Fomentar la autonomía en los hijos

2 septiembre, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
Fomentar la autonomía en los niños desde edades tempranas les ayudará a ganar en madurez y felicidad. Esta artesanía educativa requiere a su vez, comprender sus necesidades e iniciarles también en normas sociales, respeto y responsabilidad.

La dependencia de un niño respecto a sus progenitores es absoluta. Necesitan nuestros cuidados, nuestra atención, afecto, guías y enseñanza. Es un proceso nutritivo y mágico a todos los niveles, ahí donde nuestra responsabilidad es a tiempo completo, y donde a su vez, estamos obligados a dar siempre lo mejor de nosotros mismos para que los niños corran libres, felices y competentes en su autonomía.

Decía Jean Piaget con gran acierto, que la forma en que enseñemos a nuestros hijos, hará que estos ganen en dependencia o en independencia. Pensemos en ello, en ocasiones, en nuestro afán por proteger y guiar, acabamos dando al mundo personas inseguras, hombres y mujeres que aún no se atreven a pensar y decidir por sí mismos. Promover la autonomía requiere de una artesanía pedagógica donde guiar sin hostigar, donde dar oportunidades y también responsabilidades.

Es muy frecuente por tanto en los padres escucharles eso de que ‘desean que sus niños sean autónomos y decididos’. Pero por otro lado, se ven también muchas pautas paternales excesivamente protectoras hacia los hijos. Sin embargo, es esencial para un desarrollo adecuado que los padres fomenten la autonomía en sus hijos.

«Los mejores regalos que puedes dar a tus hijos son las raíces de la responsabilidad y las alas de la independencia.»

-Denis Waitley-

¿Qué entendemos por educar en la autonomía?

Cuando hablamos de la educación de los hijos, no podemos esperar el mismo grado de autonomía en todas las etapas evolutivas, ya que la exigencia debe ir acorde con el momento cognitivo del niño. Asimismo, algo que deben comprender los padres y las madres es que cada pequeño tendrá sin duda unas necesidades propias.

Caer en la elevada exigencia puede hacer que los pequeños deriven en estados de estrés emocional. Algo así genera no solo situaciones de frustración para ambas partes. Con ello, podemos conseguir que los niños sufran problemas de autoestima. Debemos tenerlo en cuenta. Veamos por tanto qué tipos de responsabilidades podemos esperar de ellos basándonos en su edad.

Entre el año y medio y los tres años

En esta etapa se puede iniciar el trabajo en autonomía motora, como andar y moverse sin ayuda. Asimismo, también es clave empezar a asentar las bases del lenguaje y la comunicación, exigiendo que comience a pedir lo necesario (agua, pipí…).

De los tres a los cinco años

En este periodo el lenguaje se desarrolla enormemente, y a partir de ahí fomentaremos pautas de conducta autónoma para que el niño sea capaz de comunicar sus deseos y necesidades a personas fuera del entorno familiar.

A otro nivel, puede comenzar a exigírsele comer solo, dormir solo, ponerse prendas sencillas y adquirir pautas básicas de higiene. Asimismo, es el momento de realizar pequeñas tareas como la de recoger sus juguetes.

Niña recogiendo los juguetes

Entre los cinco a los ocho años

Es el momento en el que la responsabilidad comienza a girar en aspectos más escolares y de relaciones sociales. Se consolida la autonomía conseguida en los hábitos de comida, sueño e higiene y cuidado personal.

Además, se le comienza a exigir autonomía a la hora de jugar y plantearse su tiempo libre, de hacer los deberes. En casa, se le pueden ampliar tareas domésticas básicas: preparar su habitación, ayudar a poner y recoger la mesa.

Por otro lado, en esta etapa contenida entre 7 y 8 años, los pequeños dan un cambio madurativo a nivel social y emocional que debemos atender. Empezarán a ser exigentes, a pedir tiempo para jugar con sus amigos, para salir, etc. Es esencial que para fomentar su autonomía entiendan que es necesario mostrar responsabilidad. Esto es algo que deberán ir demostrando y ganándose con el tiempo.

De los ocho años a la adolescencia

En este periodo, el niño empieza a conocerse a sí mismo, sus habilidades y errores y comienza a anticipar consecuencias. Es el momento de iniciar la educación en responsabilidad plena para las tareas escolares, la planificación del tiempo de ocio y las tareas domésticas.

«No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas.»

-Louis Pasteur-

Pautas para fomentar la autonomía en los hijos

Madre hablando con su hijo sobre autonomía

Aunque en ocasiones sea una tarea agotadora, se hace necesario encontrar pautas que permitan que el niño sea independiente y responsable. Básicamente podemos plantear estas:

  • Metas realistas: como ya hemos visto, cada edad tiene una presenta una serie de tareas en las que se puede pedir autonomía, pero además cada niño tiene sus propios condicionantes.
  • Perseverancia: en cualquier tarea relacionada con la educación de los hijos, se hace necesario ser constante en lo que se les está pidiendo que hagan.
  • Tareas como juego: sobre todo en las primeras edades, es necesario alentar más que imponer y el juego puede ser una de las mejores herramientas.
  • Crear rutinas: especialmente para la independencia en los hábitos de comida, sueño e higiene, se hace preciso que la rutina esté presente para darle al niño seguridad en lo que debe hacer.
  • Reflexión sobre aciertos y errores: a medida que el niño crece, crece también la importancia de la comunicación.
  • Apoyo emocional: ayudarlos a vencer sus miedos, a recuperarse de sus frustraciones cuando algo no les sale bien y a elogiarlos cuando sí lo hacen, es fundamental.
  • Ser su mejor modelo. Pensemos en ello, no podemos exigir determinadas conductas a nuestros pequeños si nosotros no las cumplimos primero. Seamos por tanto su mejor ejemplo e inspiración en el día a día.

En suma, la autonomía es un importante aspecto de la personalidad que hay que fomentar para que el niño se desarrolle adecuadamente.