¿Harto de discutir con tu pareja por lo de siempre?

Eva Maria Rodríguez · 6 febrero, 2018

La discusiones de pareja son inevitables, pero no por eso son más soportables. Más cuando los motivos de discusión son siempre los mismos. Una y otra vez. Exasperante, ¿verdad? ¿Estás harto de discutir con tu pareja por lo de siempre? ¿No ha quedado claro ya? Con la de veces que ya habéis pasado por ese punto…

La buena noticia es que podemos alcanzar un acuerdo que frene en seco la cantidad de tiempo que estamos dedicándole a una determinada cuestión, pero esto pasa por identificar la raíz del problema. Por otro lado, muchas veces no se trata de un tema en concreto, sino de discutir en general. En este caso, la estrategia para abordar el problema es distinta ya que suele haber otros motivos, como el poder en la pareja, que alimentan el enfrentamiento.

“Así como la comunicación constituye el elemento más importante en una relación, las discusiones pueden ser el elemento más destructivo”.

-John Gray, en Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus-

Modelo educativo basado en la discordia relacional

Uno de los principales motivos por los que muchas parejas discuten una y otra vez es porque así lo aprendieron de su padres; no a discutir, sino a que no es posible gestionar los conflictos en pareja. De paso, aprendieron también a utilizar estrategias para que precisamente la discusión se mantenga en el tiempo. Una de estas estrategias es la de reciclar argumentos: repetirlos una y otra vez con palabras distintas, dando la sensación de que siempre hay nueva información que aportar.

Y, del mismo que sus padres tiraban de esos argumentos cada vez que estaban disgustados por algo, sus hijos lo hacen lo mismo con sus parejas. En realidad, lo que se busca es proclamar la superioridad de la propia posición, y no comprender la perspectiva de cada uno para llegar a una compromiso aceptado por los dos que sirva para restaurar la armonía.

Niña triste porque sus padres discuten

Es decir, muchas parejas discuten porque han asimilado un modelo basado en la discordia relacional. Este modelo es contrario a la idea de que es posible negociar de manera productiva un conflicto. En su fondo hay un mensaje muy claro: los problemas de pareja son irreconciliables, y la única manera de salir del paso y superar la frustración es intimidar al otro más de lo que el otro te intimida a ti. Así, hasta que ambos acaban tan cansados y angustiados que paran por puro agotamiento, muchas veces tras haber olvidado realmente por qué empezó la discusión.

La solución pasa, en primer lugar, por identificar si en nuestras discusiones de pareja existe este marco. ¿Reciclamos los mismos argumentos, una y otra vez? ¿Se parecen nuestras discusiones a las de nuestros padres? ¿Sabemos por qué realmente discutimos? ¿Derivamos las discusiones siempre a las mismas demandas y protestas? ¿Reaccionamos automáticamente ante determinadas situaciones, como un resorte, y empezamos a discutir sin más?

Ahora piensa en cómo de saludable era la relación de tus padres, si acabó bien, si eran felices como pareja. Si no quieres eso para ti, empieza por cambiar el chip y hacerte a la idea de que otra forma de gestionar los conflictos en pareja es posible. Es posible vivir sin discutir con tu pareja todo el día, haciendo que los enfrentamientos terminen en un acuerdo y no en una tregua que solo sirve hasta que se recuperan las fuerzas, volviendo a lo mismo una vez que los niveles de energía vuelven a estar altos.

Es posible llegar a un acuerdo, pero hay que empezar por actuar como si eso fuera posible, eliminando esa pauta automática de conducta, reprogramando las reacciones ante los desencadenantes, los cuales debes identificar. En este sentido, debes cultivar la actitud de que la mayoría de las diferencias en tu relación de pareja son reconciliables.

“No es lo que decimos lo que lastima, sino como lo decimos”.

-John Gray, en Los hombres son de marte y las mujeres son de venus

Autoprotección cuanto te sientes vulnerable al discutir con tu pareja

Enfadarnos con el otro también es una forma de protegernos, especialmente cuando nos sentimos atacados y vulnerables. Esta reacción se produce en la medida en que nos sentimos amenazados o atacados, lo que nos hace contraatacar e intentar ganar la batalla como una manera de evitar exponernos.

Y es que, con demasiada frecuencia, somos dependientes de la opinión y la valoración de nuestras parejas. Así que cuando el otro cuestiona nuestra competencia, nuestra inteligencia o nuestra virtud sentimos nuestra autoestima seriamente comprometida, es decir, nos sentimos vulnerables. Y es por eso que sentimos la necesidad de defendernos, porque eso inmuniza los sentimientos de vulnerabilidad.

Pareja discutiendo

Por otro lado, cuando intentamos defendernos de esta manera, es habitual que terminemos atacando al otro en los puntos en los que es más vulnerable, culpándole de nuestros problemas y sin medir el daño que podemos causar con aquello que le recriminamos. Y lo que antes era miedo, ahora puede ser sensación de poder y fuerza, gracias a la subida de adrenalina, lo que puede suponer un refuerzo para esta actitud, tan venenosa a largo plazo.

En esas circunstancias, en las que aflora la ira con mucha facilidad, solemos olvidarnos de escuchar la otro. Recordemos que estamos tratando de “defendernos”. La solución pasa por aprender a autovalidarnos, por fortalecer nuestro propio ego sin condicionarlo a nadie, y buscar nuestro propio camino de crecimiento y enriquecimiento personal, aceptándonos de manera incondicional, con nuestras propias debilidades.

Muchas veces discutimos por cuestiones propias que vemos reflejadas en el otro. Pero si somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos y de ser benevolentes, compasivos y comprensivos, de perdonarnos a nosotros mismos, también seremos capaces de tratar al otro de la misma manera. La solución también pasa por buscar una perspectiva diferente con empatía y comprensión. Identificar la posición del otro, aunque sea diferente de la propia, ayudará a moderar la ira y ayudará a que mantengamos el control.

“Me acordé de las mil cosas odiosas por las que habíamos pasado y dejé que la solidaridad recobrara fuerza. Qué derroche sería, me dije, dañar nuestra historia dejando demasiado espacio a los malos sentimientos; los malos sentimientos son inevitables, lo esencial es contenerlos”.

-Elena Ferrante, en La niña perdida-

Hay diferencias que son irreconciliables al discutir con tu pareja

Hay ciertas diferencias al discutir con tu pareja que, por su naturaleza o ideología, simplemente no se pueden resolver. Estas discrepancias irresolubles se pueden adaptar, o incluso consentir, pero eso no las convierte en compatibles.

Pareja discutiendo

El problema es que esa distancia es difícil de acortar y, aunque se haga el esfuerzo, es fácil que surjan problemas. Porque, aunque sepamos que las diferencias están ahí, de manera irracional terminamos sintiéndonos amenazados por esas discordancias. De hecho, discutir con la pareja por motivos ideológicos o de naturaleza personal suele ser una forma de autoafirmación y de rebelarse ante el sentimiento de alienación que le genera el otro.

La solución para superar estas diferencias irreconciliables al discutir con tu pareja, sea cual sea su naturaleza, es identificarlas y, simplemente, excluirlas de la conversación. Es decir, hay que esforzarse por apreciar y respetar esas diferencias inalterables. Es necesario centrarse en los puntos en los que es posible alcanzar acuerdos, sin sentir que las creencias del otro o su forma de ser son una amenaza para las propias creencias y forma de ser.