¿He desperdiciado mi vida?

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Bernardo Peña Herrera
3 abril, 2019
Si llegado cierto punto de tu vida te hallas a ti mismo preguntándote: "¿He desperdiciado mi vida?", entonces quizá sea el momento de seguir algunos consejos, como los que aquí te ofrecemos, para poder continuar tu camino.

Tal ves hayan pasado los años sin que te hayas dado cuenta. Las obligaciones laborales, la rutina diaria o un gran número de preocupaciones te han mantenido al margen de la reflexión sobre cómo estás o cómo te encuentras. Pero, quizás, un día cualquiera, cansado de vivir en esa especie de automatismo, hayas comenzado a indagar en ti mismo y preguntas como «¿he conseguido lo que quería o he desperdiciado mi vida?»,  «¿estoy en el lugar que deseo estar?» aparezcan en tu mente de manera constante.

Si alguna vez te has encontrado haciéndote estos planteamientos o si estás en ese punto vital en este mismo instante, no te preocupes. Es más normal de lo que imaginas. Casi todos en algún momento de nuestras vidas atravesamos este tipo de trances.

Ahora bien, aunque en un primer momento cuestionarse pueda asustar porque no sabemos hasta dónde vamos a llegar, también puede ser el momento para que comience a surgir un estado interno de introspección positiva que derive en un enriquecimiento personal. Por lo tanto, de este período de crisis puede brotar un nuevo impulso capaz de redireccionar tu vida hacia un estado más positivo y consciente. Profundicemos.

“Yo no soy el contenido de mi vida. Yo soy vida. Yo soy conciencia. Yo soy el Ahora. Yo soy”.

-Eckhart Tolle-

Mujer preocupada pensando en sus problemas

La gran pregunta: ¿He desperdiciado mi vida?

Cuando una persona se hace esta pregunta, la sensación que puede experimentar se describe, en ocasiones, como una especie de abismo abriéndose en su interior. De hecho, no es infrecuente que esto le lleve a observar su vida, en retrospectiva, con el objetivo de realizar un balance entre los logros conseguidos y los acontecimientos negativos o fracasos.

El resultado puede derivar en multitud de sentimientos que desean salir. Quizás porque durante un tiempo han permanecido dormidos o incluso reprimidos. Lo importante es identificarlos, reflexionar sobre su origen y expresarlos. De alguna forma, esto da pistas sobre cómo uno se encuentra y ayuda a liberar cargas que impedían continuar.

Como vemos, hacerse esta pregunta tiene como consecuencia realizar un extenso recorrido mental y emocional por cada una de las áreas vitales a las que se le concede importancia, valorándolas una tras otra. Así, entre estas importantes áreas destacan:

El trabajo

«¿Me gusta mi trabajo?», «¿qué perspectivas me ofrece?», «¿estaré aquí para siempre?», «¿he desperdiciado mi vida en él?».

Son preguntas que no suelen tener una fácil respuesta. Trabajar es indispensable para vivir y, por lo tanto, es una realidad de la que difícilmente se puede escapar. Por eso, aunque no se puedan controlar todas las circunstancias laborales, la actitud con la que se enfrenta el trabajo depende de cada persona.

No obstante, muchos psicólogos aconsejan que dado que, en general, no es recomendable que la felicidad dependa de un empleo, quizá sea buena idea optar por uno más liviano emocionalmente, si la persona no se encuentra bien o de alguna forma percibe mayor malestar o consecuencias negativas.

«El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia hace ganar los campeonatos.»

-Michael Jordan-

Es importante tomar conciencia de que no se tiene que obligar a nadie a estar donde no quiere. Por esa razón, todos podemos replantearnos nuestra situación laboral y emprender la búsqueda de nuevas oportunidades, si así lo consideramos.

Cuando el trabajo que se desempeña trae más sinsabores que satisfacciones, puede llegar el momento de buscar posibilidades de avance y evitar así un estancamiento en el malestar. No obstante, es cierto que hay veces en las que esto no es posible.

La vida está compuesta de momentos y, por ello, una manera de aprovecharla es aprendiendo a sacar el partido suficiente a cada uno los instantes que la componen. Así, si por ejemplo no siempre puedes estar en casa por tu trabajo, para que ese hecho no te reste capacidad de disfrute de la vida, puedes optar por procurar que los momentos en los que sí estés en el hogar sean inolvidables.

La familia

«¿He desperdiciado mi vida familiar?». Esta puede ser otra de las grandes preguntas que crucen nuestra mente. El lado positivo de enfrentarse a ella es que, replanteando la pregunta, puede obtenerse una respuesta diferente.

Es decir: transformando esa interrogación en un enunciado desprovisto de emocionalidad negativa, que impulse hacia la acción, se puede adquirir una visión más halagüeña de la vida familiar que la que se ha estado llevando hasta ahora: «Puede que haya desperdiciado mi vida familiar. Entonces, ahora es el momento de hacer algo para que deje de ser así».

En la mayoría de los casos, la familia no se elige; pese a ello, resulta beneficioso, a nivel emocional, experimentar agradecimiento por la familia que se tiene, incluso por el mero hecho de tenerla -ya que no todo el mundo goza de esa suerte-.

Tal vez, en tu caso, haya pasado el tiempo y te hayas distanciado de los miembros de tu familia, o que actualmente no tengas la relación que te gustaría realmente tener. En todo caso, ¿qué te impide tener ahora la relación familiar que has anhelado tener desde hace tanto?

El pasado, si uno lo quiere ver así, puede no ser más que una ensoñación en la memoria. Y por ser nada más que eso, no tiene por qué obstaculizar el hecho de actuar en el momento presente y recuperar los vínculos con la familia. Por ello, si necesitamos perdonar, tenemos permiso para hacerlo y si necesitamos que nos perdonen, tenemos el derecho a hacernos perdonar.

En resumen, puede ser positivo pensar que la familia representa nuestras raíces, nuestro origen; ese grupo de personas con las que tenemos tanto en común. De esta manera, es muy probable que sintamos el deseo de no descuidarla.

Mujer pensando en el balcón

Hijos

Existen personas que no conceden importancia al hecho de tener hijos, ya que tienen otras prioridades. Sin embargo, para otras, parece ser casi una misión trascendental en la vida.

Sea como sea, es recomendable reflexionar desde un estado de calma y tomando cierta distancia de aquello que nos sucede. La claridad de pensamiento suele conducir a una actuación acertada.

“Prudente padre es el que conoce a su hijo”. 

-William Shakespeare-

En el caso de que exista una gran preocupación por la educación que están recibiendo los hijos o por el futuro de los mismos, la pregunta es ¿hay algo que nos obligue a mantener ese estado constante de preocupación? Existe la posibilidad de intentar estrategias nuevas para aliviar esa preocupación y encauzar las cosas de otro modo.

En ocasiones, para no obtener los mismos resultados de siempre, la manera de actuar más recomendable es hacer las cosas de forma diferente. Siguiendo el mismo camino, se llega al mismo destino.

Amigos

Pasan los años y, lo más normal, es que haya amigos que dejen de formar parte de nuestra vida, mientras que otros puedan ir entrando. Algo que ocurre de manera más pronunciada si se cambia de ciudad o de país.

Como resultado, puede que tengamos la sensación de que cada vez nos queden menos amigos. Cuando esto ocurre, generalmente, se opta por uno de los dos siguientes caminos: decidir cerrarse y mantener la esfera social que se tenga, a pesar de pensar que está deteriorada o bien, abrirse a nuevas amistades, sin olvidarse de las antiguas. La elección de un camino u otro depende de cada persona.

Un error que se da de manera relativamente común es idealizar a las antiguas amistades, lo que puede llevar a creer que estas podrán no ser tan buenas como las de antaño, esas que se formaron en el colegio o en la universidad. Pero resulta complicado estar realmente seguro de ello. Además, establecer vínculos con nuevas personas suele beneficiar considerablemente a la salud emocional. 

Logros

La pregunta que comúnmente antecede a la de «¿he desperdiciado mi vida?» es, en muchas ocasiones, «¿qué he logrado en la vida?». Con el objetivo de valorar el grado de satisfacción en relación a los propios logros vitales, suele ser típico establecer ciertos criterios de medición que, normalmente, suelen surgir de la comparación.

Y de ese tipo de comparación pueden emerger cuestiones como: «¿no he conseguido todo lo que quería en la vida?». Quizá lo más pernicioso de esa pregunta es la sensación de que se ha llegado al punto de máximo logro. La cuestión es que casi siempre hay tiempo por delante, por lo que existe muchas posibilidades para embarcarse hacia nuevos éxitos.

Es opinión compartida por muchos que nunca es demasiado tarde para reinventarse y lograr lo que uno se propone. Puede que esta aseveración no esté del todo desencaminada. No obstante, tanto los objetivos que podamos plantearnos como los logros que podamos alcanzar van a depender, casi con total seguridad, de uno mismo.

Reinventarse para vivir

¿Cuáles son los recursos de los que se dispone? ¿Qué limitaciones existen en el día a día? Estas cuestiones conducen al conocimiento de los factores que pueden estar impidiendo llegar a donde se desea, así como a la toma de conciencia de las habilidades con las que se cuenta para cumplir esos objetivos.

Y esos conocimientos son, en general, importantes para ‘soltar lastre’, para alejarse de aquello que más que ayudarnos en la consecución de nuestros fines, nos dificulta aproximarnos a ellos. Así, aprender de aquellos que poseen cualidades admirables es una buena idea para apoyarse en ese proceso de conocimiento y mejora.

«El futuro recompensa a los que siguen adelante. No tengo tiempo para sentir pena por mí mismo. No tengo tiempo para quejarme. Voy a seguir adelante». 

-Barack Obama-

Mujer feliz tras superar su muros

Los años pasados, aunque sean muchos o pocos, son todos y cada uno de ellos experiencias y recuerdos que se acumulan y que construyen nuestra propia torre de sabiduría. Ahí donde se puede encontrar la materia adecuada para construir una mejor versión de uno mismo.

Si tanto nos asalta la cuestión de haber desperdiciado o no los años de nuestra vida, quizá, y solo quizá, se reduzca todo a una cuestión de tiempo. Es posible que revisando nuestros objetivos y detectando aquello que ha quedado a medio terminar, podamos reiniciar el camino hacia los fines que un día nos planteamos.

Aquello que le resta valor y calidad a nuestros días, no merece nuestra cercanía. En cambio, aquello que nos aporta, puede merecer de sobra nuestra proximidad. Por lo tanto, hay que actuar y seguir aprendiendo y en situaciones de profundo cuestionamiento vital en las que entran en juego nuestras decisiones, se puedes optar por asumir tres actitudes diferentes:

  • Tomar la decisión.
  • No tomarla.
  • Decidir no decidir -aunque en el fondo, es una decisión, por lo tanto es una trampa mental-.

Cual de las tres decisiones es para la más valiente y cual la más cobarde, solo nosotros podemos saberlo. Como decía el maestro de judo Jigoro Kano: «Lo importante no es ser mejor que otros, sino ser mejor que ayer».

  • Carretero, Mario, Álvaro Marchesi, and Jesús Palacios, eds. Psicología evolutiva: Adolescencia, madurez y senectud. Alianza Editorial, 1998.
  • Ríos, José Antonio. “Los ciclos vitales de la familia y la pareja.” Crisis u oportunidades (2005): 101-108.
  • Vera Poseck, Beatriz. “Psicología positiva: una nueva forma de entender la psicología.” Papeles del psicólogo 27.1 (2006).