He aprendido que estar con aquello que me gusta es suficiente

Raquel Aldana · 14 abril, 2016

“He aprendido que estar con aquello que me gusta es suficiente”, escribió con gran sensatez Walt Whitman. Acudimos a ello para hablar de la importancia de lo que coloquialmente llamamos “estar a gusto”.

Pensemos en lo bien que nos sentimos cuando estamos en una celebración rodeados de gente que nos quiere, pensemos en la diferencia que hay entre estar a gusto en el trabajo y llevarnos bien con nuestros compañeros, a no estarlo.

Podemos acudir a un montón de situaciones para hablar de la importancia de valorar lo que tenemos, de ser conscientes de que lo que nos hace felices es la colección de motivos por los que nos interesa permanecer en un lugar junto a ciertas personas.

mujer-oliendo-flor

La decepción, una cuestión de expectativas

Es normal (y habitual) que nos sintamos decepcionados de vez en cuando. De hecho, lo difícil sería no estarlo, pues al fin y al cabo no podemos pretender que nuestras expectativas cuadren con la realidad ni con el mundo que nos rodea.

Por ponerle ciertos calificativos, sería injusto y narcisista pretender que todo fuese como nosotros queremos. Sin embargo, tampoco hay que renunciar a que lo sea y ahí es donde nuestra actitud nos brinda la clave.

Pongamos que estamos preparando una celebración para alguien especial y que ponemos en el proceso toda la ilusión del mundo. Sin embargo, cuando llega la persona en cuestión protesta una y otra vez porque lo que se ha preparado “no encaja en sus esquemas”.

Mujer con los ojos tapados por hojas de un árbol

La actitud de esta persona está siendo injusta y poco emocionalmente inteligente, pues no está valorando que lo verdaderamente importante es que a su lado está la gente que le quiere y eso es algo que suele resultarnos gratificante a todos.

Con esto queremos decir que cuando ponemos el protestador automático y andamos quejándonos de cada detalle que no cumple con nuestras expectativas estamos:

  • Queriendo crear un mundo irreal, que no ideal.
  • Maltratando la esencia de los acontecimientos.
  • No haciendo caso de lo realmente importante.

Muchas veces las propias circunstancias nos devuelven a la realidad, haciéndonos ver que si realmente no estamos a gusto es porque nos negamos a aceptar algo que en sí mismo puede resultar maravilloso.

mariposas alrededor de perilla de luz

La aceptación de nuestras emociones y de nuestra realidad

El mundo de color de rosa NO existe. Es importante que aceptemos que sentir tristeza, miedo o enfado no es malo, sino que nos ayuda a aprender y a sentir. De hecho, muchas veces las personas nos sorprendemos estando tristes y a gusto.

¿Cómo es posible sentirnos a gusto cuando está presente una emoción displacentera? Simplemente se trata de sintonizar con lo que nos hace falta en ese momento. Para esto primero tenemos que renunciar a hacer caso al marketing que pretende vendernos el mundo como un ideal de color de rosa.

No somos máquinas ni siempre todo resulta positivo en la vida. Darnos cuenta de esto nos permite mantener una actitud adecuada ante el aluvión de problemas que a veces ensombrecen nuestra calma. El bienestar no solo se consigue a través de la alegría, sino que se logra a través de la aceptación de nuestras vivencias, de la búsqueda de aquello que nos resulta bueno y del encuentro de nuestro sitio.

En definitiva, como ya hemos dicho, para estar a gusto nos hace falta actitud de aceptación y de convivencia. Porque al fin y al cabo, quien tiene una vida hermosa es porque admira su belleza, al margen de que lo que sucede sea negativo a veces.

Mano tocando el agua

Para finalizar os dejamos con un fragmento de un poema de Borges que ya hemos destacado en otras ocasiones, “Con el tiempo aprendí“:

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz  con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia  vivida con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo aprendí a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.

Con el tiempo comprendí que apresurar las cosas o  forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo  mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añoraras terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.

 Con el tiempo aprendí que intentar perdonar o  pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo…. ante una tumba…, ya no tiene ningún  sentido…

Pero desafortunadamente…esto solo lo entendemos con el tiempo.