Formas en que los padres dañan la autoestima de sus hijos

Para potenciar la autoestima de un niño no basta con decirle "eres genial y el más guapo del mundo". Necesitamos estrategias más profundas que permitan a los pequeños desarrollar una visión saludable y positiva de sí mismos. Te explicamos cómo lograrlo.
Formas en que los padres dañan la autoestima de sus hijos
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 17 octubre, 2022

Como padres, probablemente nos gustaría saberlo todo sobre la crianza y la educación infantil. Sería maravilloso que cada niño que llega al mundo lo hiciera con su propio manual para saber cómo tratarlo, cómo responder a sus necesidades y hacer de él una persona feliz, independiente, autorrealizada. Sin embargo, la mayoría de las veces actuamos a tientas y casi por instinto.

Uno de los aspectos en los que más errores solemos cometer es en el cuidado de su autoestima. Muchas veces asumimos enfoques erróneos que, lejos de potenciar esta dimensión del bienestar psicológico, lo entorpece. Ejemplo de ello es hacer un uso excesivo del refuerzo positivo descontextualizado y poco creíble, ese con el que hacer creer al pequeño que todo lo hace bien.

Nuestros hijos no son ingenuos. El objetivo que debemos proponernos es edificar en ellos un adecuado sentido de autocompetencia y de amor propio. En una sociedad altamente competitiva y que gusta poner en duda nuestras valías y autoimagen, nada es tan relevante como atender esa área de la salud mental.

Es más fácil desarrollar una autoestima saludable en la edad infantil que tener que mejorarla en la edad adulta.

Imagen para simbolizar cómo los padres dañan la autoestima de sus hijos
Como padres y madres tenemos una mayor influencia en el desarrollo de nuestros niños.

Formas en que los padres dañan la autoestima de sus hijos (y cómo hacerlo mejor)

La autoestima hace referencia a la manera en que nos vemos a nosotros mismos y también en cómo pensamos que nos ven los demás. En dicha percepción influye casi de manera determinante nuestro entorno y, en especial, el constituido por nuestros cuidadores. Cada mensaje dado o no dado, cada interacción y experiencia vivida en la primera infancia son claves para la construcción de esta dimensión.

Es decir, la autoestima no se edifica únicamente con nuestras percepciones, sino que la influencia de nuestros padres, hermanos, maestros y amigos también resulta decisiva. Y tengamos claro un aspecto. Es más fácil desarrollarla en un niño que tener que repararla en un adulto. Asimismo, y en relación con esta idea, un estudio de la Universidad de California nos señala algo importante.

El ambiente familiar puede ser en ocasiones tan complejo que la autoestima de un niño puede verse afectada por numerosos factores. Los valores que transmiten los cuidadores, la presencia de algún trastorno psicológico en los padres o los problemas económicos pueden afectar en el desarrollo saludable de esta área.

Por otro lado, tampoco podemos pasar por alto esas formas en que los padres dañan la autoestima de sus hijos sin saberlo. Lo analizamos.

Mantener a los niños aislados de los desafíos cotidianos obstaculiza su desarrollo psicosocial y la edificación de una buena autoestima.

1. No darles responsabilidades acordes a su edad

La sobreprotección es un veneno para el correcto desarrollo de la autoestima infantil. Es decisivo recordar que si hay algo que necesita un niño es sentirse competente y para ello, nada mejor que ofrecerle responsabilidades acordes a su edad.

Si crece dando por sentado que siempre habrá alguien dispuesto a hacerle la vida fácil y a solucionar sus problemas, tarde o temprano se dará de bruces con la realidad.

La criatura que descubre de manera temprana que es capaz de hacer múltiples tareas por sí mismo asienta de manera eficaz la autoeficacia.

  • ¿Cómo hacerlo mejor?

Todos los días se abren múltiples oportunidades para que los niños aprendan a ser más autónomos. Animémoslos y confiemos en ellos, en sus valías y sus capacidades, según su edad.

2. Evitar que cometan errores

Hay papás y mamás que se pasan parte de su vida actuando como héroes al rescate de sus hijos. Les evitan caídas, errores, fracasos, decepciones y hasta que pongan el pie en ese charco de la calle. Cometer errores y realizar el esfuerzo mental de resolver ese incidente confiere a todo niño una oportunidad valiosa de crecimiento.

La autoestima también se gesta en cada adversidad superada, algo que un niño puede aprender desde las experiencias más simples e inocentes.

  • ¿Cómo hacerlo mejor?

Si bien es prioritario salvaguardar la seguridad y bienestar del niño, hay vivencias que deben transitar por sí mismos. Tal vez, y solo como ejemplo, no recordarle que se ha dejado el balón en casa antes de ir a jugar al parque, hará que la próxima vez se responsabilice de sus cosas sin tener que depender tanto de papá o mamá.

Un niño debe aprender a fracasar para entender cómo tener éxito en el viaje de la vida.

3. Protegerlos de sus propias emociones

Cuando un niño llora, está triste o frustrado, resulta tentador comprarles un helado o un juguete. Lograremos dibujar una sonrisa de inmediato en sus rostros. Sin embargo, ¿qué aprendizaje obtendrán de ello? Ninguno.

Los padres dañan la autoestima de sus hijos al minimizar sus emociones o al quitarles la oportunidad de aprender a regular ese estado.

Autoestima también es saber manejar las propias emociones sin dejarse llevar por ellas. La buena competencia emocional es un pilar más para desarrollar una autoimagen positiva de uno mismo.

  • ¿Cómo hacerlo mejor?

Nunca está de más que los padres aprendan adecuadas estrategias de la inteligencia emocional para educar a sus niños. Una negligencia por parte de los cuidadores y que siempre pasa factura a los niños es no comprender ni saber regular sus propias emociones.

4. Educar en la perfección

Educar en la perfección es educar en la ansiedad y en la percepción de que uno nunca está a la altura de lo que se le pide. Bien es cierto que todo progenitor ansía que sus niños sean los mejores, los más exitosos.

Sin embargo, por encima del logro excepcional está la felicidad, disfrutar de la infancia y no terminar desarrollando desde bien temprano una autoexigencia insalubre. Al niño y al adolescente que crece con la idea de no estar haciendo lo suficiente le acompaña casi siempre una autoestima débil y fragmentada.

  • ¿Cómo hacerlo mejor?

Es positivo establecer metas y propósitos para nuestros niños, hitos en los que deben esforzarse. Esto promueve su madurez y responsabilidad. Sin embargo, esos objetivos deben ser realistas, consensuados con nuestros propios hijos y también motivadores para ellos.

Madre enseñando letras a su hija para representar cómo los padres dañan la autoestima de sus hijos
Hacer un uso arbitrario del refuerzo positivo no permitirá que los niños aprendan de sus errores.

5. No recurramos al abuso del refuerzo positivo

Hay padres que, quizá por la falta de tiempo, abusan en exceso del refuerzo positivo. Todo lo que hacen los niños lo califican de extraordinario, repitiéndoles que son geniales, los mejores del mundo y los más inteligentes. Sin embargo, si hay algo que necesitan los pequeños es aprender, que les guíen para hacer mejor las cosas.

Puede darse el caso que nuestro hijo nos enseñe un dibujo del que él es consciente que no es su mejor obra. Si papá y mamá le dicen que es una “maravilla” sabrá que no es cierto. Tampoco se sentirá motivado para mejorar porque para sus padres, cualquier cosa que haga es extraordinaria. Y con ello, perderá oportunidades de aprendizaje.

  • ¿Cómo hacerlo mejor?

Todo refuerzo dado a un niño debe ser sincero, fácil de entender y pedagógico. Si queremos mejorar la autoestima de nuestro hijo, siempre será mejor un “estoy orgulloso por cómo te has esforzado” que un “todo lo haces bien porque eres el niño más guapo del mundo”. Reflexionemos en ello. Tengamos presentes todas las claves ofrecidas.



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