¿Hay que mantener cerca a nuestros enemigos?

04 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
A veces aquellos a los que consideramos enemigos no son más que el reflejo de nuestros aspectos por sanar. Manterlos cerca puede ser una valiosa oportunidad de autoconocimiento.

Seguramente muchos recordamos la célebre frase que afirma que debemos mantener cerca a nuestros enemigos.” Esta afirmación pasará a la posteridad por la conocida película “El Padrino” guarda un valioso mensaje. Evidentemente hemos de descontextualizarla y acotar el significado de “enemigo” para que pueda cobrar algún sentido en nuestras vidas. 

En nuestro día a día podemos llegar a percibir como enemigos a diversas personas por diferentes motivos. No hablamos de quienes nos dañan deliberada y continuadamente, pues de estas personas es mejor alejarse por mero autocuidado. Nos referimos a aquellos individuos que nos despiertan cierto rechazo o antipatía sin un motivo de peso aparente. 

Tal vez justifiquemos nuestra animadversión hacia ellos afirmando que son ególatras, maleducados, ignorantes, falsos o cualquier otro adjetivo. Pero la realidad es que de todas las personas y experiencias podemos extraer un aprendizaje sobre nosotros mismos.

Los demás son nuestros espejos

Has de tener en cuenta que la persona que a ti te desagrada puede ser el marido o la mejor amiga de alguien. Y esto ocurre porque cada uno ve proyectados aspectos diferentes en una misma persona. Todas nuestras relaciones interpersonales funcionan como espejos, nos muestran aspectos de nuestra propia personalidad. Y el reflejo es más claro y nítido cuánto más intenso sea el sentimiento, ya sea para bien o para mal.

Las personas que amas y con quienes sientes una mayor afinidad probablemente te muestren el lado más amable de ti mismo, tus virtudes. Por el contrario, tus enemigos sacan a la luz tus sombras, tus resistencias, aquellos aspectos que debes trabajar en ti por muy desagradables que te parezcan.

Pero para tomar esta valiosa oportunidad de conocernos y mejorarnos hemos de mantener la mente abierta y ser humildes y sinceros con nosotros mismos. En primer lugar pregúntate: ¿qué es lo que me molesta de esta persona?, anótalo. 

¿Qué hay en mí?

A continuación plantéate la cuestión: ¿qué parte de eso hay en mí?, ¿cómo se relaciona eso conmigo?. Puede que una persona te resulte especialmente desagradable porque es fanfarrona, descarada o egocéntrica. Pensarás entonces: “nada tiene que ver conmigo, yo soy una persona amable, educada y respetuosa”.

Pues bien, puede que precisamente el reflejo de esa persona te desagrade tanto porque refleja un lado de tu personalidad que no permites salir. Tal vez eres excesivamente rígido, contenido y formal. Tal vez no cuentas con la suficiente confianza en ti mismo como para actuar de un modo más libre y desinhibido. Y el rechazo que esa persona te genera es la señal para que analices ese aspecto.

Por otro lado es posible que sientas animadversión hacia ese compañero de trabajo que siempre liderar y llevar la voz cantante. Aquel que se muestra dominante y no tiene en cuanto las opiniones y necesidades de los demás. Entonces, plantéate en qué situaciones de tu vida estás actuando igual. Puede que en el ámbito laboral seas muy diferente a este individuo, pero tal vez en tu relación de pareja o con tus amistades eres igualmente autoritario y poco empático.

Mantener cerca a nuestros enemigos para evolucionar

Quizá que en un primer momento todo esto te suene descabellado, pero si adoptas el hábito de analizar estás situaciones con detenimiento, comenzarás a obtener valiosa información que cobrará mucho sentido. Por ello necesitamos mantener cerca a nuestros enemigos, porque pueden servirnos de inspiración y de aprendizaje.

No es necesario que te vuelvas fanfarrón, pero quizá si necesites trabajar tu autoconfianza. Igualmente, tal vez debas revisar el modo en que tratas a las personas de tu entorno por si tu conducta se parece a la de ese enemigo que tanto rechazas.

Cuando te encuentres ante alguien que te mueva internamente, aunque sea de manera negativa, no huyas. Tampoco reacciones descontroladamente con odio y resentimiento. En su lugar párate un momento y analiza qué te está enseñando dicha situación. Cuando comiences a trabajar esos aspectos en ti mismo, cuando comiences a arrojar luz sobre tu oscuridad, el rechazo hacia el otro disminuirá significativamente.

Pues, finalmente no vemos la realidad como es, sino como somos. No vemos en los demás lo que son, sino lo que nosotros proyectamos en ellos. Tomemos la oportunidad de crecer a través de nuestros enemigos.

Imagen por cortesía de Jhon Finn

  • Noguchi, Y. (2010). La ley del espejo. Comanegra.
  • Yépez Rivadeneira, P. E. (2019). Rigidez cognitiva y malestar psicológico según el nivel de educación en adultos que reciben atención psicológica (Bachelor's thesis, Quito: Universidad de las Américas, 2019).