Hay tres tipos de egoísmo y dos de ellos son saludables

Edith Sánchez·
08 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
08 Noviembre, 2020
El egoísmo es consustancial al ser humano y no se le puede catalogar como intrínsecamente malo o poco deseable, ya que por sí mismo tiene un sentido biológico y social. Además, en muchos casos también puede inspirar acuerdos que repercutan en favor de la comunidad o del otro.

Hay tres tipos de egoísmo y cada uno de ellos expresa unos valores diferentes. Los seres humanos somos básicamente egoístas y esto no está mal porque en principio este es un mecanismo fundamental de autoafirmación y autopreservación absolutamente necesario para sobrevivir. De hecho, hay formas de egoísmo muy positivas.

El ser humano viene al mundo equipado para pensar en sí mismo antes que en cualquier otra persona. Es así porque esa conducta forma parte de un mecanismo de supervivencia. La sociabilidad también y por eso hay tipos de egoísmo y de cooperación que logran combinar ambos aspectos de manera armónica.

El ser humano necesita encontrar alguna forma de ganancia en todo aquello que hace, incluyendo los actos más generosos. Esto no es bueno o malo en sí mismo, sino simplemente natural. Pretender eliminar esa tendencia, así como llevarla al extremo son conductas inconvenientes. Enseguida veremos los diferentes tipos de egoísmo para entender mejor por qué decimos esto.

El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”.

-Jacinto Benavente-

Mujer preocupada

1. Egoísmo egocéntrico

El egoísmo egocéntrico es aquel que lleva a desarrollar conductas fundamentalmente orientadas a satisfacer las necesidades y los deseos personales. En esta modalidad solo predomina el bienestar individual, al tiempo que existe muy poco interés en las expectativas, deseos o necesidades de los otros.

Los demás solo consiguen alguna atención si, de un modo u otro, esta genera algún beneficio personal. No significa que una persona sea “desalmada”, pero sí es muy difícil esperar comprensión o solidaridad de alguien así. No es “maldad” lo que lo habita, sino carencias, miedos y frustraciones de las que muchas veces no son conscientes.

La nota predominante en quienes tienen este tipo de egoísmo es la victimización y la reactividad. Tenderán a culpar a todos los demás de lo que les sucede y reaccionarán de forma destructiva a las observaciones o las demandas de otros. Otro de sus rasgos distintivos es que siempre tachan de egoístas a los demás.

2. Egoísmo consciente

El consciente es uno de los tipos de egoísmo saludable y nace de la convicción de que cada uno es responsable de lo que le sucede y, por lo mismo, tiene la oportunidad de ser protagonista de su propia realidad. En esta medida, ni espera que otros se ocupen de lo que solo le compete a sí mismo ni tampoco se ocupa de lo que los demás están capacitados para hacer.

En este caso, una persona no se siente incómoda si antepone las necesidades propias a las ajenas. Está dispuesta a solidarizarse con los demás, siempre y cuando esto no perjudique sus propios intereses. Así mismo, la ayuda que brindan es puntual y bien delimitada.

Este tipo de egoísmo es propio de quienes tienen una autoestima fuerte y se conocen bien a sí mismos. Podrían resultar algo fríos a ojos de los demás, pero su actitud es saludable, en tanto que promueve la autonomía y la independencia en los vínculos con los otros.

Hombre en el campo que sufre s síntomas de estrés postraumático

3. Altruista, otro de los tipos de egoísmo saludable

El altruista es otro de los tipos de egoísmo saludable. Parece algo contradictorio hablar de egoísmo y de altruismo en la misma frase, pero no es así. Es una forma más evolucionada del egoísmo consciente y corresponde a quienes han conseguido un sano equilibrio entre el respeto por lo propio y la consideración por lo ajeno.

En esta forma de egoísmo hay una gran satisfacción en dar a otros. Esta no es la satisfacción que nace de complacer a una conciencia muy exigente, sino una actitud natural y espontánea que fluye por sí sola y genera alegría en quien la practica. Esta actitud es, por así decirlo, “universal”, es decir, a cualquier otro ser humano.

Este tipo de personas han comprendido que, si se hacen bien a sí mismos, encuentran un mayor bienestar. Sin embargo, al hacerle bien a otros también, ese bienestar se multiplica y adquiere el plus de que no solo implica crecer individualmente, sino crecer con otros. Lo más característico de este egoísmo es la naturalidad con la que se despliega.

A veces hay manifestaciones de los tres tipos de egoísmo en una persona. Que se predomine uno de ellos no significa que en ciertas circunstancias no estén presentes los otros dos. Lo que sí es cierto es que quienes alcanzan la faceta altruista suelen tener mayor estabilidad y paz interior.

Múgica, F. (2005). Émile Durkheim: la constitución moral de la sociedad (II). Egoísmo y anomia: el medio moral de una sociedad triste.