Ha llegado el momento de atreverme a dar el paso

16 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez
Uno de los alimentos de la indecisión es el miedo a cometer un error, a elegir una opción que luego no sea la más adecuada. Este miedo a decidir puede ser muy potente en situaciones importantes o en decisiones que no son reversibles.

Es el momento de dar el paso, de atreverse, de arriesgarse con todas las consecuencias. Dicho con otras palabras, ha llegado el día de dar el paso y tomar esa decisión que ya estaba tomada interiormente desde hace tiempo.

Con estas líneas hacemos referencia a aquellas ocasiones en las que hemos querido producir un cambio o tomar un determinado rumbo, pero no hemos sido capaces de llevar ese cambio a término, se ha quedado sólo en intención.

En algunos momentos se produce cierta dificultad para tomar decisiones, no somos capaces de dar el paso aunque sea lo que llevamos tiempo anhelando, permaneciendo en la zona de confort aunque seamos conscientes de que no nos viene bien seguir ahí. Cabe señalar que encontrarnos en la zona de confort no tiene por qué ser negativo, sino que depende de si esa zona nos aporta beneficios o, por el contrario, nos perjudica.

Ocurre que de repente te levantas un día por la mañana y sientes que en ese justo instante es tu momento para dar el paso, que estás preparada para afrontar la situación. Es aquí cuando te sientes lista para realizar el cambio que necesitas. Pero, ¿por qué no me atreví a dar el paso antes?, ¿qué me frenaba?

«Solo da el primer paso y el resto del camino irá apareciendo a medida que camines».

-Martin Luther King-

Mujer caminando por la senda del desapego

¿Por qué no me atreví a dar el paso antes?

Miedo a equivocarnos

El fracaso (equivocarse) implica miedo y la consecuencia más clara ante este miedo es, sin duda, “no atreverse a hacer, no tomar decisiones para eliminar potenciales riesgos”, explica Carmelo Vázquez, catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid.

Por lo que una de las causas de la indecisión es el miedo a cometer un error, a elegir una opción que luego no sea la más adecuada. Este miedo a decidir puede ser muy potente en situaciones importantes de nuestra vida o en decisiones que no son reversibles. Por ejemplo: a la hora de escoger una carrera o elegir una salida profesional, ante la duda de si seguir en pareja o separarse, el hecho de mudarse a otra ciudad…

El miedo puede llevarnos a aplazar la decisión, es decir, como no sé qué hacer o qué camino seguir, aplazo la decisión para más adelante. En cierta manera, esperamos que aparezca una nueva información que nos aporte seguridad o que sea el tiempo el que defina la situación.

«El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta».

-Charles Dickens-

Temor a no tener el control de la situación

Cuando tomamos una decisión, no podemos tener una certeza de que el camino escogido sea el mejor para nosotros. Por ejemplo, si decido cambiar de empleo, no puedo saber con seguridad si luego me voy a sentir cómoda en ese puesto de trabajo. En este sentido, el hecho de dar el paso supone asumir ciertos riesgos por la nueva situación y eso nos puede producir miedo.

La sensación de seguridad, tal y como afirma Abraham Maslow, es una de las necesidades primarias del ser humano, y forma parte de su instinto natural querer conservar lo que tenemos. Ahora bien, ¿qué ocurre si sólo nos movemos en los contextos en los que nos sentimos seguros? Pues es muy probable que el hecho de no arriesgarse pueda limitar nuestras decisiones y como consecuencia, nuestras acciones.

Hombre preocupado

Miedo a perder

Dar el paso podría significar dejar atrás partes de nuestra vida o quizás podría conllevar a realizar cambios que modifiquen dinámicas ya establecidas en nuestra pareja, familia o amigos. De esta manera podría surgir cierto temor a perder a alguna persona importante por el hecho de tomar esa decisión, lo cual puede frenarnos.

Asimismo, se puede producir cierto temor a desprenderse de lo que tenemos, de la rutina establecida durante años o del trabajo que llevamos desempeñando bastante tiempo. Recordemos que a veces es necesario «perder», para luego ganar. 

Pensemos que solo necesitamos un empujón para dar el paso, quizás esperamos que sea algo o alguien que nos dé ese empujón. Recuerda que ese impulso tienes que dártelo tú mismo y que una vez venzas el miedo a dar el primer paso, todo lo demás será más sencillo  y vendrá rodado.