosofía es una vuelta al origen de la psicoterapia.


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