El fuego de la ira nos consume, pero también quema a los demás - La Mente es Maravillosa

El fuego de la ira nos consume, pero también quema a los demás

Laura Reguera Carretero 19, Noviembre 2016 en Emociones 1256 compartidos
mujer gritando

Todos hemos vivido situaciones que nos han cabreado tanto que hemos sentido cómo la ira aumentaba sin poder remediarlo. ¿Quién no ha notado como una simple chispa encendía un fuego que se extendía por todo nuestro ser? Lo peor ha sido que esta furia incontrolable nos ha llevado a decir y hacer cosas de las que nos hemos arrepentido profundamente después.

El caso es que no solo nos sentimos mal por nosotros mismos, sino que también por los que nos rodean. Resulta que muchas veces hacemos daño a nuestros seres queridos. Esto pasa incluso cuando no están relacionados con la causa de nuestro enfado. De hecho, muchas veces reciben nuestra ira por intentar calmarlo.

¿Qué es la ira y qué implicaciones tiene para quien la siente?

Empecemos por el principio, ¿qué es la ira? La ira es una emoción que produce sentimientos desagradables para quien la sufre. Hace que el cuerpo pase de un estado de tranquilidad a otro de gran activación, para responder a través de la defensa o el ataque.

Solemos sentirla sobre todo en situaciones interpersonales, es decir, cuando nos estamos relacionando con otros. Si en una de estas situaciones valoramos que se está bloqueando de forma injustificada e intencionada el que consigamos una meta valiosa, surge la ira.

Puños encima de una mesa

En ese momento sentimos que nuestros intereses se están siendo amenazados y que debemos actuar para defenderlos. El caso es que la ira comienza generalmente con unos niveles relativamente bajos de malestar. Pero, si no gestionamos eficazmente esa irritación inicial, puede ir en aumento hasta estallar de forma explosiva.

Se ha demostrado que presentar una tendencia elevada a responder con ira ante distintas condiciones influye en la salud de forma notable. En primer lugar, genera un conjunto de sensaciones desagradables para quien la siente. Pero no solo eso, sino que también es un indicador de la presencia de trastornos afectivos, como la depresión.

Además, es una variable que se debe tener en cuenta en el tratamiento y rehabilitación de distintos problemas neuropsicológicos, como aquellos asociados al daño cerebral traumático o al alcoholismo, como demuestra un estudio de la Universidad Camilo José Cela. Por otro lado, influye en distintos problemas físicos. Los trastornos carciovasculares, el cáncer, las úlceras, el tabaquismo, etc., son ejemplos de ello.

Cuando actúo invadido por la ira, ¿cómo lo percibe mi entorno?

La ira no solo influye en nuestra propia salud, tanto física como mental. También tiene consecuencias en nuestro entorno social. Pongámonos en el otro punto de vista, ¿cómo nos hemos sentido cuando alguien se ha enfadado y ha proyectado su ira hacia nosotros?

La respuesta puede variar en función de una serie de circunstancias. Si realmente somos nosotros los “culpables” justificados de su ira o si no; las estrategias que haya utilizado la otra persona para hacérnoslo saber; si ha actuado de forma medianamente tranquila o si, por el contrario, ha desarrollado conductas altamente agresivas hacia nosotros. Estos, entre otros factores, van a influir en las interpretaciones que hagamos de la situación y, en consecuencia, en las emociones que aparezcan.

Chico enfadado con su novia

En base a esto, hay que tener en cuenta que cuanto más descontrolada sea la ira y cuando las conductas que provoque sean más agresivas, el otro se va a sentir más atacado. Esto va a hacer que también se enfade y también le cueste controlarlo. El resultado de esta situación podemos imaginarlo todos, ¿verdad? ¿Quién no ha tenido una discusión por una razón que tanto tú como el otro consideraríais tonta y ha terminado en una batalla con heridas serias?

Este tipo de situaciones puede generar un número considerable de emociones negativas en el otro. Empezando por la tristeza, puede pasar al enfado mismo, a la incomprensión o a la indefensión. También puede generar sentimientos de rechazo hacia la persona que ha reaccionado así con nosotros. De hecho, si actuamos de forma iracunda con los demás de forma habitual podemos provocar que se alejen cada vez más y que nos encontremos cada vez más solos.

¿Existe relación entre mi forma de ser y la ira que siento?

La ira, además de una emoción, puede verse como una tendencia estable a reaccionar con enfado hacia distintas situaciones. Pude formar parte de nuestra forma de ser. Esto quiere decir que hay gente cuya forma de ser es más iracunda que la de otras personas. Estos individuos responden con mayores niveles de ira ante un mayor número de condiciones y con una mayor activación del cuerpo.

Se dan similitudes con las personas con baja predisposición a la irritabilidad en relación con el tipo de situación que les generan ira. Sin embargo, las diferencias radican en que reaccionan con una mayor intensidad y con mayor frecuencia con enfado en su vida cotidiana ante condiciones molestas.

Mujer enfada con una taza de café

Se ha encontrado que ciertas características de la personalidad influyen en el proceso de aparición de la ira:

  • Hostilidad. La gente hostil presenta actitudes negativas de y hacia los demás, teniendo una tendencia mayor a experimentar ira y a responder con comportamientos agresivos, con el fin de provocar daños a los otros.
  • Extroversión. Las personas introvertidas informan de que sienten más ira que las extrovertidas.
  • Neuroticismo. Este concepto se refiere a la inestabilidad emocional que puede presentar la gente. Estas personas con un mayor neuroticismo experimentan más frecuentemente sentimientos de ira. También tienen una mayor tendencia a responder de forma agresiva.
  • Autoestima y narcisismo. Los individuos que tienen una autoestima más alta, combinada con una personalidad narcisista, son más proclives a responder de forma irascible. Además, presentan un menor control a la hora de expresar dicha emoción.

Como hemos visto, la ira sostenida tiene muchas implicaciones negativas en nuestra vida. Esto hace que sea importante controlarla cuando salta la primera chispa ya que, una vez que el fuego se ha extendido, va a ser más complicada de sofocar.

Por otro lado, una vez que ha desaparecido y bajamos de nuevo nuestro nivel de activación, puede surgir todo un abanico de emociones negativas. Entonces nos damos cuenta de las consecuencias de las conductas que hemos llevado a cabo, así como del daño que hemos podido infringir a nuestros seres queridos. Piensa que si te enfrentas a la ira cuando es pequeña, si no dejas que se mezcle con el ego o el orgullo, luego no tendrás que curar heridas grandes y profundas.

Laura Reguera Carretero

Psicóloga clínica habilitada para el ejercicio de la psicología sanitaria, de orientación cognitivo-conductual, apasionada de mi profesión, y que trata siempre de aprender y crecer como profesional de la salud y el bienestar tanto emocional como mental

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